El fenómeno de El Niño puede generar condiciones favorables para recuperar la producción de algunos de los principales bienes de exportación, con una cosecha de soja que podría alcanzar los 3,1 millones de toneladas en 2026/27, aunque la mejora productiva no necesariamente se traducirá en mejores resultados comerciales ante una competencia internacional que seguirá siendo fuerte.
Así lo plantea el último informe Foco Exportador de la Unión de Exportadores del Uruguay (UEU), que analiza cómo las condiciones climáticas previstas pueden modificar simultáneamente la producción nacional y la de los principales competidores del país en mercados como soja, maíz, trigo, cebada, colza, carne bovina, lácteos y frutas.
El escenario presenta oportunidades para algunos sectores después del impacto de la sequía, pero también un riesgo: que una recuperación de la oferta uruguaya coincida con una elevada producción internacional y termine presionando los precios, mientras el exceso de lluvias a nivel local puede afectar la calidad, elevar costos y reducir los márgenes de los exportadores.
La soja ante una cosecha mundial récord
Uno de los principales focos está puesto en los granos de verano. La mayor probabilidad de lluvias asociada a El Niño ofrece una oportunidad de recuperación para la soja y el maíz de secano, después de una zafra fuertemente afectada por el déficit hídrico.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyectó que, bajo condiciones climáticas favorables, la producción uruguaya de soja podría alcanzar los 3,1 millones de toneladas durante la campaña 2026/27.
La recuperación se produciría, sin embargo, en un mercado internacional con una oferta particularmente elevada. La cosecha mundial de soja alcanzaría un récord de 442,3 millones de toneladas y Brasil y Argentina seguirían dominando el mercado regional.
En ese escenario, el informe advierte que las lluvias pueden elevar los rendimientos nacionales, pero una buena cosecha simultánea en ambos países vecinos limitaría los precios de la soja y el maíz. En el caso del arroz, la estrategia deberá sostenerse en la calidad y en mercados específicos.
La posibilidad de recuperación adquiere mayor relevancia después del fuerte impacto de la sequía sobre la última zafra. El rendimiento de la soja cayó 45% en 2025/26 frente al ciclo anterior, mientras las exportaciones entre abril y agosto retrocedieron 45,3% medidas en dólares y 49,6% en toneladas.
Los competidores también juegan con el clima
Para los granos de invierno, la situación internacional presenta un panorama diferente. La menor probabilidad de lluvias prevista para el sur y este de Australia podría reducir su potencial productivo y brindar cierto apoyo al mercado, aunque las proyecciones todavía contemplan una producción de trigo australiano de 28 millones de toneladas y de 21 millones para Argentina.
En el caso uruguayo, una primavera húmeda puede favorecer los rendimientos, pero lluvias excesivas durante etapas sensibles de los cultivos o durante la cosecha podrían provocar pérdidas y aumentar los costos. Por eso, incluso una eventual mejora de los precios internacionales no necesariamente implicaría mejores márgenes.
La competencia también será significativa para la colza y la cebada. La primera enfrenta una fuerte oferta de Canadá, la Unión Europea, China e India, mientras el USDA proyecta una producción uruguaya de 530.000 toneladas para 2026/27.
En cebada, la diferencia de escala es considerable: Australia y la Unión Europea tendrían exportaciones de 7,5 millones y 7,3 millones de toneladas, respectivamente, frente a apenas 180.000 toneladas de Uruguay. Una eventual sequía australiana podría sostener los precios, aunque un exceso de humedad a nivel local pondría en riesgo la calidad del producto uruguayo.
Carne y lácteos también enfrentan desafíos
Para la cadena cárnica, una mayor disponibilidad de agua y pasturas podría contribuir a recuperar el peso y la oferta de ganado, en un mercado que presenta precios elevados y donde la carne bovina acumula un incremento promedio del 18% en lo que va del año.
Sin embargo, la competencia internacional aparece nuevamente como un factor determinante. El USDA proyecta para 2026 una producción de carne bovina de 12,4 millones de toneladas en Brasil y de 2,9 millones en Australia, al mismo tiempo que prevé una caída del 13% de las importaciones de China.
El informe identifica allí una posible oportunidad: si la sequía limita la oferta australiana y Uruguay consigue aumentar su producción, podría abrirse un mayor espacio comercial para la carne nacional.
En los lácteos, en tanto, el USDA proyecta aumentos en la producción de leche de Nueva Zelanda, Estados Unidos, la Unión Europea y Australia, mientras Nueva Zelanda podría alcanzar un récord de 22,5 millones de toneladas durante 2026.
El Niño podría limitar el crecimiento de las pasturas en Australia y Nueva Zelanda por la sequía prevista para esos mercados, mientras Uruguay podría contar con una mayor disponibilidad de forraje. Sin embargo, el beneficio dependerá de que la mejora productiva coincida con precios internacionales firmes y no sea neutralizada por una mayor expansión de los principales competidores.
La misma tensión aparece en la fruticultura, donde Uruguay deberá competir con exportadores de gran escala. Las proyecciones contemplan un récord de 1,9 millones de toneladas de naranjas exportadas por Egipto y 1,5 millones por Sudáfrica, además de una mayor oferta de mandarinas chilenas y limones provenientes de México y Sudáfrica.
Así, una mayor producción derivada de las condiciones climáticas no garantiza por sí sola mejores resultados para el sector exportador: la capacidad de conservar la calidad, aprovechar las ventanas comerciales y competir frente a una elevada oferta internacional será determinante para transformar una eventual recuperación productiva en mayores oportunidades comerciales.