En Punta del Este, donde la temporada alta redefine precios y hábitos de consumo, el transporte urbano se convirtió este verano en una nueva variable de tensión para el bolsillo turístico. En los últimos días, traslados en Uber cotizados en miles de pesos comenzaron a circular en redes sociales como una postal inesperada del auge estacional: viajes breves con valores comparables a una cena gourmet o incluso a una noche de alojamiento.
Los casos se repiten con un patrón claro. En horarios de alta demanda, principalmente madrugadas de fines de semana o a la salida de eventos nocturnos, trayectos habituales como La Barra–Playa Mansa o Manantiales–Punta del Este llegaron a ofrecerse por montos que oscilaron entre 7.000 y casi 10.000 pesos, según capturas difundidas por usuarios. El fenómeno no responde a una suba estructural de tarifas, sino a la aplicación plena del precio dinámico, un mecanismo que ajusta valores en tiempo real frente a la escasez de vehículos disponibles.
El contraste entre Uber y el taxi tradicional
La comparación con el sistema de taxis resulta inevitable. En condiciones normales, un viaje similar en taxi entre La Barra y la Península suele ubicarse, incluso en temporada alta, en un rango sensiblemente menor, que puede ir según horario y tráfico entre 1.500 y 2.500 pesos. Aun considerando recargos nocturnos o mayor circulación, la brecha frente a los valores extremos de Uber llega a ser de tres o cuatro veces.
Esa diferencia marca un cambio en la lógica del consumo: mientras el taxi mantiene una estructura tarifaria regulada y previsible, la plataforma opera como un termómetro del mercado, trasladando de forma directa la presión de la demanda al precio final. Para el turista extranjero, habituado a usar aplicaciones como referencia de costo, el impacto es doble: sorpresa inmediata y dificultad para encarar esos gastos.
Según ciudadanos locales consultados, en temporadas anteriores, cuando Uber desembarcó en el principal balneario uruguayo, los valores eran percibidos como una alternativa competitiva frente al taxi. Viajes urbanos que hoy superan los 7.000 pesos podían costar hace algunos años menos de 500 o 700 pesos en contextos de demanda normal.
La diferencia no está en la tarifa base que no tuvo aumentos de esa magnitud, sino en la concentración extrema de la demanda en lapsos muy cortos y en una oferta de conductores que no logra escalar al mismo ritmo. A diferencia de Montevideo, Punta del Este funciona como una economía de picos: mucha actividad en pocas horas, durante pocas semanas. Para el turista, el efecto es concreto, ya que un traslado termina representando una porción relevante del gasto diario.
En Punta del Este, donde casi todo tiene precio de temporada, este verano dejó una señal clara: moverse también cotiza en alta, y no siempre con la previsibilidad que el visitante espera.
“Es la lógica de las aplicaciones cuando hay saturación”, advirtió Abella
El intendente de Maldonado, Miguel Abella, relativizó las quejas por las tarifas elevadas de Uber durante la temporada alta y enmarcó la situación dentro de una dinámica global del mercado de plataformas. “Son los mismos fenómenos que se dan en todo el mundo. Cuando hay saturación de demanda, los precios suben. Es lo que tiene la aplicación”, señaló.
En esa línea, comparó lo que ocurre en Punta del Este con otros destinos turísticos y grandes ciudades. “Lo mismo pasa en Buenos Aires, en Río de Janeiro, pasa en todos lados. En todos lados, de acuerdo a la necesidad y al nivel de demanda, los valores se ajustan”, sostuvo Abella.
Consultado sobre la situación regulatoria de los conductores que operan en el departamento, el jefe comunal aseguró que el sistema se encuentra formalizado. “Los Uber que están operando acá están habilitados a través de un convenio que fue aprobado en la Junta Departamental. Está todo regularizado”, afirmó.
Respecto a la posibilidad de ampliar la cantidad de vehículos habilitados durante el verano, el intendente fue claro: “En este momento estamos conformes con lo que se está haciendo. Tenemos un muy buen nivel de taxis, camionetas y un sistema de remises que funciona muy bien y que históricamente nos ha dado buenos resultados”. Finalmente, reconoció que el desafío pasa por adaptarse a un mercado en constante cambio. “Las distintas aplicaciones van variando y aplicando metodologías diferentes. Nosotros también tenemos que adaptarnos a eso”, concluyó.
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