Cada vez que la tierra se mueve en la capital del país, la sensación no es igual para todos sus habitantes. Los sismos en la CDMX golpean con distinta intensidad según el barrio, y la razón no tiene que ver con la suerte, sino con algo mucho más concreto: el tipo de suelo sobre el que está construida cada vivienda.
De acuerdo con el Atlas de Riesgos de la Ciudad de México, existen colonias asentadas sobre roca volcánica o terrenos firmes donde los movimientos suelen sentirse con mucha menos fuerza que en las zonas edificadas sobre suelo blando. Esto no significa que esas áreas estén exentas de peligro ante un terremoto, pero sí que las características geológicas del terreno pueden reducir considerablemente la intensidad percibida.
Entender esta diferencia se volvió relevante para miles de familias que buscan vivienda en la capital, sobre todo en septiembre, mes que históricamente concentra los sismos más recordados por los capitalinos: los de 1985 y 2017.
El suelo firme, propio de zonas como Cuajimalpa y Álvaro Obregón, amplifica menos las ondas sísmicas.
Sismos CDMX: cuáles son las colonias más seguras
El subsuelo de la Ciudad de México no es uniforme. Se divide en tres tipos principales: blando, de transición y firme. En el primero, las ondas sísmicas tienden a amplificarse y provocan que los edificios se muevan con mayor intensidad; corresponde, sobre todo, a las zonas que antiguamente ocupaban los lagos de Texcoco y Xochimilco.
de los movimientos. Entre ambos extremos aparece el suelo de transición, formado por capas de arena y arcilla, que se comporta de manera intermedia. Esta clasificación explica por qué dos edificios ubicados en distintos puntos de la ciudad pueden vivir un mismo sismo de forma completamente diferente, según las características del terreno que tengan debajo.
Las zonas con menor vulnerabilidad se concentran, principalmente, en los lomeríos y las partes altas de la capital. Entre las alcaldías identificadas con menor riesgo destacan Magdalena Contreras, Álvaro Obregón y Cuajimalpa, además de algunas zonas de Milpa Alta, Tlalpan, Miguel Hidalgo, Coyoacán y Xochimilco.
Las colonias asentadas sobre el antiguo lago, como la Roma y la Condesa, sienten los sismos con mayor intensidad.
Dentro de esas alcaldías aparecen colonias puntuales como Ciudad Universitaria y Pedregal de San Francisco, en Coyoacán; Polanco y Lomas de Chapultepec, en Miguel Hidalgo; y San Mateo Xalpa junto con el pueblo de Santiago Tepalcatlalpan, en Xochimilco.
En el extremo opuesto se ubican las zonas que alguna vez fueron lago, donde el movimiento suele ser más prolongado e intenso. Ahí se agrupan alcaldías como Cuauhtémoc, Venustiano Carranza, Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Iztacalco y Tláhuac, con colonias como la Condesa, el Centro, la Roma, Nativitas y Paseos de Churubusco. También el área que rodea al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México queda dentro de esta categoría, por asentarse sobre terrenos del antiguo lago de Texcoco.
Vivir sobre suelo firme, sin embargo, no elimina el riesgo por completo. El comportamiento real de un inmueble frente a un sismo también depende de su antigüedad, los materiales de construcción, el diseño estructural y el cumplimiento de las normas vigentes. Ninguna colonia de la capital puede considerarse totalmente libre de peligro.
Vivir en suelo firme no garantiza seguridad total; la antigüedad y los materiales del inmueble también influyen.
La historia reciente confirma esta idea. El sismo de 1985, de magnitud 8.1, dejó sus mayores afectaciones en alcaldías como Álvaro Obregón, Cuauhtémoc, Azcapotzalco, Miguel Hidalgo, Gustavo A. Madero, Coyoacán, Iztacalco y Benito Juárez. El del 19 de septiembre de 2017, de magnitud 7.1, golpeó de forma similar a prácticamente todas las alcaldías centrales y del sur poniente, incluyendo Tlalpan, Xochimilco y Venustiano Carranza, entre otras.
Para quienes evalúan comprar o rentar en la ciudad, revisar el tipo de suelo de una zona no sustituye una inspección estructural profesional, pero sí ofrece un primer criterio útil para entender qué tan expuesta puede estar una propiedad ante el próximo movimiento telúrico.