5 de febrero 2026 - 13:09

Revelan la cantidad de vasos de agua por día que debe beber un mexicano para reducir síntomas del hígado graso

Especialistas internacionales y publicaciones médicas destacan la hidratación como un aliado clave contra la inflamación hepática. Conoce la dosis diaria recomendada para mejorar la filtración de toxinas.

Beber agua ayuda a aliviar síntomas del hígado graso.

Beber agua ayuda a aliviar síntomas del hígado graso.

El hígado graso se ha consolidado como una de las afecciones metabólicas más comunes en la actualidad, impulsada por estilos de vida sedentarios y dietas desequilibradas. Ante este panorama, la comunidad médica internacional ha puesto el foco en una solución accesible y fundamental: la correcta hidratación.

Según reportes recientes avalados por la plataforma especializada Healthline, mantener un consumo específico de agua al día no solo mejora la función general del organismo, sino que es vital para reducir la inflamación en pacientes diagnosticados con esta condición.

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La regla de los 8 vasos

Para quienes buscan controlar o prevenir el hígado graso, la recomendación de los expertos es puntual: ingerir al menos 2 litros de agua al día, lo que equivale aproximadamente a ocho vasos.

Este volumen de líquido es esencial para facilitar dos procesos hepáticos críticos:

  • La circulación sanguínea adecuada a través del órgano.

  • La secreción de bilis, necesaria para la digestión y el procesamiento de grasas.

No alcanzar esta cuota diaria puede dificultar la capacidad del hígado para eliminar toxinas, favoreciendo la retención de sustancias nocivas y agravando el cuadro inflamatorio. Además, una buena hidratación mejora la oxigenación de los tejidos y optimiza el metabolismo de los lípidos.

¿Qué es el hígado graso y por qué preocupa?

La Enfermedad del Hígado Graso No Alcohólico (EHGNA) se caracteriza por la acumulación de más del 5% de grasa en las células hepáticas. Aunque en sus etapas iniciales suele ser asintomática, si no se atiende puede progresar a Esteatohepatitis No Alcohólica (EHNA), una fase más grave donde el daño celular y la inflamación pueden derivar en fibrosis, cirrosis e incluso cáncer de hígado.

En México y gran parte de Occidente, esta enfermedad ya no se asocia exclusivamente al consumo de alcohol, sino a factores como la obesidad, la diabetes tipo 2 y la resistencia a la insulina.

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Un enfoque integral: no solo es agua

Aunque la ingesta de los ocho vasos de agua es un pilar fundamental, los especialistas advierten que debe ir acompañada de cambios estructurales en el estilo de vida para ser efectiva. El abordaje clínico sugiere:

  • Dieta antiinflamatoria: Limitar drásticamente azúcares añadidos, grasas saturadas y ultraprocesados. Se prioriza el consumo de cereales integrales, proteínas magras y grasas saludables (como las del aguacate y nueces).

  • Actividad física: El ejercicio regular ayuda a reducir la grasa visceral y mejora la sensibilidad a la insulina.

  • Control de comorbilidades: Mantener a raya la hipertensión y el colesterol es vital.

  • Evitar el alcohol: Aunque la enfermedad no sea de origen alcohólico, beber licor estresa al hígado y entorpece su recuperación.

Finalmente, se insta a la población a evitar la automedicación con suplementos "milagrosos" y acudir a un especialista para un diagnóstico certero, ya que la evolución de la enfermedad varía considerablemente en cada paciente.

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