17 de febrero 2026 - 18:00

Su madre es la mujer más poderosa de México y ya es parte del imperio familiar, pero su pasión está en la defensa de los océanos

Pablo Zapata Aramburuzabala, de 31 años, combina su rol estratégico en Tresalia Capital con una cruzada personal: la conservación marina y la fotografía subacuática. Conoce al heredero que prefiere el silencio del mar al ruido mediático.

Pablo Aramburuzabala, hijo de la mujer más rica de México.

Pablo Aramburuzabala, hijo de la mujer más rica de México.

Llevar el apellido Aramburuzabala en México es sinónimo de historia, influencia y una de las fortunas más sólidas de América Latina. Sin embargo, para Pablo Zapata Aramburuzabala, ser el hijo de María Asunción Aramburuzabala —la mujer más poderosa del país y artífice de la venta histórica de Grupo Modelo— implica una responsabilidad doble: honrar el legado financiero de Tresalia Capital y, al mismo tiempo, proteger el patrimonio natural del planeta.

A sus 31 años, Pablo ha logrado lo que pocos herederos consiguen: equilibrar la alta exigencia del mundo corporativo con una vocación genuina y activa por el medio ambiente.

Maria Asuncion Aramburuzabala.avif

De las finanzas en Texas a la estrategia en Tresalia

La formación de Pablo Zapata fue diseñada para el liderazgo. Graduado en Economía y Finanzas por la Universidad Metodista del Sur de Texas (SMU), el joven empresario no tardó en integrarse a la estructura de Tresalia Capital.

Esta firma de inversión privada, fundada por su madre tras la venta de Grupo Modelo a AB-InBev, ha sido su escuela de negocios en el mundo real. Bajo la estricta tutela de María Asunción, Pablo ha absorbido los valores de ética laboral, perseverancia y visión a largo plazo que caracterizan a la matriarca. Sin embargo, su aporte al conglomerado familiar no se limita a los números; su visión moderna integra la sustentabilidad como un eje rector.

Indonesia: El viaje que cambió su visión

Aunque el mundo de los negocios corre por sus venas, el corazón de Pablo late a un ritmo distinto bajo el agua. Su interés por los ecosistemas marinos surgió durante su etapa universitaria, pero fue un viaje a Indonesia el que marcó un punto de inflexión.

Allí, descubrió en el buceo no solo un deporte, sino una misión de vida. Desde entonces, Zapata Aramburuzabala ha utilizado la fotografía subacuática como una herramienta de activismo. Lejos de las salas de juntas, se sumerge para capturar la belleza del mundo submarino con un objetivo claro: crear conciencia sobre la fragilidad de los océanos y la urgente necesidad de mitigar el impacto humano. Ha sido participante activo en campañas de conservación, demostrando que su compromiso ecológico va más allá del discurso corporativo.

El lujo de la privacidad

A diferencia de otros herederos de la élite mexicana que buscan los reflectores, Pablo ha optado por el hermetismo. Su vida privada es un santuario que protege con celo.

Casado con Alessandra Lancaster y padre de tres hijos, mantiene a su familia alejada de la atención mediática, priorizando la normalidad y la intimidad en su hogar. Esta decisión refleja un carácter reservado y centrado, enfocado en lo que realmente le apasiona: ser un padre presente, un empresario ético y un guardián de los mares.

Con estas acciones, Pablo Zapata Aramburuzabala deja claro que, aunque sigue los pasos empresariales de su madre, está forjando un camino propio donde el éxito no se mide solo en rendimientos financieros, sino en la preservación del mundo que dejará a sus hijos.

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