1 de octubre 2026 - 13:19

Del impacto de la sequía a los temores por El Niño, las alarmas del clima para las exportaciones del agro

La Unión de Exportadores del Uruguay repasó los efectos del déficit hídrico y advirtió sobre las posibles consecuencias del exceso de lluvias.

Del impacto de la sequía a los temores por El Niño, las alarmas del clima para las exportaciones del agro.

Del impacto de la sequía a los temores por El Niño, las alarmas del clima para las exportaciones del agro.

El clima viene siendo uno de los factores más determinantes para la economía del año en Uruguay —sumado a los conflictos geopolíticos, con un impacto no menor a nivel global y local—, sobre todo en lo que respecta a las exportaciones, que responden en un 80% a la agroindustria: ¿cuáles son las alarmas para el sector?

El factor climático siempre es fundamental en lo que al desempeño de la actividad agroindustrial respecta, pero, este año, incide particularmente: primero, de la mano de la sequía del verano 2025/2026, con fuertes repercusiones en la soja, el principal cultivo de exportación del país; y, ahora, con los pronósticos de un fenómeno El Niño de gran intensidad y con una manifestación de exceso de lluvias en parte del territorio nacional.

Ante esta situaciones, la Unión de Exportadores del Uruguay (UEU) advirtió sobre el "escenario desafiante" que presentan los fenómenos meteorológicos adversos, los cuales pueden canalizarse de cuatro formas en el resultado exportador: oferta física, estructura de costos, características del producto y comercio exterior.

Señales de alarma por El Niño

El informe de la UEU señala que, como antecedente más destacable de un fenómeno El Niño intenso, está el que ocurrió en el período 2015/16, cuando las lluvias "extraordinarias" se dieron entre diciembre y enero, "con acumulados diarios superiores a 100 milímetros en numerosas localidades, un máximo de 253 mm en 24 horas y estaciones meteorológicas del norte con mediciones de 500 mm". En ese entonces, "el exceso hídrico afectó los períodos de siembra y cosecha, obstaculizó el desplazamiento en la caminería rural y produjo restricciones operativas" que resultaron en una caída del 7,3% en las exportaciones de bienes del 2016.

En ese sentido, detalló los diferentes impactos esperados según el sector de actividad agroindustrial. Por ejemplo, señaló efectos dispares en los cultivos de invierno, pero alertó por mayores probabilidades de enfermedades asociadas a la acumulación de agua en la mayoría de estas plantaciones. Para la ganadería extensiva, en tanto, el escenario puede ser positivo desde la mayor disponibilidad de forraje y mejores resultados productivos y reproductivos, aunque el desafío estará en la calidad, por la acumulación de pasto de menor valor nutritivo.

Asimismo, el barro se presentará como el principal problema para la lechería y los corrales de engorde, mientras que el exceso de lluvias puede generar perjuicios en la fruticultura, incluso ante la mayor disponibilidad de agua y el menor riesgo de heladas. "En todos los casos es especialmente sensible contar con los insumos y bienes de capital (maquinaria y repuestos, entre otros) en tiempo y forma para evitar poner en riesgo la ventana de siembra o cosecha", advirtió la UEU.

El arrastre de la sequía en el agro

Este escenario tenso para los próximos meses se da luego de un verano 2025/26 "seco a escala nacional y muy seco en algunas zonas", que incluso llevó la Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) a declarar la emergencia agropecuaria en varias regiones. De hecho, según datos del Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet), el período diciembre-febrero fue el tercero menos lluvioso desde 1980, medido en días de lluvia, y el sexto en milímetros de lluvia acumulada; y se dio, además, con temperaturas más elevadas de lo habitual.

El impacto más visible en términos de producción y exportación se dio en la soja, cuyo rendimiento cayó 45% en la zafra correspondiente frente al año previo; mientras que las exportaciones de la oleaginosa se redujeron en un 45,3% medidas en dólares en el período abril-agosto, y un 49,6% medidas en toneladas. En consecuencia, agosto fue "un mes particularmente negativo" en cuanto a exportaciones, con fuertes caídas en ingresos (-70%) y en volumen (-75%).

De todos modos, las pérdidas no se limita a una menor cosecha: "los costos fijos, como lo son la renta de la tierra y los servicios contratados, se distribuyen entre menos toneladas producidas". "Esto reduce el capital de trabajo y aumenta el costo de cada tonelada obtenida. En sistemas arrendados o endeudados un resultado negativo puede condicionar la capacidad de inversión para la siembra siguiente, dejando secuelas hacia adelante", agregó el informe de la UEU.

En tanto, el déficit hídrico también impactó a las cadenas cárnica y láctea, por menor crecimiento de pasturas, mayor necesidad de suplementación, menor disponibilidad de agua, ajustes de carga, adelanto de ventas y presión sobre la condición corporal y la reproducción. Y, finalmente, la incidencia de la sequía se evidenció asimismo en las cuentas nacionales, con una contracción de 22,2% en el índice de volumen físico del sector agropecuario en el segundo trimestre del año, en comparación con igual período del año anterior, y con una caída en el volumen exportado de 3,9%18. El Producto Interno Bruto (PIB) en el trimestre cayó 0,5% debido a la incidencia positiva de otros sectores.

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