El Banco Central del Uruguay (BCU) advirtió que el fenómeno climático de El Niño podría provocar un aumento de los precios de las frutas y verduras durante 2027, debido al impacto de las lluvias excesivas sobre la producción y distribución de alimentos, en un escenario en el que las proyecciones anticipan un episodio potencialmente más intenso que el registrado entre 2015 y 2016.
En su último Informe de Política Monetaria (IPOM), correspondiente al tercer trimestre de 2026, el organismo incorporó un análisis específico sobre los efectos del fenómeno climático en la inflación y señaló que las condiciones previstas para fines de este año y comienzos del próximo indican una elevada probabilidad de un episodio intenso de El Niño.
El informe explica que este fenómeno, asociado al calentamiento persistente del océano Pacífico ecuatorial, suele provocar precipitaciones superiores a lo normal en Uruguay, aumentando el riesgo de inundaciones y excesos de humedad que pueden dificultar la producción, la cosecha, la conservación y la distribución de frutas y verduras, con consecuencias posteriores sobre los precios al consumidor.
El antecedente de 2016: lluvias extraordinarias y alimentos más caros
Para evaluar los posibles efectos del fenómeno, el BCU tomó como referencia el episodio de El Niño registrado entre 2015 y 2016, considerado el último evento comparable disponible. En aquella oportunidad, la señal oceánica alcanzó su máxima intensidad entre fines de 2015 y comienzos de 2016, aunque los principales efectos climáticos sobre el territorio uruguayo se manifestaron varios meses después.
En abril de 2016, la anomalía de precipitaciones superó los 200 milímetros, el valor más elevado del período analizado, mientras que en mayo los precios de las frutas y verduras registraron un incremento mensual del 10%.
Según el organismo, la mayor asociación estadística se observó entre las lluvias extraordinarias de un mes y la variación de los precios durante el mes siguiente, lo que evidencia un rezago entre las alteraciones climáticas y su impacto sobre la oferta de alimentos. Sin embargo, el BCU aclaró que esta relación no implica que los efectos se repitan de manera automática, ya que su magnitud depende de las características de cada episodio.
El fenómeno podría ser más intenso que hace una década
Las proyecciones disponibles para el episodio actual anticipan un escenario que podría superar la intensidad registrada entre 2015 y 2016. El indicador climático utilizado para monitorear El Niño, denominado Relative Oceanic Niño Index (RONI), mostró hasta el trimestre junio-agosto de 2026 un ascenso más rápido que durante la fase comparable del episodio anterior.
Además, las estimaciones contempladas por el BCU anticipan que el indicador podría alcanzar un máximo cercano a 2,7 grados, frente a los 2,3 grados registrados durante el episodio de 2015-2016.
A esto se suma que las precipitaciones de julio y agosto ya se ubicaron por encima de los niveles normales, mientras que el Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet) identificó una tendencia hacia lluvias superiores a lo habitual durante el trimestre octubre-diciembre.
De acuerdo con el análisis del Banco Central, si estas anomalías de precipitación efectivamente se materializan, los principales efectos sobre los precios de frutas y verduras se concentrarían durante la primera parte de 2027.
El impacto sobre la inflación y las proyecciones del BCU
El riesgo climático adquiere relevancia en un contexto en el que la inflación interanual alcanzó el 4,7% en setiembre, ligeramente por encima de la meta del 4,5% establecida por el Banco Central.
El organismo prevé que la inflación aumente transitoriamente hasta el primer trimestre de 2027 y posteriormente retome una trayectoria de convergencia hacia el objetivo, a medida que se disipen los efectos de los aumentos de costos y otras perturbaciones de oferta.
En este escenario, el BCU ya incorporó en sus proyecciones un incremento transitorio de la inflación de frutas y verduras asociado a El Niño, tomando como referencia el comportamiento observado durante el episodio de 2015-2016.
No obstante, advirtió que un fenómeno más intenso o persistente que el contemplado podría generar presiones adicionales sobre los precios de los alimentos y prolongar sus efectos sobre la inflación.