El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) mantiene en operación una de sus políticas clínicas de emergencia más exitosas: la estrategia "Código Infarto". Implementado a nivel nacional desde 2016, este protocolo ha marcado un punto de inflexión en la supervivencia de los pacientes que sufren un infarto agudo al miocardio. Los resultados son estadísticamente tangibles en unidades de alta complejidad como el Hospital de Cardiología No. 34 en Monterrey, Nuevo León, donde la tasa de mortalidad por esta causa se desplomó de un histórico 25 por ciento a un actual 8 por ciento.
IMSS continúa estrategia que ya salvó la vida de millones de hombres y mujeres en la última década: de qué se trata
El protocolo médico "Código Infarto" ha logrado reducir drásticamente la mortalidad por ataques cardíacos al agilizar el diagnóstico y la intervención directa entre los distintos niveles hospitalarios.
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El doctor Arturo Muñiz García, director de esta Unidad Médica de Alta Especialidad (UMAE), detalló que el acierto de este esquema radica en la coordinación inmediata entre los tres niveles de atención del sistema de salud público. Tan solo en este complejo hospitalario regiomontano, el servicio de Hemodinamia atiende a más de 1,200 pacientes anualmente, manteniendo sus quirófanos operativos las 24 horas del día durante todo el año para destapar las arterias coronarias obstruidas lo antes posible.
IMSS: la carrera contra el reloj y el parámetro "puerta-balón"
En cardiología, el tiempo es el factor decisivo entre la vida y la muerte. De acuerdo con los especialistas del Seguro Social, el "Código Infarto" establece rutas críticas de acción basadas estrictamente en la infraestructura disponible y el reloj:
Angioplastia primaria (120 minutos): El escenario clínico ideal exige que el paciente ingrese antes de dos horas a un hospital equipado con Sala de Hemodinamia para destapar la arteria de forma mecánica.
Tratamiento trombolítico: Si las distancias o la logística impiden cumplir esta ventana de tiempo, el personal administra un medicamento intravenoso diseñado para desbaratar el coágulo, ganando tiempo vital para realizar el cateterismo posteriormente.
La eficiencia de estos procesos se mide internacionalmente bajo el parámetro "tiempo puerta-balón" (los minutos que transcurren desde que el afectado llega a urgencias hasta que se destapa la arteria). Actualmente, el 90 por ciento de los casos que ingresan al IMSS bajo esta alerta se resuelven en 30 minutos o menos. En la UMAE No. 34, gracias a la capacitación integral que abarca desde médicos hasta camilleros y personal de vigilancia, este margen se ha reducido a tan solo 15 minutos.
IMSS: de la burocracia hospitalaria a la acción directa
El doctor Ramón Ángel De la Cruz Obregón, jefe del servicio de Hemodinamia, explicó que el verdadero mérito de esta política pública fue erradicar la antigua burocracia de los traslados. Antes de 2016, un paciente debía transitar obligatoriamente por el primer y segundo nivel de atención, donde se le administraba tratamiento básico, y solo era enviado al tercer nivel si presentaba extrema gravedad.
Hoy en día, la primera clínica que recibe al afectado emite una alerta digital e instantánea. Se envía el cuadro clínico y el electrocardiograma a un panel de cardiólogos intervencionistas para su evaluación en tiempo real. Al confirmarse el infarto, el paciente pasa directamente desde una clínica de barrio hasta una unidad de tercer nivel, encontrando una Sala de Hemodinamia ya preparada y reservada exclusivamente para su llegada.
IMSS: señales de alerta y cultura de prevención
Más allá de la logística intrahospitalaria, las autoridades del Seguro Social insisten en que el primer eslabón para salvar la vida es el propio paciente. Es fundamental acudir a la unidad médica más cercana ante la aparición repentina de los siguientes síntomas:
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Dolor intenso y opresivo en la cara anterior del tórax (precordial).
Molestia que se irradia hacia el brazo izquierdo, la mandíbula o el cuello.
Sudoración fría, percepción de falta de aire y cuadros súbitos de ansiedad.
Para evitar llegar a este punto crítico, la prevención sigue siendo la mejor estrategia sanitaria. El control riguroso de enfermedades crónico-degenerativas como la diabetes y la hipertensión, sumado a una alimentación balanceada, activación física regular, higiene del sueño y la abstinencia total de tabaco y alcohol, reducen significativamente el riesgo de sufrir una obstrucción coronaria.
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