La economía uruguaya sigue peleando el empate, con indicadores mixtos de actividad, pero con un diagnóstico casi consensuado de que el crecimiento será muy modesto este año. El Índice Líder de Ceres plantea que el segundo trimestre fue positivo, algo que habrá que corroborar con los datos del PIB. El índice había retrocedido en el primer trimestre, pero el PIB tuvo un avance modesto. Habrá que ver que sucede ahora. En cualquier caso, el crecimiento proyectado es muy bajo para este año, en el orden del 1,6% para el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), del 1,3% para el Banco Central del Uruguay (BCU) e incluso algo menor para varios analistas.
En este contexto, la semana arrancó con novedades preocupantes. La industria tuvo una fuerte caída interanual en mayo, con especial incidencia de la frigorífica y otras agroindustrias. En junio la faena se recuperó y la incidencia negativa de la industria frigorífica en el promedio del desempeño se moderará; pero la producción industrial sigue afectada por los altos costos locales y va desacelerando.
A su vez, mientras arranca la discusión sobre la Rendición de Cuentas, la calificadora Moody’s divulgó un análisis sobre la situación y económica y fiscal del Uruguay, con una advertencia explícita en cuanto a que la trayectoria de la deuda en relación al PIB sigue al alza y a un ritmo intenso, pasando de 60% en 2025 a más de 65% en 2030; agrega que la senda de consolidación planteada en la Rendición de Cuentas es insuficiente para estabilizar la deuda pública bruta.
No se trata de un comunicado sobre calificación de deuda, sino un análisis económico (Moody’s mantiene la calificación de la deuda soberana uruguaya dos escalones dentro del Grado Inversor). Pero, viniendo de quien viene, hay que prestar especial atención. Moody’s plantea un asunto que no por sabido deja de ser relevante: los gastos proyectados son fijos, es decir, están establecidos por el Presupuesto aprobado el año pasado y por la Rendición de Cuentas, que este año le agrega el equivalente a 31 millones de dólares; pero los ingresos son variables y dependen de la marcha de la economía y de cómo ésta se traduce en mayor recaudación.
La trayectoria de la deuda en relación al PIB sigue al alza y a un ritmo intenso.
Gasto, impuestos y recaudación
Esto último es un asunto no menor. Las economías -y la uruguaya no es la excepción- pueden crecer con diferentes fundamentos y eso genera aumentos más o menos contundentes de recaudación. A modo de ejemplo, si el crecimiento depende de estimular inversiones con exoneraciones de impuestos y/o estímulos de diverso tipo, seguramente la recaudación directa de impuestos a la renta no responderá mucho, aunque sí se moverá la recaudación vinculada al empleo y el consumo (efecto indirecto). La correlación entre crecimiento y recaudación no es siempre la misma.
A su vez, los impuestos tienen comportamientos diferentes. Los indirectos, vinculados al consumo, suelen ser más estables, mientras los impuestos a la renta empresarial dependen más del ciclo económico y -obviamente- de la rentabilidad de las firmas. Esto es más claro aún para el nuevo Impuesto Mínimo Complementario Doméstico (IMCD), a través del cual el equipo económico proyecta recaudar unos 350 millones de dólares anuales.
Alineado con la OCDE, Uruguay busca recaudar para sí parte del impuesto a la renta de los grupos multinacionales alcanzados. Pero algunos técnicos y economistas están percibiendo que la cifra estimada puede resultar algo optimista. Muchos grupos internacionales con actividad en el país quedarían alcanzados por el impuesto… pero esto no quiere decir que la recaudación responda linealmente a la renta actual en Uruguay; puede haber reconfiguraciones, reestructuras y hasta criterios contables en juego, que alteren esa proyección de ingresos. Y -por supuesto- también puede haber cambios de mediano plazo en las decisiones de inversión, ante el nuevo marco tributario, lo que afecta la recaudación proyectada.
Algo similar puede suceder con las proyecciones de ingreso por la extensión del IRPF a las rentas en el exterior. En todos los casos se estima una mayor recaudación, la duda es cuánto será el incremento. A su vez, la mayor parte del incremento de ingresos proyectado en este período se adjudica a una mayor “eficiencia recaudatoria” de la DGI. Según Moody’s, estos procesos suelen materializarse lentamente.
La situación en Medio Oriente potencia la incertidumbre
Según la calificadora, esta situación deja a la economía más vulnerable, en el frente fiscal, ante shocks externos. Y como si el libreto estuviera pronto, justo en las últimas horas la situación en el Golfo Pérsico se ha agravado, con el petróleo “saltando” a más de 83 dólares por barril en el caso del Brent. El presidente Yamandú Orsi y la ministra de Industria, Energía y Minería, Fernanda Cardona, habían advertido -en momentos en que se decidió bajar los combustibles a principios de este mes- que se debía seguir de cerca la situación, porque podía alterarse en cualquier momento. Las noticias de las últimas horas les dieron la razón.
Esta réplica del conflicto en Medio Oriente causa una incertidumbre potenciada, porque todo indica que los posibles factores que en su momento permitieron iniciar una tregua, ahora ya habría dejado de operar; por eso nos preguntamos ¿Y ahora qué?
Para Uruguay, que es un importador neto de petróleo, es una muy mala noticia y -precisamente- configura un factor externo negativo que expone la fragilidad de Uruguay en el plano fiscal y en su escaso crecimiento económico. Se podrán hacer maniobras de corto plazo con el precio de los combustibles, pero el impacto se sintió y se sentirá en la economía. Por si fuera poco, la semana también comenzó con un aumento en la tasa de interés por la caída en los bonos de EEUU (están pagando 4,6% anual a 10 años). El escenario complicado ya no hay que esperarlo. Está aquí.