El histórico operativo militar de este 22 de febrero de 2026 en Tapalpa, Jalisco, no solo terminó con la vida de Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho". También dinamitó la cúpula del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), abriendo la puerta a una inevitable reestructuración interna. Con el trono vacío, los reportes de inteligencia de México y Estados Unidos ya apuntan hacia un heredero inminente: Juan Carlos Valencia González, conocido en el mundo criminal como "El 03" o "R3".
Quién es "El 03", el narco que se convertiría en el nuevo líder del CJNG tras la muerte de El Mencho
Con la caída del fundador y su primogénito condenado a cadena perpetua en Estados Unidos, el cártel más poderoso del país enfrenta un vacío de poder. Un perfil forjado en lazos familiares y control paramilitar se perfila para tomar el trono.
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Juan Carlos Valencia González podría ser el heredero de El Mencho.
Durante más de una década, El Mencho operó el CJNG bajo un modelo casi corporativo de franquicias, consolidando un imperio global de tráfico de drogas sintéticas, extorsión y armamento. La lógica criminal dictaba que su sucesor sería su primogénito, Rubén Oseguera González, "El Menchito". Sin embargo, tras ser extraditado y sentenciado a prisión de por vida en territorio estadounidense, esa línea de sucesión directa quedó neutralizada, obligando a la organización a mirar hacia otros mandos.
El ascenso de "R3" y el sanguinario Grupo Élite
En este escenario de incertidumbre, el nombre de Juan Carlos Valencia González resuena con fuerza. "R3" no es un operador improvisado ni un lugarteniente más. Su cercanía es de sangre: es hijastro de El Mencho e hijo biológico de Rosalinda González Valencia, "La Jefa", pieza maestra del entramado financiero e inmobiliario del cártel (Los Cuinis).
Dentro de la semántica interna del CJNG, su alias numérico, "03", revelaba su posición en el organigrama: el tercero al mando, solo por debajo del fundador y su primogénito encarcelado.
Pero su verdadero poder, más allá del abolengo criminal, radica en su capacidad de fuego. A R3 se le atribuye la creación y coordinación absoluta del Grupo Élite, el brazo armado más táctico y violento del CJNG. Bajo su mando, este escuadrón paramilitar ha sido el encargado de las ejecuciones estratégicas, las incursiones en estados rivales y el control territorial de las plazas en disputa. Esta letal combinación de legitimidad familiar y control militar lo coloca como el candidato natural para asumir el liderazgo total y unificar a las facciones.
La baraja de capos: los otros aspirantes al trono
Aunque R3 parece llevar la delantera, la compleja estructura del cártel cuenta con otros perfiles de alto peso específico que podrían disputar el control o, en su defecto, exigir autonomía regional, lo que podría fracturar a la organización:
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Gonzalo Mendoza Gaytán, alias "El Sapo": Representa el ala castrense dura. Carente de lazos familiares con la cúpula, su poder deriva del reclutamiento, adiestramiento y la disciplina de los sicarios. Es un estratega de bajo perfil mediático, pero con un control asfixiante en el campo de batalla operativo.
Audias Flores Silva, "El Jardinero": El cerebro logístico. Su especialidad es la administración territorial y la protección de los megaproyectos del cártel: los laboratorios de metanfetaminas y fentanilo. Es vital para la economía de la organización y asegura el flujo de efectivo, aunque su perfil es más de administrador que de líder carismático.
Julio Alberto Castillo Rodríguez, "El Chorro": Yerno de El Mencho. Su historial está estrechamente ligado a las operaciones financieras del grupo. Su futuro en la cúpula dependerá directamente de las alianzas internas que logre tejer con los brazos armados en las próximas semanas.
Erick Valencia Salazar, "El 85": Cofundador histórico del CJNG junto a El Mencho. Aunque terminaron como enemigos acérrimos tras una fractura interna —e incluso "El 85" impulsó una facción rival—, su figura sigue siendo un símbolo fundacional. Sus actuales procesos judiciales en EE. UU. lo mantienen fuera de la operación táctica, pero su peso en la historia de la organización es innegable.
La caída de El Mencho marca el fin de una era, pero el inicio de una fase de reacomodos que las autoridades de los tres niveles de gobierno vigilan con extrema cautela para contener cualquier brote de violencia interna.



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