7 de junio 2024 - 20:00

No apto para quienes tienen miedo a volar: qué dice la UNAM sobre las turbulencias

Las turbulencias, especialmente las de aire despejado, representan un desafío cada vez mayor para la industria aérea.

No apto para quienes tienen miedo a volar: qué dice la UNAM sobre las turbulencias

No apto para quienes tienen miedo a volar: qué dice la UNAM sobre las turbulencias

Durante un vuelo, el cielo sereno puede tornarse abruptamente en una experiencia incómoda e incluso peligrosa debido a las turbulencias. Estos movimientos bruscos del aire afectan la estabilidad de los aviones, generando ascensos y descensos repentinos que pueden generar desde molestias leves hasta situaciones de riesgo. En esta línea, desde la UNAM se estudia el vínculo de esta situación con el cambio climático.

Si bien las turbulencias suelen asociarse a condiciones climáticas adversas, lo cierto es que también pueden presentarse de forma inesperada en cielos aparentemente tranquilos. De hecho, estas "turbulencias de aire despejado" son consideradas las más peligrosas, ya que los pilotos no pueden anticiparlas con suficiente tiempo para advertir a los pasajeros y tomar medidas preventivas.

Un estudio publicado en 2023 por la Universidad de Reading en la revista Geophysical Research Letters revela que, en los últimos 40 años, el tiempo promedio en que las aeronaves experimentan turbulencias durante los vuelos ha aumentado a nivel global.

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El cambio climático y el impacto en las turbulencias, según la UNAM

Los expertos coinciden en que el cambio climático es uno de los principales impulsores de este fenómeno. El aumento de las temperaturas, especialmente a altitudes de crucero (alrededor de 10 mil metros), genera diferencias significativas en el registro del calentamiento, lo que, según Francisco Estrada Porrúa, investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, "contribuye a la aparición de tales turbulencias".

Las variaciones de temperatura también afectan las corrientes atmosféricas, esenciales para la navegación aérea. Un ejemplo de ello es la corriente en chorro, una banda de vientos fuertes ubicada en las latitudes altas del hemisferio norte que los aviones aprovechan para ahorrar combustible y volar más rápido, gracias a sus velocidades de entre 200 y 300 kilómetros por hora.

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El calentamiento global no solo afecta el clima a nivel superficial, sino que también tiene un impacto significativo en las altitudes de crucero donde vuelan los aviones. Según explica el investigador Francisco Estrada Porrúa, este fenómeno provoca un aumento en la velocidad de la corriente en chorro, una banda de vientos fuertes que atraviesa las latitudes medias del planeta.

Estrada Porrúa utiliza una analogía para ilustrarlo: imaginemos la corriente en chorro como un "río rápido" que fluye junto a una "masa de aire más lenta o estacionaria". Esta diferencia de velocidad entre la corriente en chorro y el aire circundante genera fricción, lo que a su vez produce turbulencias invisibles. A diferencia de las turbulencias asociadas a nubes o tormentas, estas son imposibles de detectar a simple vista, lo que las convierte en un peligro mayor para la aviación.

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