Hace 27 años, la NASA aterrizó su primer vehículo robotizado en la superficie de Marte. Este artefacto se denominó Sojourner y perteneció a la misión Mars Pathfinder. Puntualmente, eligieron el 4 de julio de 1997, Día de la Independencia de Estados Unidos, para que del gran hito.
La misión había sido lanzada el 4 de diciembre de 1996 a bordo de un cohete Delta, un mes después del lanzamiento del Mars Global Surveyor y luego de 7 meses de viaje llegó a Ares Vallis en una región llamada Chryse Planitia (Planicies de Oro).
Pero una vez que cumplió su ciclo y la misión finalizó, quedó reposando. Estaba equipada con un conjunto de instrumentos científicos para analizar la atmósfera marciana, el clima, geología y la composición de las rocas y el suelo. El aterrizador envió más de 16.500 imágenes y realizó 8,5 millones de mediciones de la presión atmosférica, temperatura y velocidad del viento.
Sojourner de la misión Mars Pathfinder - NASA.jpg
Para qué usó la NASA este extraño vehículo
Desde la agencia especial comentaron que el Sojourner se usó un escudo de protección térmica y un gran paracaídas de freno, así como un radar de altímetro para que el aterrizador pudiera determinar su altitud; en el último tramo, retro cohetes para detener al aterrizador durante su descenso; y por último, 24 bolsas de aire se abrieron 8 segundos antes del impacto para amortiguar la caída una vez que el aterrizador se desprendiera de su paracaídas.
La velocidad de impacto fue de 10,6 metros por segundo. Todo este proceso se completó en un tiempo de 4 minutos. Una vez que el aterrizador se ubicó sobre la superficie, las bolsas de aire se desinflaron y fueron retraídas con el aterrizador sobre su base, para que finalmente se abrieran los pétalos con los paneles solares.
El aterrizador llegó a su destino de noche, por lo que tuvo que esperar hasta que saliera el Sol para poder enviar las primeras señales a la Tierra. La última señal del rover se recibió en la mañana del 7 de octubre de 1997. Desde ese momento quedó allí en Marte, abandonado, después de un enorme trabajo, sin ningún premio.
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