Los precios del petróleo cerraron marzo con ganancias históricas, aunque retrocedieron en la última jornada tras versiones no confirmadas de que Irán estaba dispuesto a poner fin a la guerra bajo ciertas condiciones, lo que moderó las expectativas de escasez global.
El precio del petróleo cerró el mes con una suba histórica del 64% pese a la tregua de la última jornada
El Brent y el WTI acumulan ganancias récord impulsadas por el conflicto con Irán y el riesgo de un cierre prolongado del estrecho de Ormuz.
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El petróleo saltó casi un 6% tras el enfriamiento de las expectativas de un alto el fuego en Medio Oriente
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El petróleo subió tras una semana de aumentos
El petróleo marcó su mayor suba mensual en décadas en medio de la guerra de Medio Oriente.
El mercado se mantuvo altamente volátil durante todo el mes, atravesado por el conflicto en Medio Oriente, las amenazas sobre el estrecho de Ormuz y señales diplomáticas contradictorias entre Washington y Teherán.
Los futuros del crudo reflejaron ese escenario: el contrato más activo del Brent para junio cerró con una caída de 3,42 dólares, a 103,97 dólares por barril, mientras que el WTI estadounidense bajó 1,50 dólares, hasta los 101,38 dólares.
Subas históricas en marzo impulsadas por la guerra
A pesar del retroceso diario, marzo dejó un saldo extraordinario para el mercado energético. El Brent acumuló una suba mensual del 64%, la mayor desde que existen registros comparables (1988), mientras que el WTI avanzó cerca de un 52%, su mejor desempeño desde mayo de 2020.
La escalada respondió principalmente a la intensificación del conflicto con Irán, que derivó en ataques a infraestructura energética y en interrupciones sin precedentes en el suministro de petróleo y gas.
Durante las cuatro semanas previas, los precios habían subido de forma sostenida ante el temor a un cierre prolongado del estrecho de Ormuz, una vía clave por donde circula cerca de una quinta parte del crudo mundial.
Señales de negociación hicieron caer los precios
El giro bajista se produjo tras reportes de medios internacionales que indicaron que el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, habría manifestado su disposición a poner fin a la guerra, siempre que se establecieran garantías.
Ese escenario abrió la posibilidad de una reapertura del estrecho de Ormuz y de una normalización gradual de la oferta, lo que redujo la prima de riesgo incorporada en los precios.
Sin embargo, las versiones no fueron confirmadas oficialmente y el mercado reaccionó con cautela, en un contexto donde cada señal política generó movimientos bruscos en las cotizaciones.
Caída de la producción de la OPEP
En paralelo, la oferta global se vio fuertemente afectada. La producción de la OPEP se desplomó en 7,3 millones de barriles diarios en marzo, hasta los 21,57 millones, el nivel más bajo desde junio de 2020, en plena pandemia.
La caída respondió principalmente a recortes forzados en exportaciones por las dificultades logísticas y los riesgos en rutas marítimas, especialmente en el Golfo Pérsico.
Irak lideró las bajas, mientras que Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos lograron amortiguar el impacto gracias a rutas alternativas de exportación.
Volatilidad extrema por tensiones geopolíticas
El comportamiento del mercado estuvo marcado por oscilaciones constantes. A lo largo del mes, los precios retrocedieron cada vez que Estados Unidos sugirió una posible reducción del conflicto, pero retomaron la tendencia alcista ante nuevas amenazas sobre el tránsito marítimo en Ormuz.
Desde Washington, el gobierno estadounidense advirtió que intensificaría las acciones militares si no se alcanzaba un acuerdo, mientras que Irán respondió con amenazas a empresas occidentales en la región. En ese contexto, también se registraron ataques a buques petroleros y crecieron los riesgos ambientales por posibles derrames.
Menor producción en EEUU y presión sobre la demanda
A la tensión internacional se sumaron factores internos en Estados Unidos. La producción de crudo cayó en enero en 410.000 barriles diarios, hasta los 13,25 millones, el nivel más bajo en casi un año, afectada por una fuerte tormenta invernal.
Al mismo tiempo, el consumo de combustibles también se redujo, con una caída significativa en la demanda de gasolina, aunque aumentó el uso de destilados por las bajas temperaturas.
El encarecimiento del petróleo impactó en los precios minoristas: la gasolina superó los 4 dólares por galón por primera vez desde 2022, lo que comenzó a generar presión sobre la demanda.
Incertidumbre persistente en el mercado
Pese a las señales de posible desescalada, los analistas coincidieron en que la incertidumbre seguiría dominando el mercado. Incluso en un escenario de menor tensión, la reconstrucción de la infraestructura dañada y la normalización de los flujos comerciales demandarían tiempo, manteniendo limitada la oferta.
Además, el uso de reservas estratégicas por parte de Estados Unidos y otros países fue visto como una solución transitoria, incapaz de compensar un eventual cierre prolongado del estrecho de Ormuz.
En ese contexto, el mercado petrolero quedó expuesto a nuevos shocks, con precios que continuaron dependiendo más de las expectativas geopolíticas que de fundamentos tradicionales de oferta y demanda.
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