4 de enero 2026 - 09:00

Los atunes que no son atunes: estas son las peores marcas del mercado 2026, según la Profeco

Profeco revela cuáles son los atunes que no son atún: marcas con soya, etiquetas engañosas y fallas graves en el mercado mexicano en 2026.

Los atunes que no son atunes: estas son las peores marcas del mercado 2026, según la Profeco

Los atunes que no son atunes: estas son las peores marcas del mercado 2026, según la Profeco

El consumo de atún enlatado es una constante en millones de hogares mexicanos, pero no todo lo que se vende como “atún” cumple realmente con lo que promete. La Profeco encendió las alertas tras publicar un nuevo Estudio de Calidad que revela prácticas engañosas, fallas en el etiquetado y composiciones que se alejan del producto que el consumidor cree estar comprando.

Después de cinco años sin una revisión profunda, la Procuraduría Federal del Consumidor volvió a analizar el mercado del atún en lata, uno de los alimentos más accesibles como fuente de proteína. El objetivo fue comprobar si las marcas corrigieron los problemas detectados en el pasado o si continúan incurriendo en irregularidades que afectan la calidad y la información al consumidor.

Los resultados muestran que, aunque algunas marcas mejoraron sus procesos, otras siguen ofreciendo productos que incluyen grandes cantidades de soya, datos imprecisos en la etiqueta o incluso información que puede confundir al comprador. En la práctica, esto significa que hay latas que contienen mucho menos atún del que aparentan.

Profeco: cuáles son las peores marcas de atunes del mercado mexicano

El análisis de la Profeco incluyó 52 marcas de atún enlatado, evaluadas bajo los criterios de la Norma Oficial Mexicana NOM-235-SE-2020, creada justamente para evitar engaños como declarar atún cuando el producto contiene soya en proporciones elevadas o no informadas.

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El análisis de la Profeco incluyó 52 marcas de atún enlatado

El análisis de la Profeco incluyó 52 marcas de atún enlatado

Uno de los casos más señalados fue el atún en lata marca Bodega Aurrerá, en su presentación de agua con aceite. Según el estudio, el producto no cumple con la veracidad en la declaración del porcentaje de soya en la masa drenada. Aunque la etiqueta indica que contiene solo 14%, el análisis de laboratorio arrojó valores de entre 21% y 22%, una diferencia considerable.

Además, esta marca presentó observaciones en el rubro de información al consumidor, ya que incluye tanto fecha de caducidad como fecha de consumo preferente, lo que puede generar confusión. El precio aproximado de esta lata es de 31 pesos, lo que demuestra que un costo bajo no siempre justifica la pérdida de calidad ni la falta de claridad.

Otra marca reprobada fue Fresh Label, una de las más económicas del mercado, con un precio cercano a los 11 pesos. En este caso, la Profeco detectó que la masa drenada real no coincide con lo que indica la etiqueta. Aunque el envase promete 100 gramos, el contenido real osciló entre 92.3 y 95.9 gramos.

Fresh Label también incurre en una irregularidad relevante: presenta el distintivo de cumplimiento de la NOM-235 sin poder comprobar su uso autorizado. A esto se suma la ausencia del sello de advertencia por exceso de sodio, un elemento obligatorio que permite al consumidor tomar decisiones informadas sobre su alimentación. Al igual que en otros casos, muestra simultáneamente fecha de caducidad y de consumo preferente.

atun fresh label

El único punto favorable detectado en esta marca es que no contiene soya en la masa drenada, lo que demuestra que el principal problema no siempre es la composición, sino la información incorrecta o incompleta en el etiquetado.

Este estudio confirma que algunos productos vendidos como atún no cumplen con los estándares mínimos de transparencia. La inclusión de soya no es ilegal, siempre que se informe con claridad, pero ocultarla o minimizar su presencia sí representa una práctica engañosa.

Para los consumidores, conocer estos resultados permite elegir con mayor criterio y evitar pagar por un producto que no corresponde a lo que promete. Para las marcas, el mensaje es claro: el cumplimiento de la norma ya no es opcional y las omisiones quedan evidenciadas en los análisis oficiales.

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