El uso desmedido de dispositivos móviles y pantallas está dejando una huella profunda y silenciosa en el desarrollo neurológico de las nuevas generaciones en el país. Ante este panorama, Tania Jiménez García, maestra en orientación psicológica y especialista en prevención de adicciones, acudió a la conferencia Mañanera del Pueblo para exponer evidencias científicas contundentes sobre los daños estructurales que sufren los menores, sentando las bases para impulsar una posible regulación a nivel nacional.
Durante su intervención ante las autoridades y los medios de comunicación, la especialista desglosó cómo la sobreestimulación tecnológica altera circuitos fundamentales del cerebro infantil y juvenil. A través de esquemas médicos y neurológicos, Jiménez García lanzó una severa advertencia a los padres de familia, explicando desde la crisis química de los neurotransmisores hasta la reducción de la materia gris, y proponiendo un plan de acción correctivo para frenar esta epidemia digital desde los hogares.
La trampa de la dopamina y la reducción del placer
El cerebro humano está diseñado para liberar dopamina ante actividades cotidianas que generan un placer natural y saludable, tales como hacer ejercicio, terminar una tarea, dormir bien o recibir los rayos del sol. Sin embargo, la especialista advirtió que el uso de tecnología provoca una sobrecarga inmediata equiparable a la generada por el consumo de drogas, liberando cantidades excesivas de este neurotransmisor.
Ante esta estimulación desmedida, el cerebro se ve obligado a activar un mecanismo de protección neurológica que, irónicamente, disminuye su capacidad para sentir placer. Para lograr este ajuste, el sistema produce menos dopamina o esconde y elimina sus receptores dopaminérgicos; pasando, por ejemplo, de tener 100 receptores activos a tan solo 20. "Así como bajamos el volumen de la radio cuando está muy alto, el cerebro se ajusta", señala el material explicativo presentado en la conferencia.
Daños severos en la corteza prefrontal
Otra de las graves consecuencias expuestas durante la Mañanera del Pueblo es la alteración directa en la corteza prefrontal, el área del cerebro encargada de la atención, la concentración, el control de impulsos, el manejo de emociones y la toma de decisiones. De acuerdo con los estudios presentados, esta vital región alcanza su mayor grado de madurez fisiológica hasta el rango de los 21 a los 24 años de edad.
Las personas que presentan un uso problemático de Internet o videojuegos registran una peligrosa reducción tanto de materia gris como de volumen en esta corteza prefrontal. Esto se traduce en graves deficiencias en la vida diaria de los menores, provocando dificultades concretas para:
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Concentrarse y lograr aprender adecuadamente en entornos académicos.
Controlarse a sí mismos y lograr ser pacientes ante la frustración.
Solucionar problemas cotidianos de manera efectiva.
Los síntomas de una adicción silenciosa
Jiménez García fue tajante al señalar que el abuso prolongado de los celulares y dispositivos conectados a Internet no es un simple mal hábito, sino que cumple con todos los criterios clínicos de una dependencia. Según la información difundida, este comportamiento comparte exactamente las mismas características que todas las adicciones documentadas en el ámbito médico:
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Pérdida de control: Existe una incapacidad real para dejar de usar o consumir el contenido digital.
Deseo intenso: Se genera un "craving" o necesidad psicológica imperiosa de mantenerse conectados.
Uso destructivo: Los menores continúan utilizándolo a pesar de que la conducta les genere problemas evidentes o un deterioro social.
Tolerancia y abstinencia: Desarrollan una resistencia que los obliga a consumir más tiempo de pantalla para sentir satisfacción, y sufren síntomas negativos al ser privados de ella.
Neuroplasticidad: la ruta para revertir el daño
A pesar del crudo diagnóstico sobre el impacto tecnológico en las infancias, la especialista ofreció a las familias un panorama de esperanza fundamentado en la "neuroplasticidad", definida como la asombrosa capacidad que tiene el cerebro para adaptarse y modificarse.
Para lograr revertir los daños cerebrales y desintoxicar a los menores, se compartieron las recomendaciones clínicas puntuales emitidas por la Clínica Restart, las cuales deben aplicarse estrictamente según el rango de edad:
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De 0 a 6 años: Se debe quitar el dispositivo por completo durante un periodo continuo que va de 1 día a 1 semana.
De 6 a 12 años: La recomendación médica es quitar el dispositivo a los menores por un lapso total de 1 mes.
13 años o más: Se sugiere aplicar una disminución gradual del tiempo de pantalla, acompañada de un fuerte seguimiento y acompañamiento emocional.