El sistema de pensiones en México no es igual para todos. Dependiendo de si un trabajador cotizó en el IMSS o en el ISSSTE, las condiciones de retiro pueden variar de forma considerable, afectando directamente la calidad de vida durante la vejez y la cantidad de años que una persona puede disfrutar de su jubilación.
IMSS e ISSSTE: las diferencias entre pensionados que pueden cambiar tu calidad de vida y años de retiro
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Diferencias entre las pensiones IMSS e ISSSTE.
Aunque ambos organismos tienen como objetivo garantizar ingresos en la etapa de retiro, las reglas de edad, los requisitos de cotización y la forma en que se calcula la pensión generan brechas importantes entre millones de mexicanos. Estas diferencias se vuelven más evidentes conforme se acerca 2026, un año clave por los ajustes graduales que siguen vigentes en ambos sistemas.
Entender las particularidades del IMSS y del ISSSTE no solo es una cuestión técnica, sino una herramienta esencial de planeación financiera. Elegir estrategias adecuadas a tiempo puede marcar la diferencia entre una pensión limitada y un ingreso estable que permita afrontar con mayor tranquilidad los años posteriores al retiro.
IMSS e ISSSTE: las diferencias que existen entre los pensionados de cada organismo
Una de las principales diferencias se encuentra en la edad de jubilación. En el caso del ISSSTE, los trabajadores que permanecen bajo el Décimo Transitorio pueden jubilarse en 2026 a los 58 años los hombres y 56 años las mujeres, siempre que acrediten 30 y 28 años de cotización, respectivamente, y no hayan optado por los bonos de pensión. Además, este esquema continuará reduciendo la edad de retiro de manera gradual hasta 2034, cuando los hombres podrán jubilarse a los 55 años y las mujeres a los 53, con el beneficio adicional de una pensión vitalicia.
En contraste, el IMSS presenta diferencias internas según el régimen de cotización. Los trabajadores bajo la Ley 73 tienen la posibilidad de mejorar su pensión mediante la Modalidad 40, que permite continuar cotizando voluntariamente con un salario más alto, incrementando el monto final a recibir. Esta opción es una de las pocas herramientas efectivas para elevar el ingreso mensual en la jubilación.
Por su parte, los afiliados al IMSS bajo la Ley 97 dependen casi por completo del ahorro acumulado en su AFORE. Esto limita la capacidad de mejorar la pensión, ya que el monto final está condicionado al saldo, los rendimientos y las aportaciones realizadas durante la vida laboral. Esta situación genera una desventaja frente a quienes cotizaron en la Ley 73 y frente a los trabajadores del ISSSTE con derecho a jubilación anticipada y pensión garantizada.
Otro factor clave es el número de semanas cotizadas. En la Ley 97 del IMSS, el requisito aumenta de forma gradual: en 2026 se exigen 875 semanas, cifra que seguirá creciendo hasta 2031. En el ISSSTE, en cambio, los requisitos se mantienen más accesibles para quienes continúan bajo el Décimo Transitorio, lo que facilita el acceso a una pensión.
Además, existen diferencias en los tipos de pensión disponibles. En el IMSS predominan esquemas como la Renta Vitalicia, el Retiro Programado o la Pensión Mínima Garantizada, todos estrechamente ligados al ahorro individual. En el ISSSTE, el cálculo y la garantía del ingreso resultan más favorables para ciertos grupos.
Estas brechas evidencian la necesidad de reformas que equilibren los sistemas. Mientras tanto, la mejor estrategia para los trabajadores mexicanos es informarse y planificar con anticipación, evaluando opciones como la Modalidad 40 o el fortalecimiento del ahorro, para asegurar un retiro más digno sin importar el régimen al que pertenezcan.




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