Para los habitantes de la CDMX, la cercanía con pequeñas localidades de estados colindantes representa una oportunidad para realizar viajes de corta duración durante los fines de semana. Estos lugares destacan por su ambiente tranquilo, clima agradable y fácil acceso a través de las carreteras principales.
La oferta de estos destinos incluye recorridos por sitios históricos, plazas cívicas y áreas verdes adaptadas para el entretenimiento de personas de todas las edades. Además, son opciones accesibles que no requieren de itinerarios prolongados ni presupuestos elevados para el traslado.
Conoce la ubicación y las alternativas de recreación que ofrece La Romita: este destino cercano a la capital para planificar una excursión familiar.
La Romita: el rincón tradicional que resiste en la colonia Roma cerca de CDMX
Suele pensarse que a la colonia Roma ya no le quedan espacios con sabor tradicional. Frente a la abundancia de cafeterías de diseño, propuesta gastronómica de autor y locales con cartas en inglés, es fácil dejar de lado que esta zona poseía una vida propia mucho antes de volverse un punto de moda. Sin embargo, al transitar por el movimiento diario de la calle Durango, surge un pasaje que transmite una tranquilidad muy particular. Al cruzarlo, se descubre el barrio de La Romita, una especie de pueblo a escala escondido en la urbe que conserva su plaza, templo, expresiones de arte urbano y un trasfondo prehispánico.
Este pequeño reducto de tradición, incrustado en el ritmo acelerado y la imagen cosmopolita de la Roma, constituye el vestigio de lo que alguna vez fue Aztacoalco. Los registros indican que, en tiempos del Imperio mexica, el sitio funcionaba como un calpulli ubicado hacia el suroeste de Tenochtitlan. En aquella época consistía en una pequeña isla cercada por canales, próxima a la ruta que conducía a Chapultepec. A pesar del paso del tiempo —marcado por la Conquista, la época virreinal, la Independencia, el Porfiriato y la urbanización moderna—, y aun cuando sus dimensiones disminuyeron, la comunidad conservó el espíritu de la población originaria.
En la actualidad, la extensión de La Romita se limita a la zona comprendida entre las calles Durango, Puebla, Morelia y la avenida Cuauhtémoc. No obstante, en su interior aún sobreviven pasajes estrechos, entre ellos el callejón que desemboca directamente en la entrada de la Capilla de La Romita. Como dato curioso, se cuenta que, pese a su trazado de origen prehispánico, el sector adoptó su denominación popular porque una de sus callejuelas guardaba semejanza con un rincón de Roma, Italia.
Popularmente identificada como la Capilla de La Romita, esta edificación consagrada a San Francisco Javier resguarda su propia memoria. El recinto ocupa el predio donde anteriormente se levantaba la iglesia de Santa María de la Natividad, una construcción mucho más remota que, de acuerdo con algunos testimonios, fue erigida poco tiempo después de la caída de Tenochtitlan. La estructura actual es de factura más reciente; sin embargo, su plazoleta continúa siendo el punto de encuentro principal del barrio. A pesar de sus dimensiones reducidas, dispone de una fuente y jardineras con bancas donde la comunidad suele congregarse. A su alrededor conviven negocios de toda la vida —como tortillerías, tlapalerías y expendios de pan— junto a murales que integran elementos simbólicos del pasado de esta zona.