El CAF - Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe destacó a Uruguay como un ejemplo "exitoso" en la implementación de marcos regulatorios para la inversión en el sector forestal y en cuanto al potencial en materia energética, clave para avanzar en un cambio de paradigma para el desarrollo de la región.
El CAF publicó una nueva edición del Reporte de Economía y Desarrollo (RED), denominada "Raíces del futuro: El nuevo mundo rural de América Latina y el Caribe", que examina el papel del mundo rural como motor del desarrollo regional desde una mirada integral que articula población, mercados laborales, sistemas productivos y servicios e infraestructura; y en el marco de un proceso de transformación profunda que atraviesan las áreas rurales de la región.
Según el organismo, estos ámbitos "concentran hoy un potencial estratégico para el desarrollo económico, la provisión de bienes esenciales, la sostenibilidad ambiental y la conservación cultural, en un contexto marcado por la transición energética, el cambio climático y la reconfiguración de las cadenas de valor globales"; pero también "enfrentan desafíos persistentes en ingresos de los hogares, acceso a servicios, infraestructura y capacidades productivas que limitan su contribución al crecimiento y a la reducción de la desigualdad en la región".
Uruguay, un ejemplo "exitoso"
El documento de trabajo parte de la idea de que el desarrollo económico de América Latina y el Caribe está estrechamente ligado a sus territorios rurales, en los que se concentran recursos estratégicos como la producción de alimentos, la energía, la biodiversidad, los bosques y los minerales críticos. En ese sentido, y si bien la región es líder global en la exportación de alimentos, persiste una brecha importante entre el potencial de sus recursos naturales y su productividad efectiva; y es necesario también impulsar el sector no solo como un espacio agropecuario, sino modernizarlo y diversificarlo económicamente en función de las oportunidades que abre el nuevo escenario mundial.
En este contexto, el CAF señaló a Uruguay como uno de los ejemplos "exitosos" —junto con Brasil— en cuanto a la implementación de "marcos regulatorios claros, agilidad administrativa y políticas nacionales de fomento" para el desarrollo del sector forestal —uno de los que mayores oportunidades presenta para la diversificación antes mencionada— y las inversiones en esta actividad a largo plazo.
De hecho, el informe destacó que "la región ha experimentado el mayor crecimiento global en plantaciones forestales (195 % entre 1990 y 2022), con 22,5 millones de hectáreas plantadas, concentradas en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay". Esta expansión se apoya en la alta productividad, las ventajas comparativas locales y su potencial para atender el crecimiento de la demanda mundial de productos forestales sostenibles, proyectado en el 37% hasta 2050; a lo que se le suma, en el caso uruguayo, políticas acertadas para la obtención del apoyo financiero a largo plazo para impulsar y desarrollar el sector.
Otros aspectos destacados del agro de Uruguay es que lo posiciona como uno de los países de América Latina con el mayor valor agregado agropecuario por trabajador —entre 20.000 y 25.000 dólares constantes de 2015—; a la vez que registra el porcentaje más alto de población rural (94%) que vive a menos de 2 kilómetros de una ruta en toda la región, cifra que supera los promedios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y Norteamérica, y que da cuenta de un alto acceso a servicios en las zonas rurales.
Asimismo, el país —junto con Brasil y Chile— pertenece a las excepciones del fenómeno pobreza rural debido a su nivel de productividad. “En 2023, la incidencia fue del 41% entre los hogares agrícolas y del 43% entre los agrícolas independientes, frente al 27% entre los no agrícolas”, indicó el informe.
El potencial en materia energética
El informe del CAF resaltó también que la agricultura en América Latina y el Caribe tiene “una posición estratégica en el contexto de la transición energética global, dada su abundancia de recursos naturales, como los minerales críticos (recursos naturales esenciales para el desarrollo tecnológico), y sus condiciones favorables para la producción de combustibles bajos en carbono” y agregó que como resultado, esto permitiría diversificar el empleo y los ingresos de la población rural.
El importante potencial en el desarrollo de biocombustibles, un amplio acceso al agua dulce y la capacidad de generación eléctrica se posicionan, además, como elementos claves para la producción de hidrógeno verde, un área en el que Uruguay ya avanza considerablemente, de la mano de una matriz energética mayormente con fuentes renovables.
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