Parece la premisa de una película de ciencia ficción, pero la realidad astronómica ha superado la expectativa. La NASA ha sacudido a la comunidad científica al confirmar que la Tierra tiene una "nueva compañera". No se trata de un satélite mellizo a nuestra Luna blanca y brillante, sino de 2025 PN7, un asteroide que ha entrado en una danza sincronizada con nuestro planeta y que nos acompañará, al menos, hasta el año 2083.
La Tierra tendrá dos lunas hasta 2083: ¿se podrán ver desde México?
La NASA confirma el hallazgo de "2025 PN7", un asteroide que fungirá como nuestro compañero de viaje cósmico por las próximas décadas. Aunque técnicamente es una "cuasi-luna", su presencia desafía lo que sabíamos de nuestra vecindad orbital.
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Las dos lunas de la Tierra.
Este descubrimiento, liderado por un equipo de la Universidad de Hawái, revela que nuestro vecindario espacial es más concurrido de lo que pensábamos. Pero ante la emoción del titular, surge la pregunta obligada para los aficionados a la astronomía en territorio nacional: ¿Podremos observar este fenómeno desde los cielos de México?
¿Qué es exactamente una "Cuasi-luna"?
Para entender este fenómeno hay que mirar las letras chiquitas del contrato orbital. Según explica la NASA, 2025 PN7 no es un satélite natural en el sentido estricto (como la Luna), ya que no está "atrapado" por la gravedad terrestre.
En cambio, este cuerpo orbita alrededor del Sol, pero lo hace en una sincronía casi perfecta con la Tierra. Esto provoca un efecto óptico y gravitacional donde el asteroide parece moverse a nuestro lado, como un compañero de viaje fiel que mantiene el ritmo, aunque en realidad viaja por su propio carril.
Los científicos estiman que este "polizón" espacial lleva acompañándonos discretamente desde hace unos 60 años, y su trayectoria se mantendrá estable por otras cinco décadas antes de que las fuerzas gravitacionales lo alejen definitivamente hacia las profundidades del sistema solar.
El tamaño importa: ¿se verá desde México?
Aquí viene la noticia realista para los observadores en el Ajusco, el desierto de Sonora o la Península de Yucatán. La respuesta corta es: No a simple vista.
A pesar de la emoción que genera tener "dos lunas", 2025 PN7 es un objeto extremadamente pequeño y lejano para el ojo humano. Sus dimensiones se estiman entre los 18 y 36 metros de diámetro (similar al tamaño de un edificio residencial pequeño en la CDMX).
Además, su distancia es abismal en comparación con nuestra Luna real:
- Punto más cercano: 4 millones de kilómetros (unas 10 veces más lejos que la Luna).
- Punto más lejano: 17 millones de kilómetros.
Detectarlo fue un reto mayúsculo incluso para los potentes telescopios de la Universidad de Hawái, que lo ubicaron como un "punto débil" en el firmamento tras semanas de cálculos. Por lo tanto, ni los binoculares ni los telescopios caseros de los aficionados mexicanos podrán captarlo. Su observación quedará reservada para observatorios profesionales como el de San Pedro Mártir o Cananea.
Un laboratorio flotante para la NASA
Más allá de la curiosidad, el valor de 2025 PN7 es estratégico. Al ser una de las apenas ocho "cuasi-lunas" conocidas en todo el sistema solar, representa una oportunidad de oro para la ciencia aeroespacial.
Su órbita estable y relativa cercanía lo convierten en un candidato ideal para ser un campo de pruebas para futuras misiones. La NASA vislumbra la posibilidad de enviar sondas para estudiar su composición o probar tecnologías de defensa planetaria, mejorando nuestros modelos para predecir el comportamiento de asteroides que, a diferencia de este noble compañero, sí podrían representar un peligro de impacto.
Por ahora, saber que está ahí arriba, acompañándonos silenciosamente en nuestra vuelta al Sol hasta 2083, añade una capa de fascinación a nuestra existencia en el cosmos.



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