Las zonas periféricas de la Ciudad de México (CDMX) albergan destinos que han logrado desarrollar una infraestructura turística robusta sin perder su identidad tradicional.
Una localidad situada a corta distancia de la capital mexicana destaca por su consolidada oferta culinaria y sus diversos espacios de interés turístico.
Qué hacer en Aculco, Estado de México
Las zonas periféricas de la Ciudad de México (CDMX) albergan destinos que han logrado desarrollar una infraestructura turística robusta sin perder su identidad tradicional.
Estas localidades se han convertido en puntos estratégicos para el descanso de fin de semana, destacando especialmente por una oferta culinaria que combina ingredientes autóctonos con técnicas de preparación contemporáneas que atraen a visitantes nacionales y extranjeros.
En esta ocasión, conoceremos a Aculco, Estado de México (Edomex), un destino que sigue siendo uno de los secretos mejor guardados para muchos viajeros
Aunque durante años fue conocido simplemente como uno de los municipios de la entidad, su riqueza cultural y belleza natural le valieron el nombramiento de Pueblo Mágico en 2015. Mucho antes de la llegada de los españoles o la expansión mexica, estas tierras fueron el hogar del pueblo otomí. Su nombre, de origen náhuatl, se traduce como “lugar donde tuerce el agua”, una descripción que le hace total justicia a su geografía.
Haciendo honor a su nombre, Aculco es una región donde el agua abunda. Entre sus imponentes formaciones rocosas y montañas, se esconden escenarios que parecen sacados de una postal. El punto más emblemático es, sin duda, el Cañón de Aculco, famoso por sus impresionantes prismas basálticos que sirven de marco para la Cascada de la Concepción, cuya caída alcanza los 25 metros de altura.
Para quienes buscan otras actividades al aire libre, existen opciones variadas:
El corazón de este Pueblo Mágico aún respira el aire de la época virreinal. Al recorrer su plaza principal, destaca la Parroquia y Convento de San Jerónimo, una edificación que data de 1540. El legado arquitectónico se extiende a sus alrededores con antiguas propiedades de gran relevancia, como la Hacienda Arroyo Zarco y la Hacienda Ñadó.
El centro del pueblo invita al descanso; su kiosco rodeado de jardines es el punto de reunión preferido por los habitantes, especialmente los domingos, cuando las familias se congregan para disfrutar de la tarde en un ambiente tranquilo y pintoresco.
La oferta culinaria de Aculco es otro de sus grandes atractivos. Si vas de visita, es obligatorio probar la barbacoa local, ya sea en tacos o con su respectivo consomé. También destacan las carnitas, el mole y las tradicionales enchiladas aculquenses, las cuales se distinguen por su salsa especial y su guarnición de frijoles y queso.
Hablando de quesos, Aculco es reconocido a nivel nacional por su producción artesanal. En los ranchos de la zona se elaboran variedades que van desde el queso fresco y el añejo, hasta opciones más elaboradas como el ahumado, con finas hierbas o chile jalapeño. Incluso, existen talleres abiertos al público donde puedes conocer de cerca el proceso de producción y participar en catas. Para cerrar con broche de oro, no olvides probar el ate de membrillo o refrescarte con un pulque de la región.
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