La inflación se encamina a cerrar el año en su menor nivel en varios años. Si no ocurre nada imprevisto, el IPC cerrará con un aumento anual cercano a 5,5%, algo que no ocurre desde 2005. La política monetaria contractiva del Banco Central, la baja del dólar (vinculado en parte a lo anterior) y cierto efecto cíclico en los precios (después de los aumentos del año pasado), explican este número. El BCU seguramente seguirá con una política monetaria contractiva hasta que las expectativas de inflación bajen lo suficiente como para entrar en el rango meta, que va del 3 al 6% anual.
Según la encuesta de expectativas empresariales de inflación que elabora todos los meses el INE, los empresarios redujeron su expectativa mediana de inflación para este año, pasando de 7,0 a 6,5%. A fuerza de golpes de realidad, han incorporado que la inflación resultará bastante inferior a la esperada por ellos tan solo unos meses atrás. Aun así, mantienen cierto escepticismo para el año próximo, con una expectativa de inflación mediana de 7%.
La confianza en la política monetaria del Banco Central aún no es completa, aunque va mejorando, y los empresarios también sienten la presión en los costos: de hecho su expectativa mediana de aumento de costos para el año que viene es del 8%, similar a la que esperan para este año. Entre los costos, incide particularmente el salarial.
Alimentos
La baja en la inflación que se registró en los últimos meses contó con la “ayuda” de varios precios de alimentos que -luego de fuertes subas- cayeron, en algunos casos de manera significativa. En el cuadro adjunto se muestra la evolución de algunos alimentos relevantes. Los alimentos responden por el 23% del IPC general, siendo el rubro de mayor ponderación comparado con otros componentes del consumo (vivienda, transporte, salud, etc.). Esta ponderación tiende a aumenta en el caso de las familias de menores ingresos.
El hecho de que Uruguay tenga en la carne vacuna su principal componente en la canasta alimentaria, implica un desafío agregado para la política anti inflacionaria, en la medida que la carne se exporta en más de 60% al exterior. El empuje histórico de demanda que protagonizó China le puso una fuerte presión a los precios de este producto, en especial en 2022, cuando se llegó a precios de exportación récord; la posibilidad de importar atenuó el efecto. Ya este año, la demanda china se retrajo, bajaron los precios al productor y con ellos los precios al público. En el caso de la carne de ave los precios subieron por debajo del índice promedio, aunque este mercado tiene cierta protección, más implícita que explícita.
Donde el asunto sigue bastante entreverado es en el mercado de frutas y verduras. Aparte de los serios problemas que hay en la UAM, la producción de frutas y verduras no solo sigue protegida, sino que -además- dicha protección tiene un alto grado de discrecionalidad. Es que la protección no se hace a través de aranceles extraordinarios (Uruguay no podría hacerlo) sino a través de la liberación (o no) de autorizaciones sanitarias (llamadas Afidis) a las cuales acceden los comerciantes para poder importar. El mecanismo genera serias distorsiones y -si bien el MGAP ha intentado transparentar y racionalizar el asunto- sigue siendo una traba a la libre oferta y demanda.
La producción de frutas y verduras (lo que se conoce habitualmente como el “sector granjero”) es gravitante en términos sociales y -por lo tanto- políticos. De manera que no es fácil desatar este nudo. También hay que aclarar que una liberalización mayor no es garantía, al menos en el corto plazo, de baja en los precios: muchas veces (como sucedió con la última sequía) la oferta cae en Uruguay y en la región, por lo que la posibilidad de importar cuando falta en el mercado local, es acotada. Aun así, en el largo plazo una mayor liberalización seguramente tendría un impacto positivo en la productividad y en los precios al consumo. Además, dado el alto grado de indexación en la dinámica de precios de la economía uruguaya, los empujes al alza en los precios, no se compensan totalmente luego con un descenso similar, pues parte del alza se trasladó al costo general vía el índice de precios, llevando la inflación, escalón por escalón, hacia arriba. Un mercado de frutas y verduras con menos oscilaciones (más comercio) también ayudaría a contener la inflación.
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