En un nuevo capítulo de tensiones discursivas entre el Gobierno de México y representantes de la derecha española, el canciller mexicano de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez, fijó una postura contundente y con tintes de ironía frente a las recientes declaraciones de la diputada conservadora Cayetana Álvarez de Toledo.
La legisladora ibérica del Partido Popular (PP) aseguró haber viajado a territorio nacional con el propósito explícito de “defender la soberanía de los mexicanos”, un argumento que el jefe de la diplomacia mexicana desmanteló durante una rueda de prensa al evidenciar las contradicciones de la narrativa conservadora.
Velasco Álvarez calificó como una “costumbre” la constante llegada de personajes de la oposición española al país, recordando también la tumultuosa visita efectuada hace unas semanas por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. "Se ha vuelto frecuente que vengan visitantes a decirnos en México a los mexicanos quiénes somos", reprochó el canciller, quien además evidenció la incongruencia de estas comitivas al apuntar la paradoja de que hablen de que México es un país peligroso y, sin embargo, lo visiten continuamente, lo disfruten y den conferencias.
El origen de la confrontación y la alusión al "narcoestado"
El desencadenante de la enérgica respuesta diplomática ocurrió durante la participación de la diputada Álvarez de Toledo en un evento privado organizado por el empresario mexicano Ricardo Salinas Pliego. En dicho foro, la política española lanzó duras descalificaciones a la administración que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
La exposición de la legisladora del Partido Popular, que sirvió como antesala a la réplica del canciller, se caracterizó por los siguientes señalamientos:
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Crítica al partido oficialista: Álvarez de Toledo abrió fuego contra el Gobierno federal al exponer en su ponencia que “el narco necesita impunidad, el populismo necesita financiación y amparo”.
Aseveración de ingobernabilidad: Afirmó de manera tajante que "la fusión tiene un nombre: narcoestado. Donde manda un narcogobernador, no hay gobernados libres".
Consignas en plataformas digitales: Posteriormente, a través de sus redes sociales, sintetizó su postura política con la frase: “Soberanía o Morena. Soberanía o Sheinbaum”.
Relevo ideológico: La diputada llegó al país para continuar la línea discursiva de Isabel Díaz Ayuso, quien durante su estancia previa enalteció a capa y espada la figura del conquistador Hernán Cortés.
Lección de historia y el debate sobre la "huella civilizatoria"
"Hay que dimensionar correctamente la soberanía. Cuando hablamos de soberanía hablamos de algo que se ha mantenido a través de los siglos, que viene antes de 1521 [...] Una historiadora debería saber eso", sentenció firmemente Roberto Velasco Álvarez tras ser cuestionado por los medios de comunicación este jueves.
El titular de las Relaciones Exteriores del país también arremetió de forma directa contra el concepto de "huella civilizatoria" que tanto Álvarez de Toledo como Díaz Ayuso han respaldado y defendido con vehemencia en sus respectivas agendas por México. Connotó que el Gobierno ve "con una sonrisa" la idea eurocentrista de que la Conquista significó un avance de la civilización, recordando que en el territorio nacional ya existían civilizaciones muy profundas que poseían arquitectura, matemáticas, calendarios y ciudades complejas antes de la llegada de los españoles. "Eso es parte de la identidad de lo que somos México, estamos muy orgullosos", zanjó.
Finalmente, el canciller mexicano juzgó con severidad lo que denominó como una apropiación política y tendenciosa del término "libertad", una bandera discursiva que ha abanderado recurrentemente la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso. Velasco argumentó que la idea de libertad que la derecha española pretende vender en los foros locales es "muy sesgada", debido a que la libertad es un concepto de carácter universal que no le pertenece a una sola corriente política.
Remató señalando el sesgo de las políticas ibéricas, acusándolas de hablar de "algunas libertades" pero callar convenientemente ante otras, como la libertad que tienen las personas de elegir sobre su propio cuerpo o la libertad fundamental de salir de la pobreza si es que nacen en condiciones de vulnerabilidad económica.