La economía uruguaya crecerá poco este año, pero se proyecta una recuperación en 2024, con una tasa de crecimiento del 3% o superior. Fundamenta esa proyección la recuperación de la agricultura, superada la sequía, y un desempeño mejor de los niveles de consumo, basados en la mejora del salario real y el empleo, que se viene registrando este año.
Advertencias de Fondo
Más allá de la buena evaluación que recibió Uruguay por parte del FMI, el país no está ajeno a las dificultades que enfrenta la región.
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Pero hay algunas luces amarillas que condicionan esa perspectiva positiva. La situación de Argentina con precios relativos muchos menores y que desvía consumo hacia la vecina orilla, es uno de los factores a tener en cuenta en este contexto. También algunos desafíos macroeconómicos propios del Uruguay.
Además de sus circunstancias particulares, la economía uruguaya también esta –obviamente- sujeta a los vaivenes del contexto regional y global. En este sentido, ha sido particularmente interesante el aporte del Fondo Monetario Internacional (FMI) en su último informe sobre la situación económica mundial (World Economic Outlook, octubre 2023) y su foco en la región, porque incorpora una serie de aspectos que valen para todas las economías de la región, incluyendo la uruguaya.
El FMI destaca la buena recuperación de las economías regionales luego de la pandemia (con la excepción de Venezuela y Argentina), remarcando especialmente el desempeño de Brasil, mejor a lo esperado. Al momento de evaluar la respuesta de la región al aumento de la inflación del año pasado, el organismo valora la aplicación de políticas monetarias contractivas para combatirla, señalando que la mayoría de las economías con regímenes de metas de inflación cumplirá su meta este año o el próximo.
Sin embargo, el FMI advierte sobre los riesgos de un menor crecimiento por estas políticas contractivas antiinflacionarias. Plantea que la región tiene que establecer un difícil balance entre bajar la inflación de manera firme y evitar un período de poco crecimiento más largo de lo necesario. Para eso -señala el informe- tiene que haber una buena evaluación de las experiencias pasadas, teniendo en cuenta –además- que las decisiones de política monetaria tienen cierta demora en su efecto y que hay ciclos en la actividad económica.
También advierte que las políticas fiscales deben recomponerse para tener luego mayor capacidad de respuesta ante demandas sociales o nuevos desafíos. En buen romance, esto quiere decir que hay que reducir los déficits fiscales actuales. Y señala que se debe mantener la agenda de reformas para potenciar el crecimiento de largo plazo, que en la región sigue siendo bajo. En este sentido, plantea como relevante aumentar la inversión, bajar la informalidad y desarrollar más el comercio.
En su mención específica a Uruguay, el FMI destaca que la inflación ha quedado en el rango meta con ayuda de la política monetaria contractiva y la apreciación de la moneda. Remarca que el Banco Central ha comenzado a bajar la tasa de interés, pero “manteniendo correctamente un sesgo contractivo de su política monetaria”. Dice que la política fiscal se ha vuelto marginalmente expansiva en respuesta a la sequía, pero que se espera que la deuda pública permanezca estable. “El fuerte desempeño macroeconómico ha resultado en los menores niveles de riesgo país en la región y ha permitido que Uruguay mejore su nota crediticia por parte de todas las principales agencias calificadoras globales”, culmina el fondo monetario en su párrafo sobre Uruguay.
Es interesante la evaluación notoriamente positiva que el organismo tiene del Uruguay, pero también resulta importante traer las advertencias que el propio FMI hace para la región, porque muchas le caben al país. En este plano el panorama no es tan tranquilizador.
Por un lado, Uruguay también enfrenta el dilema entre el combate a la inflación con una política monetaria contractiva y el riesgo de tener un crecimiento magro, con pérdida de competitividad y una economía que no se recupere con el vigor suficiente el año próximo.
En su conferencia de prensa para presentar el capítulo regional, el Director del Departamento para el Hemisferio Occidental del FMI, economista Rodrigo Valdés (ex ministro de Economía de Chile) señaló que la región sigue muy dependiente de la evolución del precio de los commodities, que han bajado en el último año. Uruguay no es la excepción en este sentido: si bien alcanzó unos niveles muy interesantes de competitividad en varios sectores transables, la referida baja en los precios hace que el ajuste de costos sea imprescindible para mantener la dinámica de los sectores competitivos. Pero eso parece difícil con las rigideces del mercado interno, la indexación salarial y una política monetaria que lleva el fortalecimiento de la moneda. Allí hay un dilema difícil que habrá que buscar resolver de la mejor manera en los próximos meses.
El planteo del Fondo Monetario acerca de la necesidad de mayor comercio es acertado, aunque tal vez debería hacerlo con mayor vigor si es que tiene verdadera influencia sobre las principales economías. El organismo señala que hay oportunidades para desarrollar comercio intrarregional, tanto a través de acuerdos como reduciendo barreras burocráticas y logísticas.
Pero en este plano, se rema contracorriente: en el contexto global actual hay un estancamiento en las negociaciones bilaterales o multilaterales para acuerdos comerciales, cuando no un retroceso hacia el proteccionismo. Un escenario más amigable en este plano sería tremendamente ventajoso para Uruguay y el gobierno tiene aspiraciones de avances, al menos modestos, en el marco del próximo viaje del presidente Luis Lacalle Pou a Estados Unidos y China.
Finalmente, el documento del FMI -también lo remarcó Valdés en la conferencia- destaca la relevancia de encarar los problemas de inseguridad pública, que se han agravado en la región. Eso también conspira contra el crecimiento y el desarrollo de largo plazo. Uruguay tampoco es excepción.



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