El dato de inflación correspondiente al mes de junio no mostró —en principio— grandes sorpresas: el aumento de los combustibles de aquel mes fue el principal factor para impulsar al IPC a un aumento mensual de casi 0,4%, lo que llevó el ritmo anual al 4,25%.
Pero el informe del INE incluyó otros datos que sí preocupan. Hace ya unos meses que el Instituto comenzó a publicar la evolución de los precios de los bienes transables y los de los bienes y servicios no transables, a través de sendos índices (IPC-T e IPC-NT). Estos son datos importantes para la economía.
Los bienes y servicios no transables, tal como dice su definición, son aquellos que no se transan con el exterior, ni por importación ni por exportación; se trata —básicamente— de servicios locales como salud, educación, transportes, servicios financieros y profesionales, etc. Obviamente, algunos de esos servicios se pueden “transar” internacionalmente (se puede estudiar on line en el exterior, a extranjeros pueden contratar servicios en Uruguay), pero en su dinámica principal, mayoritaria, son servicios locales. Dicho de otra forma, es una aproximación a lo que muchas veces se alude como el costo local o “costo país”: aquellas cosas que transamos los uruguayos entre nosotros.
Los bienes transables, por el contrario, tienen o pueden tener ese ida y vuelta con el exterior, con la economía regional e internacional; allí se incluyen los productos de exportación e importación (algunos, como la carne, están en ambos grupos); por ejemplo, los insumos para la industria manufacturera, alimentos, materiales para la construcción, productos de higiene, etc. No necesariamente son productos importados o exportados, sino categorías que pueden ser importadas o exportadas, es decir, que participan de mercados abiertos al exterior (por ejemplo, una industria que abastezca la construcción local y compite con productos importados, produce transables, aunque los venda a nivel local). También pueden ingresar aquí algunos (pocos) servicios, como el turismo, que compite con otros destinos.
Las diferencias entre la inflación transable y la no transable
Lo que llama la atención del último informe del INE es la notoria diferencia entre el aumento de los bienes y servicios no transables (que subieron 5,8% anual) respecto a los transables que subieron apenas 1,5%. Y la diferencia no se ha dado solo el último año: en la gráfica adjunta se observa que la “brecha” entre transables y no transables se viene abriendo desde —al menos— 2022, cuando el INE comenzó a calcular estos índices. En efecto, desde 2022 hasta hoy, la diferencia entre ambos índices se extendió al 13%.
¿Por qué es relevante —y preocupa— la brecha entre transables y no transables? El asunto se puede analizar de dos maneras. Para los que están involucrados en los servicios no transables, la tendencia muestra que tienen un mayor poder adquisitivo respecto a los bienes transables; es decir que —en promedio y en general— tienen más capacidad de comprar productos como alimentos, vestimenta, productos de higiene, etc.; desde este punto de vista, que los no transables suban más que los transables es una buena noticia.
La brecha entre la inflación transable y la no transable viene de hace años.
Pero desde el punto de vista de la producción de esos bienes transables, la apreciación es la inversa: allí emerge la preocupación porque los que producen bienes transables —agro, industria, turismo— ven que sus precios de venta suben por la escalera, mientraslos costos locales suben por ascensor; por supuesto, hay diferencias por sector y por empresa, pero la tendencia general es clara: precios de venta que suben poco, y costos que suben mucho.
¿Cómo se enfrenta esto? Con mayor productividad y produciendo cosas de más valor. Si la empresa del caso puede producir más bienes por cada unidad de capital o de inversión aplicada, podrá sobrellevar este diferencial de costos; esto se logra con innovación y nuevas inversiones, lo que no es de un día para otro. ¿Se está logrando esto? Difícil saberlo y —también aquí— depende del sector/empresa. Pero a juzgar por la poca dinámica de crecimiento de la actividad económica, no parece que se avance mucho: la tasa de inversión respecto al PIB baja y el crecimiento ha sido muy modesto.
El escaso crecimiento de los últimos meses puede deberse en parte a la sequía del pasado verano. Pero la tendencia a desacelerar viene hace más tiempo. Y parte de la explicación seguramente está en los indicadores analizados: una diferencia grande entre la evolución de los no transables respecto a los transables puede estar reflejando una caída en el tipo de cambio real y en la competitividad. Si a los países con los que comerciamos les pasa lo mismo, empate. Pero si no… se complica. No solo nos resultará más difícil vender (exportar), sino que nos van a vender más a nosotros (más importación).
No hay que profundizar demasiado para observar que dos asuntos clave de la dinámica económica están vinculados directamente a esto. Por un lado, la evolución del dólar: si baja, la brecha se abre, porque se abaratan los importados (la mayoría de los productos se comercian con el exterior en dólares). Por otro lado la indexación, constitucionalizada en las jubilaciones e incorporada en los Consejos de Salarios (aún considerando el reciente intento de desindexar en la última ronda salarial). Son mecanismos que, directa o indirectamente, contribuyen a una inercia mayor al aumento en los precios no transables que en los transables.
En síntesis, los problemas para incorporar avances en productividad y la asimetría en la evolución entre los costos locales y los precios de la producción, seguramente está complicando la marcha de la economía y generando dificultades. Además de la inflación, los indicadores analizando son particularmente relevantes y habrá que seguirlos de cerca en los próximos meses.