Bandido Studio nació en 2016 como un proyecto universitario de Alejandro Campos y Joel Rojas, dos diseñadores industriales egresados del Tecnológico de Monterrey, campus Puebla. Lo que comenzó con el desarrollo de una lámpara se convirtió en una marca mexicana de iluminación decorativa que combina diseño contemporáneo, producción nacional y exploración de materiales.
La empresa surgió de una idea académica que sus fundadores decidieron llevar más allá de las aulas. Después de desarrollar un prototipo y presentarlo en una convocatoria de diseño, ambos detectaron que existía una oportunidad para comercializar sus creaciones y construir un negocio propio.
A diez años de su fundación, Bandido Studio se consolidó como una firma especializada en luminarias y amplió su actividad hacia el mobiliario y el interiorismo. Su propuesta busca posicionar el diseño mexicano en el mercado internacional mediante piezas que combinan funcionalidad, estética y procesos de manufactura locales.
Cómo surgió Bandido y cómo fue creciendo
La historia de Bandido Studio comenzó cuando Alejandro Campos y Joel Rojas todavía estaban vinculados con la universidad. Su último proyecto académico conjunto fue el punto de partida para desarrollar una lámpara que, en un primer momento, existía solamente como un boceto y un prototipo.
En 2015, los diseñadores encontraron una oportunidad para exhibir su creación en Decode, un evento de diseño realizado en Monterrey. Prepararon la pieza, experimentaron con distintos colores y prototipos, y enviaron el material para participar en la convocatoria. La lámpara fue seleccionada y la respuesta del público los impulsó a dar el siguiente paso: convertir el proyecto en una propuesta comercial.
El lanzamiento formal de la marca llegó en abril de 2016. En lugar de limitarse a diseñar un producto para cumplir con una consigna académica, Campos y Rojas apostaron por desarrollar una identidad propia alrededor de la iluminación y explorar las posibilidades de la luz para transformar los espacios.
La idea no consistía únicamente en fabricar lámparas funcionales. Los fundadores buscaban experimentar con la relación entre luz, sombra, materiales y texturas, con piezas capaces de modificar la percepción de un ambiente y aportar una identidad visual a los interiores.
Durante los primeros años, ambos también acumularon experiencia profesional en distintos despachos antes de apostar de lleno por su proyecto. Esa etapa les permitió conocer mejor los procesos de diseño y producción, así como las dificultades de llevar una idea desde el papel hasta su fabricación y comercialización.
Con el crecimiento de la marca, Bandido Studio amplió sus actividades más allá de las luminarias. Su trabajo incorporó el desarrollo de mobiliario, el diseño de interiores y la fabricación de productos, con una estrategia que conecta la creatividad con la capacidad de talleres y fabricantes mexicanos.
La empresa también construyó una propuesta basada en la colaboración con la industria nacional. La experimentación con materiales como el vidrio, la madera, el metal y la piedra permite desarrollar piezas que combinan técnicas artesanales y procesos de producción especializados.
Actualmente, la firma mantiene a Puebla como uno de sus principales centros de operación y reivindica la manufactura mexicana como parte de su identidad. Su trayectoria muestra cómo un proyecto universitario puede convertirse en una empresa de diseño con proyección internacional cuando logra transformar una idea creativa en productos comercializables y una marca reconocible.