21 de agosto 2026 - 10:56

Funan a Sor Juana Inés de la Cruz en redes por su esclava africana: ¿era racista la Décima Musa?

El debate digital reabre un oscuro episodio de la escritora: la venta de su esclava afrodescendiente en 1683 y el crudo contexto de la Nueva España.

Sor Juana Inés de la Cruz.

Sor Juana Inés de la Cruz.

Las plataformas y redes sociales se han convertido en una gran arena pública donde los internautas revisan, exponen y critican severamente a las figuras del pasado. Recientemente, el escrutinio digital alcanzó a Sor Juana Inés de la Cruz, quien ha sido señalada de presunto racismo por haber vendido a una mujer de origen africano conocida como Juana de San José, o popularmente "La Otra Juana", en el año 1683.

El registro de este acontecimiento está documentado en la aclamada obra "Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe", escrita por el intelectual mexicano Octavio Paz. En dicho texto, el Premio Nobel revela que, al tomar los hábitos para iniciar su vida conventual, la "Décima Musa" recibió como donación de su propia madre a una esclava "mulata".

Juana de San José acompañó a la monja jerónima durante aproximadamente diez años. Tras esta década de servicio, la escritora decidió vender a su esclava por la cantidad de doscientos cincuenta pesos oro a su hermana, Josefa. Paz incluso concluye en su investigación que es muy probable que Sor Juana haya tenido bajo su mando a otras criadas o esclavas durante su vida.

El marco legal y moral de la esclavitud novohispana

Para analizar estas acusaciones contemporáneas bajo una óptica rigurosa, es necesario comprender la legislación imperante en la Nueva España. Aunque las Leyes Nuevas promulgadas en noviembre de 1542 por el rey Carlos V buscaban proteger a las poblaciones indígenas y limitar los abusos de los conquistadores, estas normativas no aplicaban para las personas de origen africano. De esta manera, la Corona española legitimaba plenamente la esclavitud de este sector demográfico.

En el contexto de aquella época, era una costumbre completamente normalizada que las monjas tuvieran esclavas a su servicio. Incluso grandes agrupaciones, como los jesuitas, poseían esclavos africanos para realizar el trabajo pesado en sus haciendas. No obstante, la legalidad de la práctica no evitó que voces disidentes la consideraran inmoral. Un claro ejemplo de resistencia frontal fue Gaspar Yanga, un líder de origen africano que encabezó una fuerte rebelión de esclavos cimarrones en las zonas montañosas de Veracruz a principios del siglo XVII.

La erradicación estructural de este sistema de explotación tardaría siglos en materializarse. Fue hasta el 5 de octubre de 1813, en plena efervescencia de la Guerra de Independencia, cuando José María Morelos y Pavón proclamó en la ciudad de Chilpancingo la abolición definitiva de la esclavitud, decretando en su discurso que la distinción de castas quedaba proscrita para siempre.

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