17 de septiembre 2026 - 09:44

Un fuerte sismo levanta a los muertos en el CDMX: olores nauseabundos invaden las calles de la capital

La historia de la capital mexicana guarda un perturbador episodio en 1845, cuando un violento terremoto desenterró decenas de cadáveres, desatando el pánico sanitario y estructural en la metrópoli y la costa del Pacífico.

La historia del sismo que levantó muertos en CDMX.

La historia del sismo que levantó muertos en CDMX.

La furia de la naturaleza tiene registros insólitos en la historia de la capital mexicana, donde los movimientos telúricos no solo han derribado infraestructuras, sino que en ocasiones han perturbado el descanso eterno. A las 3:47 de la tarde del 7 de abril de 1845, un violento sismo sacudió la Ciudad de México (CDMX) provocando que decenas de sepulcros se abrieran en el histórico panteón de Santa Paula, un importante recinto que hasta 1864 se ubicaba en el perímetro de las actuales calles de Moctezuma, Magnolia, Galeana y el Eje Central Lázaro Cárdenas, en la colonia Guerrero.

El colapso de las tumbas generó una crisis sanitaria inmediata que encendió las alarmas del gobierno local, ante el temor fundado de que los olores fétidos emanados por los cadáveres expuestos pudieran generar un foco de infección masivo para la población.

Documentos resguardados por el Archivo Histórico de la Ciudad de México revelan la urgencia de las autoridades de la época, evidenciada en un reporte oficial emitido apenas un día después del temblor: "Habiéndose acordado por el E. Ayuntamiento se tomen todas las providencias conducentes a reparar o prevenir los desastres consiguientes al terremoto de ayer... pongo a disposición de V.S. una cuadrilla de 29 hombres con sus herramientas", ordenando la reparación inmediata y prioritaria del camposanto.

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Daños estructurales y el colapso de recintos religiosos

El terror de aquella jornada primaveral se extendió rápidamente a la arquitectura civil y religiosa de la metrópoli. De acuerdo con el registro de Sismos Históricos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el terremoto provocó severas cuarteaduras en casas particulares de zonas como Tlalpan y en los principales edificios públicos de la época.

Uno de los daños más significativos para el patrimonio arquitectónico ocurrió en la capilla del Señor de Santa Teresa la Antigua, cuya cúpula colapsó por completo a causa del movimiento, obligando a una restauración ese mismo año a cargo del arquitecto Lorenzo de la Hidalga. El recuento oficial de afectaciones estructurales también documentó daños graves en:

  • La iglesia de San Fernando y el Templo del Tercer Orden.

  • El convento de Betlemitas y el templo de San Jerónimo.

  • La torre de la iglesia de San Lorenzo.

  • El Hospital de Jesús y el emblemático Colegio de Minería.

Efectos devastadores en Acapulco y Michoacán

La actividad sísmica no dio tregua al territorio nacional, documentándose fuertes movimientos posteriores a las 5:15 y 6:45 de la tarde que desataron una catástrofe en las costas del país. En el puerto de Acapulco, el sismo desencadenó un fenómeno marítimo extremo; los reportes históricos indican que la costa fue impactada por dos monumentales oleadas de 40 y 32 metros de altura, manteniendo un agresivo flujo y reflujo del mar que sorprendió a la población durante varias horas.

El impacto en el litoral del Pacífico fue calificado como apocalíptico por los testigos de la época. El archivo de la UNAM recoge un testimonio estremecedor sobre la fuerza de la naturaleza en el occidente mexicano, detallando el nivel de caos experimentado: "En Michoacán, en la orilla del mar fue bastante estruendoso el terremoto, pues el ruido que se oía era tanto o más fuerte que un huracán; los árboles oscilaban de tal suerte que casi tocaban con sus partes el piso; el agua parecía hervir y se movía fuertemente". La inmensa presión telúrica provocó incluso que la tierra se abriera, generando grietas profundas cerca de la boca del río de la Armería.

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