4 de septiembre 2026 - 10:22

Markwayne Mullin, secretario de Seguridad Nacional de EEUU: "El ICE estará en centros de votación en noviembre para hacer frente a amenezas específicas"

El titular del DHS confirma que agentes migratorios podrían acudir a las casillas para ejecutar órdenes judiciales, desatando temores de intimidación electoral.

Markwayne Mullin, titular del DHS.

Markwayne Mullin, titular del DHS.

El proceso electoral de Estados Unidos enfrenta una nueva controversia ante la posibilidad de un despliegue de fuerzas federales durante los comicios de noviembre. El secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, ha modificado la postura oficial del gobierno de Donald Trump al confirmar que los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) podrían presentarse en los centros de votación bajo circunstancias excepcionales.

Aunque aclaró que la corporación no realizará patrullajes disuasivos en las urnas, esta declaración deja una puerta abierta a operaciones reactivas que han encendido las alertas de diversos grupos civiles. Durante una conferencia de prensa celebrada en Nueva York, el funcionario justificó esta potencial intervención argumentando razones de seguridad pública y procuración de justicia. Mullin fue enfático al señalar que los elementos migratorios únicamente acudirían a una casilla electoral para neutralizar una amenaza directa o para ejecutar una orden judicial contra objetivos previamente identificados.

"El ICE tiene como función la inmigración y el control de aduanas. Ese es su trabajo", aseveró el titular, insistiendo en que las obligaciones operativas de la agencia no se suspenderán por tratarse de la jornada electoral.

Contraste institucional y el temor a la intimidación de votantes

Las recientes afirmaciones del secretario representan un cambio de narrativa frente a las garantías institucionales ofrecidas meses atrás. En febrero, Heather Honey, entonces subsecretaria adjunta para integridad electoral, aseguró tajantemente que no habría presencia del ICE en las urnas, calificando cualquier sugerencia al respecto como "desinformación".

Ahora, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) matiza que, si bien sus agentes no han recibido instrucciones de alterar sus funciones habituales ni planean operativos masivos en las casillas, no se descartan arrestos derivados de labores previas de inteligencia.

Esta ambigüedad operativa ha generado un clima de profunda preocupación entre legisladores demócratas y organizaciones defensoras del derecho al voto. La alerta se ha intensificado debido a diversos factores políticos y de seguridad:

  • Antecedentes retóricos: La inquietud social creció luego de que Steve Bannon, antiguo asesor gubernamental, sugiriera en un espacio público que el ICE "rodearía" los centros electorales en noviembre.

  • Riesgo de abstencionismo: Los críticos advierten que la simple posibilidad de toparse con agentes federales de migración podría intimidar a los electores de minorías y reducir drásticamente la participación ciudadana.

  • Postura militar: Para contrastar este panorama de seguridad, el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, confirmó formalmente mediante una misiva que las Fuerzas Armadas no desplegarán personal militar ni elementos federalizados de la Guardia Nacional en las sedes de votación.

Escrutinio de padrones y la narrativa del voto indocumentado

El debate sobre la presencia policial se desarrolla en medio de una agresiva estrategia de la administración republicana para auditar los registros electorales locales. El gobierno federal ha intensificado la búsqueda de migrantes que no sean ciudadanos estadounidenses y que, supuestamente, pudieran haber emitido sufragios de forma irregular. Mullin advirtió recientemente que revisarán todos los padrones para identificar a inmigrantes indocumentados o personas inelegibles para votar, a pesar de que múltiples análisis han demostrado que esta práctica es estadísticamente excepcional en el país.

La cruzada por purgar las listas nominales ha enfrentado obstáculos técnicos y el rechazo por parte de autoridades estatales, quienes se resisten a vulnerar la privacidad de los ciudadanos entregando datos personales al gobierno federal. Hasta el momento, la evidencia presentada por la administración no respalda la magnitud de las acusaciones.

Un caso representativo ocurrió en el estado de Nevada, donde funcionarios del DHS señalaron inicialmente a 16,000 presuntos no ciudadanos en los registros; sin embargo, posteriores cruces de información reconocieron que únicamente 185 casos podían ser confirmados, desinflando la hipótesis de un fraude sistémico.

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