9 de abril 2025 - 08:23

Uruguay en la balanza

El país tiene superávit comercial en bienes y servicios, lo cual es positivo ante el cimbronazo global. Pero su economía no está exenta de riesgos.

La balanza de pagos le dio positivo a Uruguay en 2024, aunque este año se perfila con varios desafíos.

La balanza de pagos le dio positivo a Uruguay en 2024, aunque este año se perfila con varios desafíos.

El Banco Central del Uruguay (BCU) divulgó en los últimos días los datos de la Balanza de Pagos, una clave de la economía que refiere a las transacciones con el exterior, tanto en capitales como en comercio.

Este último plano es lo que se conoce como Cuenta Corriente, que además del comercio de bienes y servicios también incluye la cuenta de intereses. En lo estrictamente comercial, Uruguay logró un superávit en 2024, tanto en bienes (U$S 960 millones) como en servicios (U$S 740 millones, ver gráfico).

En bienes, el saldo pasó a ser positivo luego de que se superara la sequía de 2023 y volvieran a levantarse buenas cosechas. Además, la puesta en marcha de la nueva planta de UPM y más negocios desde industrias de zonas francas (como la de concentrado de bebidas) también suman. Este año también se espera una muy buena exportación de granos, aunque seguramente a menos precios.

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La recuperación del consumo también motivó un aumento en las importaciones, pero no en magnitud tal para superar las exportaciones. En estos meses, además, la reactivación de la refinería implicará una reducción en el monto de importaciones, en la medida que se retoman las importaciones de crudo para refinar, reduciéndose las de refinados (más caros).

En servicios, los números mejoraron luego del terrible impacto de la crisis argentina con el aumento del dólar paralelo en 2023. La mejora paulatina de los ingresos por turismo se fue confirmando a lo largo de 2024. Además, mejoraron las ventas de servicios de Tecnologías de la Información, luego de un 2023 más flojo.

Perspectivas

Ante la guerra comercial desatada por Donald Trump, Uruguay tiene algunas fortalezas. Su comercio ya ha “pagado el costo” del proteccionismo (tanto regional como global) y se ha especializado en aquello en lo que es competitivo, lógicamente. El arancel adicional del 10% es el más bajo dispuesto por EEUU. Sin embargo, a países competidores en varios rubros, como Australia y Nueva Zelanda, también se les aplicó un 10%, por lo que allí no habría una ventaja visible. También se aplicó un 10% al resto de los países del Mercosur.

Además, quedaron exonerados -para todo el mundo- los productos forestales (celulosa y maderas, con distinta elaboración). Esto es relevante en la medida que EEUU es un mercado interesante para celulosa, tableros y otros productos, y Uruguay está sumando inversiones en nuevas plantas de productos de madera.

Argentina y Brasil también pueden tener oportunidades (el arancel adicional también es de 10%) pero allí seguramente incidan las afinidades/aversiones políticas: Lula Da Silva ha sido muy crítico con Trump, Javier Milei, exageradamente afín (sin muchos resultados hasta ahora). Una actuación en bloque del Mercosur sería tan interesante como poco probable, pero habrá que ver si los fuertes cambios en el contexto geopolítico le dan nueva vida al bloque. Una aprobación más rápida del acuerdo con la Unión Europea (UE) también puede ser una derivación de los cambios recientes.

En cualquier caso, el problema de fondo es que la guerra comercial retraiga el crecimiento global. Allí Uruguay tiene todo para perder. La economía tuvo un buen año 2024, pero este año las estimaciones de crecimiento son más modestas (2 a 2,5%). La confrontación entre China y EEUU lleva a reducir las proyecciones de crecimiento mundial y no se descarta una recesión en EEUU. Si lo mismo sucediera en China, sería una crisis con todas las letras. Las piezas están en pleno movimiento: la UE ofreció liberalizar el comercio con EEUU y también negocian Japón, México y otros.

Con EEUU, Uruguay tiene una balanza comercial equilibrada (exportaciones e importaciones por unos U$S 1.200 millones, cada una). En servicios, EEUU es el principal destino de las ventas de software y tecnologías de la información (unos U$S 1.600 millones); los servicios han quedado fuera de todo este conflicto (por suerte). En bienes, es el cuarto destino en importancia; ha crecido por el aumento en las ventas de carne y, en menor medida, de celulosa.

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Estos negocios podrían tener cierta afectación, pero tal vez no aguda. El problema es con los principales destinos de las exportaciones de Uruguay: China, la UE y Brasil. Si la guerra comercial los afecta seriamente (alta probabilidad), nuestro país también sentirá las consecuencias. Por eso, puertas adentro, es clave que este año se apunte a reducir las vulnerabilidades de la propia economía uruguaya (déficit, competitividad), para evitar crisis y poder seguir adelante, cuando el panorama global -esperemos- se aclare.

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