El avance del mar sobre la costa uruguaya dejó de ser una amenaza futura para convertirse en un problema económico, social y ambiental que destruye playas, compromete actividades productivas, arrasa con viviendas y obliga al país a acelerar medidas de adaptación frente a un cambio climático que se vuelve cada vez más evidente.
Un diagnóstico elaborado por la Dirección Nacional de Cambio Climático (Dinacc) muestra que el futuro ya llegó a la costa que atraviesa una transformación impulsada tanto por fenómenos climáticos como por las malas formas de ocupar los terrenos. Para mitigar su impacto, el Ministerio de Ambiente, junto con CAF - Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe impulsan REACC Costas (Resiliencia y Adaptación de la Zona Costera ante la Variabilidad y el Cambio Climático).
Los datos que sustentan el proyecto reflejan la magnitud del desafío. Actualmente, cerca del 42% de la costa del Río de la Plata y el 32% de la costa atlántica presentan procesos de erosión. A esto se suma que, en los últimos 65 años, la temperatura media del país aumentó casi un grado y el nivel del mar en Montevideo se incrementó 11 centímetros, de los cuales entre dos y tres se registraron solamente en los últimos 30 años.
La directora de la Dinacc, María Fernanda Souza, aseguró a Ámbito que no se trata de "un riesgo lejano", sino de "una transformación que ya afecta playas, barrancos, ecosistemas, viviendas e infraestructura en los seis departamentos costeros del país”.
La factura del cambio climático
Las lluvias intensas, las sudestadas y las mareas extraordinarias son las maneras en las que el cambio se manifiesta. En algunos casos, el nivel del mar llegó a ubicarse hasta tres metros por encima de los valores normales y esas inundaciones arrasaron con caminos, desagües y hasta casas. Hoy, alrededor de 100.000 personas y más de 34.000 viviendas se encuentran en áreas consideradas inundables.
Souza señaló que el país cuenta ahora con más información científica y explicó que prácticas como la urbanización de zonas sensibles, la alteración de humedales, los drenajes pluviales que desembocan en las playas, la expansión de especies exóticas invasoras o el tránsito de vehículos sobre las dunas incrementaron la vulnerabilidad de la costa.
“Muchas de esas decisiones se tomaron en contextos donde la evidencia disponible era menor o donde la adaptación climática todavía no ocupaba el lugar que ocupa hoy en la planificación pública. El desafío ahora es usar el conocimiento disponible para corregir vulnerabilidades, planificar mejor y evitar que los riesgos se profundicen”, afirmó.
Lo que el agua se lleva
Según las estimaciones oficiales, la erosión genera pérdidas cercanas a los 45,5 millones de dólares anuales, cifra que podría aumentar otro 25% antes de finales de siglo si no se implementan medidas de adaptación. “Perder playa es perder economía”, resumió Souza.
El turismo costero de sol y de playa es de los sectores más golpeados por el cambio climático. Entre 2020 y 2026 representó, en promedio, el 6,2% del Producto Interno Bruto (PIB) del país. En departamentos como Maldonado, la actividad turística genera el 12,3% de los puestos de trabajo; en Colonia alcanza el 9%, mientras que en Rocha representa el 7,2%.
El fenómeno repercute en toda la cadena, desde hoteles y restaurantes hasta comercios, transporte, servicios y actividades recreativas. A ello se suma el impacto sobre el mercado inmobiliario, ya que en todos los escenarios de inundación proyectados los bienes residenciales se desvalorizan. Y la pesca artesanal tampoco queda ajena ya que también amenaza a las más de 700 embarcaciones dedicadas a la actividad y a los más de 1.500 tripulantes cuyos medios de vida dependen del ecosistema costero y marino.
Inundaciones Litoral
La cantidad de afectados por inundaciones podría aumentar un 300% hacia final de siglo.
Foto: Intendencia de Salto
El estudio de la Dinacc indica que el número de personas afectadas por inundaciones costeras podría aumentar un 300% hacia el final del siglo. Además, al menos 20 playas uruguayas podrían desaparecer o reducirse. La zona que encabeza el mapa de riesgo es Juan Lacaze, en el departamento de Colonia, con casi una cuarta parte de la población ubicada en áreas inundables. También aparecen como puntos críticos los barrios del Cerro, en Montevideo, y Autódromo y Penino, en San José. En Maldonado, el tramo comprendido entre el arroyo Tarariras y la cañada Zanja Honda concentra la mayor amenaza de erosión costera del país, mientras que en La Paloma las proyecciones indican que la playa La Aguada podría desaparecer hacia finales de siglo.
El mar no espera
Frente a este panorama, el gobierno debe remar contra la corriente y desarrollar acciones que mitiguen el impacto. En este sentido, se creó un sistema de alerta temprana para inundaciones costeras, previsto dentro del Reacc Costas. El plan comenzará en Juan Lacaze como experiencia piloto y combinará información sobre lluvias, caudales de cursos de agua y aumento del nivel del mar, mediante un sistema de monitoreo con equipos hidrométricos, un mareógrafo en tiempo real, una estación meteorológica y un modelo automatizado de pronóstico desarrollado por la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República (Udelar).
El objetivo es que las advertencias no se limiten a datos técnicos, sino que indiquen qué zonas podrían inundarse, cuántas viviendas estarían afectadas y qué infraestructura podría sufrir daños, permitiendo a las autoridades y a la población actuar con anticipación. Además de las obras y la incorporación de tecnología, el proyecto contempla una fuerte participación de las comunidades costeras. “La adaptación no puede ser una política diseñada exclusivamente desde un escritorio. Necesita ciencia, planificación, inversión pública y participación social. La costa se protege mejor cuando quienes la habitan también forman parte de las decisiones”, sostuvo Souza.
El programa contará con financiamiento del Fondo de Adaptación, un mecanismo internacional que dona recursos para proyectos en países en desarrollo. “Todavía estamos a tiempo de evitar los escenarios más severos, pero para eso es necesario actuar ahora. La adaptación costera no puede esperar a que el daño sea irreversible”, concluyó la directora nacional de Cambio Climático.