Un informe especial de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) sobre los efectos del fenómeno de El Niño en la región ubica a Uruguay dentro del Cono Sur, junto al sur de Brasil, el norte de Argentina y el centro de Chile como una de las zonas que experimentará "un aumento significativo de las lluvias por encima del promedio normal", lo que elevará "el riesgo de inundaciones fluviales generalizadas",
Con un 75% de probabilidad de lluvias récord, el fenómeno de El Niño amenaza la producción agrícola antes de fin de año
La intensidad de los desbordes fluviales podría destruir cultivos y neutralizar la infraestructura vial.
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Aunque las lluvias podrían elevar los volúmenes exportables, la altísima probabilidad de desbordes e inundaciones pone en riesgo las cosechas del sector productivo y la logística comercial antes del inicio del verano.
El documento, publicado esta semana con datos citados de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), clasifica al episodio en curso como un "probable Súper El Niño". Según cita la Cepal de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), El Niño continuará fortaleciéndose con una "probabilidad superior al 90% de alcanzar una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno boreal 2026-2027". Para el trimestre octubre-diciembre de este año, la NOAA estima además una probabilidad del 75% de que el fenómeno alcance una magnitud histórica con proyecciones de anomalías en la temperatura superficial del mar superiores a los 3,0 °C.
El informe señala que, a diferencia de otras zonas de la región que sufren sequía, en el norte de Argentina y en Uruguay El Niño "puede desencadenar precipitaciones en mayor cantidad de lo usual, beneficiando las cosechas y abriendo las opciones a mayores exportaciones", en un contexto internacional en el que otras geografías afectadas por sequía podrían necesitar aumentar sus importaciones.
La Cepal aclara, sin embargo, que ese beneficio potencial convive con un riesgo concreto: "Existe el riesgo de inundaciones que podrían afectar a la misma actividad agrícola y también las infraestructuras necesarias para el comercio".
Los países más golpeados
El reporte recuerda que los episodios extremos de El Niño no son un fenómeno nuevo para la región, ya que el de 1982-1983 generó pérdidas de 4.000 millones de dólares en Perú, Bolivia y Ecuador, equivalentes al 10% del PIB conjunto de esos países, mientras que la Cepal estima que este fenómeno extremo de ahora podría provocar una pérdida acumulada de hasta el 2% del PIB regional y un deterioro del balance primario de los países afectados.
Entre las diez recomendaciones de política que propone el organismo para toda la región figuran fortalecer la planificación de largo plazo frente al riesgo climático, invertir en infraestructura resiliente y sistemas de alerta temprana, y desarrollar mecanismos financieros y seguros climáticos que permitan transferir riesgo sin desestabilizar los presupuestos nacionales tras un evento extremo.
El informe recuerda que los efectos de El Niño sobre el crecimiento económico no son transitorios ni proporcionales, según cita la CEPAL, el episodio de 1997-1998, uno de los más intensos registrados, provocó una pérdida del ingreso mundial estimada entre 2,1 billones de dólares y 5,7 billones de dólares, equivalentes a un promedio anual de entre 0,8% y 1,4% del PIB mundial durante los años en que persistieron sus efectos. La magnitud del impacto, además, no crece de forma lineal, sino que aumenta más que proporcionalmente a medida que se intensifica el fenómeno.
La revisión de estudios que hace la Cepal muestra que las mayores pérdidas económicas se concentran en Ecuador, Perú y Colombia. En un escenario de El Niño extremo, la tasa de crecimiento del PIB real se reduciría 4,4% en Ecuador y 4,1% en Perú, mientras que en Colombia el impacto sería de 0,9 puntos y en Chile de alrededor de 0,5 puntos.
Para el conjunto integrado por Centroamérica, Panamá y República Dominicana, junto con Colombia, Ecuador y Perú, la pérdida acumulada de PIB real ronda el 1%, con efectos que se observan entre el primer y el segundo año posteriores al episodio.
Los sistemas eléctricos de la región, bajo presión
Para el trimestre octubre-diciembre de 2026, la probabilidad de déficit de precipitaciones que amenaza a la generación hidroeléctrica llega al 60% a escala regional, con un 31,1% del territorio en condición de alerta elevada. El Corredor Seco Centroamericano enfrenta un déficit hídrico de entre 89% y 92%, mientras que hacia fin de año Brasil y Bolivia muestran el mayor deterioro relativo con el riesgo saltando de 48% a 72% y de 28% a 66%, respectivamente. Brasil concentra además el mayor riesgo eólico por el tamaño de su parque instalado, y Chile emerge como el principal foco de riesgo para la generación solar.
El aumento en los costos de generación, advierte la Cepal, puede trasladarse a tarifas más altas, mayores subsidios públicos o un deterioro financiero de las empresas eléctricas, con un impacto que golpea de forma desproporcionada a los hogares de menores ingresos.
El fenómeno también altera la actividad ciclónica, la NOAA estima para 2026 una probabilidad de 55% de que la temporada de huracanes en el Atlántico tenga una actividad inferior a la media, mientras que El Niño tiende a favorecer una mayor actividad en el Pacífico central y oriental. En el plano social, la Cepal proyecta que los efectos del fenómeno podrían aumentar la pobreza en hasta 4,8 millones de personas hacia el final de la década en toda la región, por la pérdida de ingresos derivada del choque inflacionario en alimentos y energía.
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