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14 de abril 2023 - 13:15

Uruguay pierde su buena reputación, según The Economist

El semanario británico señaló el caso Astesiano, la corrupción y el aumento del crimen en el país como razones detrás del deterioro del "brillo" uruguayo en medio de la crisis latinoamericana.

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Uruguay esta atravesando un momento de conflictividad sindical. 

Foto: Reuters

Uruguay está en boca de los medios internacionales pero, a diferencia de lo que esperaría el gobierno de Luis Lacalle Pou, no es por los aspectos positivos de ser un país democrático, “país serio, que cumple con sus compromisos”; sino por estar “perdiendo su reputación como caso de éxito de América Latina”.

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Así lo estableció el medio británico The Economist, que tituló el artículo referido al país como “Perdiendo su brillo” en la versión impresa, mientras que en la versión digital fue todavía más contundente, refiriéndose a la reputación de Uruguay.

“Atrapado entre un Brasil políticamente polarizado y una Argentina económicamente disfuncional, Uruguay parece un país modelo. Más del 95% de su electricidad proviene del sol, el viento, el agua y los biocombustibles. Las parejas del mismo sexo pueden casarse. Los residentes pueden comprar cannabis en las farmacias. En comparaciones internacionales, Uruguay se ubica como el país más pacífico y menos corrupto de América del Sur. Otros líderes se esconden en los palacios; el presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, trabaja desde una oficina de vidrio, frente a un bloque de departamentos”, repasa The Economist en la apertura del artículo, dando cuenta de los aspectos positivos del país.

Sin embargo, no tarda en listar las razones por las cuales, a pesar de tantas bondades, Uruguay empieza a quedar atrás de la misma imagen que creó hacia el mundo.

Corrupción y delincuencia, ¿los talones de Aquiles del gobierno?

“Esta brillante reputación se ha apagado recientemente”, no tarda en sentenciar The Economist en su segundo párrafo. La principal razón que señala es el caso Astesiano, que involucró al exjefe de la seguridad presidencial, Alejandro Astesiano, en una compleja red de diferentes delitos que le supusieron una condena de cuatro años y medio de prisión por tráfico de influencias, asociación para delinquir y revelación de secretos de Estado.

“La caída de Astesiano, un expolicía, es sumamente vergonzosa para el conservador Lacalle Pou. Dice que no tenía indicios de que su exguardaespaldas estuviera tramando nada bueno. Pero en los 20 años que se conocen, el señor Astesiano ha tenido varios enredos con la ley, que incluyen investigaciones policiales sobre denuncias de fraude y robo”, continúa el periódico londinense, uno de los más prestigiosos del Reino Unido.

Sin embargo, este no es el único caso de corrupción que salpicó al aparentemente impoluto gobierno multicolor. “En 2021, el ministro de Turismo [Germán Cardoso, hoy diputado colorado] renunció tras acusaciones de corrupción, que él niega. Ese año, Sebastián Marset, un presunto capo de la droga, escapó de la captura en Dubai después de que las autoridades uruguayas le emitieran un nuevo pasaporte. En diciembre de 2022, la viceministra de Relaciones Exteriores [Carolina Ache, también colorada] renunció por el caso. En enero, el ministro de Medio Ambiente [Adrián Peña, también colorado] renunció después de que se supo que había afirmado falsamente que tenía un título en negocios”.

En una lista pintada de colorado, el semanario británico enumera así los últimos dolores de cabeza para el presidente Lacalle Pou; y no dejan de lado el hecho de que “se cree que Marset jugó un papel en los eventos que han convertido al país en un centro del crimen internacional”.

El incremento reciente del crimen y la delincuencia es la otra pata de palo para el gobierno, según The Economist, que señala que “muchos se preguntan si el país seguirá siendo una excepción respetuosa de la ley en una región violenta”.

“La situación de seguridad se viene deteriorando desde hace décadas, dice Nicolás Centurión, investigador de crimen organizado. Pero el Covid-19 agravó el problema. Con los vuelos reducidos, las pandillas amontonaron cocaína andina en contenedores enviados a través de Montevideo a Europa. En la última década, la tasa de homicidios de Uruguay casi se duplicó, a 11,2 por cada 100.000 habitantes en 2022”, advierte The Economist.

Asimismo, y citando a InSight Crime —una fundación dedicada al estudio y a la investigación de amenazas para la seguridad nacional y la ciudadana en América Latina y el Caribe—, sostiene que “las pandillas envían armas de asalto y municiones entre Argentina y Brasil a través de Uruguay”. Además, agrega que “las flotas pesqueras ilegales se están aprovechando de los controles laxos en el puerto libre de Montevideo, la capital”.

Sin embargo, y tomando las palabras del director de Opción Consultores, Rafael Porzecanski, “la corrupción en Uruguay no es endémica”, y “Lacalle Pou probablemente pueda recuperarse de estos recientes escándalos”. Con las elecciones en la mira, a poco más de año y medio, las encuestas comienzan a recuperarse en cuanto a percepción del desempeño de la gestión, si bien el crimen continúa como una principal preocupación de los votantes.

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