Cuando el recibo llega y el número no cuadra con lo que se usó durante el mes, la culpa suele recaer sobre el aire acondicionado o las luces encendidas de más. Pero la Comisión Federal de Electricidad (CFE) ha identificado un patrón diferente: hay aparatos que consumen de forma silenciosa, constante y costosa, aunque parezcan inofensivos o incluso estén en desuso dentro del hogar. El problema no es el uso intensivo, sino la ineficiencia acumulada durante años.
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Tres electrodomésticos comunes elevan el consumo eléctrico sin que lo notes; identificarlos puede marcar la diferencia en tu bolsillo cada bimestre.
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Entender qué equipos generan ese gasto invisible es el primer paso para tomar decisiones concretas. No se trata de vaciar la casa ni de vivir con lo mínimo, sino de reconocer que algunos electrodomésticos ya cumplieron su ciclo y hoy representan más un lastre económico que una utilidad real. El consumo eléctrico doméstico puede reducirse significativamente sin cambios drásticos, siempre que se identifiquen los focos rojos a tiempo.
Si el objetivo es ver una diferencia real en el próximo recibo bimestral, estos son los tres aparatos que conviene revisar con urgencia.
CFE: los aparatos que debes sacar de tu casa para evitar aumento del recibo de luz Refrigeradores con más de una década de antigüedad
Un refrigerador viejo rara vez levanta sospechas. Si todavía enfría, se asume que todavía funciona bien, y ahí está el error. Los modelos fabricados antes de 2015 operan con tecnologías de compresión menos eficientes, que requieren mayor consumo de energía para mantener la temperatura interior estable, especialmente cuando los sellos de las puertas ya presentan desgaste o el sistema de deshielo automático trabaja en exceso.
A diferencia de otros aparatos que se usan por horas, el refrigerador opera las 24 horas del día, los 365 días del año. Eso significa que cualquier pérdida de eficiencia —aunque sea marginal— se traduce directamente en kilowatts adicionales al mes. Señales que indican que el refrigerador está afectando el recibo: el motor se escucha casi sin parar, acumula escarcha con rapidez, las paredes exteriores se sienten calientes o las puertas ya no cierran con la firmeza de antes. Cambiar un equipo con estas características por uno con certificación de eficiencia energética puede generar un ahorro sostenido en el mediano plazo.
Televisores de plasma y pantallas antiguas en modo espera
Los televisores de plasma fueron durante años sinónimo de calidad de imagen, pero su tecnología implica un consumo eléctrico notablemente mayor al de los modelos LED o QLED actuales. El problema se agrava porque muchos de estos equipos —incluidas pantallas antiguas de otras tecnologías— permanecen enchufados en modo de espera (stand by) sin que nadie repare en ello.
Ese consumo fantasma en stand by puede representar entre el 5 y el 10 por ciento del gasto eléctrico mensual de un hogar, según estimaciones sobre hábitos de consumo doméstico. En casas donde conviven dos o tres televisores encendidos varias horas al día, el efecto es aún más pronunciado. Desconectar los equipos que no se usan a diario, utilizar regletas con interruptor y evaluar la sustitución de pantallas muy antiguas son medidas concretas que pueden reflejarse en el siguiente recibo sin necesidad de inversiones mayores.
Calentadores eléctricos portátiles usados como solución permanente
Pocos aparatos consumen tanta energía en tan poco tiempo como un calentador eléctrico portátil. Su funcionamiento depende de resistencias que convierten electricidad en calor de manera directa, lo que los hace eficaces para calentar un espacio en minutos, pero también extremadamente costosos si se usan con frecuencia o durante periodos prolongados.
El error más común es incorporarlos como solución habitual durante los meses fríos. Una sola sesión diaria de dos horas puede elevar el consumo mensual de forma considerable, y si la vivienda no cuenta con buen aislamiento térmico, el aparato permanece encendido más tiempo del necesario para mantener la temperatura. Antes de convertirlos en un recurso permanente, conviene explorar alternativas como mejorar la ventilación y el aislamiento del espacio, aprovechar cortinas térmicas o programar horarios de uso muy acotados. No se trata de prescindir de ellos por completo, sino de evitar que sean la primera respuesta ante el frío.
La revisión de estos tres tipos de equipos no requiere un técnico ni una inversión inicial. Basta con recorrer el hogar, identificar qué está conectado de forma permanente y preguntarse si ese aparato sigue aportando valor real frente a lo que cuesta mantenerlo encendido. Muchas veces, el electrodoméstico que más encarece el recibo no es el más visible ni el más usado: es el que lleva años en un rincón, conectado y olvidado, sumando kilowatts bimestre tras bimestre.




