El caso Astesiano llegó al diario Financial Times de Estados Unidos, que puso el foco en cómo la polémica situación que involucra al excustodio del presidente Luis Lacalle Pou y supone acusaciones de espionaje político y corrupción puede afectar la reputación de Uruguay como “modelo de estabilidad en América Latina”.
La cronología del caso que tiene como protagonistas principales al exjefe de la seguridad presidencial, Alejandro Astesiano, y a varios integrantes del sistema político uruguayo comenzó para el Financial Times como “un escándalo sobre pasaportes falsos” que derivó en espionaje y corrupción luego de que se conocieran públicamente los chats que mantenía el excustodio con diferentes personajes, algunos de ellos en el Ministerio del Interior.
Según el medio estadounidense, las controversias alrededor de Astesiano —que incluyen intercambio de favores con funcionarios políticos y policiales, un supuesto espionaje a dos senadores frenteamplistas y hasta la posibilidad de tráfico de influencias; y que derivaron también en la investigación en torno a la emisión del pasaporte al narcotraficante Sebastián Marset—; dan lugar a cuestionar hasta qué punto la corrupción en el sistema político uruguayo pasó desapercibida, así como qué hará Lacalle Pou para salvaguardar el estado de derecho y responsabilizar a los implicados.
Al respecto, el expresidente de la Junta de Transparencia y Ética Pública, Ricardo Gil Iribarne, consideró que es “un momento clave” para el país, en tanto el caso va mucho más allá de la falsificación de documentos y la emisión de los pasaportes a ciudadanos rusos. El artículo señala las implicaciones de importantes funcionarios del gabinete de Lacalle Pou como el ministro del Interior, Luis Alberto Heber, y Carolina Ache, en ese entonces vicecanciller.
Las consecuencias a largo plazo en la reputación de Uruguay
Según la politóloga Vicky Gedea, consultada por el Financial Times, el costo del caso Astesiano para Uruguay puede ser “extremadamente alto” en caso de que los hechos no sean resueltos correctamente.
Si bien Uruguay continúa siendo el país menos corrupto de América Latina, tal y como menciona el medio estadounidense, la población internacional podría comenzar a cuestionar cómo funciona la democracia uruguaya, y se tardarían años en recuperar la confianza y la reputación internacional del país, según explicó Gedea.
En el mismo sentido, Gil Iribarne sostuvo que Uruguay podría caer fácilmente al nivel de otros países de la región en los que crece la desconfianza en las instituciones estatales si no investiga los delitos en torno al caso Astesiano y demuestra acciones decisivas frente a la ciudadanía. “Los uruguayos quieren ver que las acciones tienen consecuencias”, señaló, y agregó que al pueblo uruguayo “todavía le importa” el asunto y que se “está enojando” ante el intento de “minimizar” la seriedad de la situación por parte del presidente Lacalle Pou.
Las primeras repercusiones en Uruguay
Uno de los primeros en hacerse eco del artículo del Financial Times fue el senador del Frente Amplio, Charles Carrera, uno de los políticos presuntamente espiados por Astesiano, a pedido de una empresa estadounidense y con el objetivo de extorsionarlo y manipular sus votos en la Cámara Alta.
Citando la nota, Carrera consideró que su partido fue categórico “a la hora de afirmar que el escándalo de Astesiano y Marset iba a minar la credibilidad del país”. Algo que, según él, al llegar al importante medio de Estados Unidos, queda confirmado. “Nuestro prestigio queda por el piso”, afirmó, y consideró que “el gobierno debe asumir sus responsabilidades”.
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