Hace más de 20 años que Uruguay no atraviesa una crisis por razones económicas y en buena medida eso se lo debemos a Danilo Astori. El ex ministro de Economía que falleció ayer con 83 años, fue una figura central en la política uruguaya, con un aporte sustancial al crecimiento del Uruguay no solo en lo económico sino también en lo social y político.
Es difícil resumir en pocos párrafos una trayectoria tan extensa. Voy directo al año 2005, cuando tomó las riendas del ministerio de Economía en el primer gobierno del Frente Amplio. Uruguay estaba saliendo de una de las más graves crisis de su historia y persistían desafíos enormes, particularmente en lo financiero. El país estaba tremendamente endeudado y con el compromiso consensuado de cumplir sus obligaciones. Para el primer gobierno del Frente esto era un desafío enorme, pues también debía responder múltiples demandas sociales. En buena medida fue Astori el que arbitró los tiempos y el equilibrio para cumplir ambos objetivos: responder en lo social y mejorar sustancialmente la posición financiera del Uruguay.
Esto implicó duras polémicas políticas y fue allí donde ejerció su influencia. En política las cosas no son solo bonitos discursos y diálogos: a los pocos meses de iniciado aquel gobierno “trancó fuerte” y estuvo a punto de dejarlo por discrepancias en los criterios presupuestales. Como recordábamos, era necesario cuidar las cuentas. En particular, fue enfático en su postura de exigirle el sistema educativo contrapartidas claras, dado el fuerte aumento presupuestal que se estaba disponiendo.
Esa crisis se superó y llegó luego el momento de instrumentar la histórica Reforma Tributaria, uno de los mojones clave de la política económica del Uruguay de los últimos años. Con su triple objetivo: hacer más eficiente la recaudación (se eliminaron varios impuestos), mejorar la equidad tributaria con la incorporación del IRPF (compromiso histórico de la izquierda) y estimular la inversión (bajaron las tasas de ciertos impuestos y se equipararon tasas entre sectores). Al mismo tiempo, comenzaba a aplicarse un régimen de promoción de inversiones de amplio alcance, clave hasta hoy en la economía uruguaya.
Las visiones políticas sobre los impuestos son múltiples y –obviamente- no hay consensos. Lo valioso es que los gobiernos hagan lo que anunciaron que iban a hacer y lo hagan de manera transparente y efectiva. Este fue el caso. En los años siguientes la economía uruguaya protagonizó una trayectoria de crecimiento histórico, sorteando incluso la crisis financiera global de 2008.
Aspirante siempre a la Presidencia compitió en la interna del Frente Amplio y obtuvo cerca del 40% de los votos. Acompaña a José Mujica en la fórmula que lo llevaría a la vicepresidencia en el siguiente periodo, que no fue fácil para su acción política. En el tercer gobierno del Frente Amplio (segundo de Vázquez) vuelve al ministerio de Economía, en circunstancias ya más difíciles y aun así busca impulsar iniciativas transformadoras, como el programa de inclusión financiera.
Fueron años de duros enfrentamientos en la interna frenteamplista y con los actores políticos de otros partidos. En esa brega política intensa es donde emergen con mayor claridad ciertos conceptos clave de su trayectoria.
Primero, no hay avances sociales sin estabilidad macroeconómica. Incorporar eso en el ADN de la izquierda uruguaya y –por qué no- en el de toda la política del país, fue un aporte clave.
Asociado a esto, insistía en que en la buena política “no hay atajos”: el camino corto puede parecer más sencillo y más atractivo en lo electoral, pero está plagado de trampas. Aquella discusión de 2005 fue un ejemplo. Hubo otras. Los logros importantes llevan muchos años y esfuerzos.
A su vez, para Astori “no hay modelos”. Cada país puede buscar su propia trayectoria de crecimiento y desarrollo. Sin eslóganes o etiquetas que –en general- impiden una reflexión honesta sobre la realidad.
Excelencia y calidad. Reiteradamente su idea de la economía y el crecimiento estaba asociada a mejorar el desempeño de las actividades, de la productividad; bregaba por una inserción internacional con altos niveles de especialización y calidad. Estos enfoques no son extraños a sus valoraciones artísticas. Melómano empedernido –jazz, murga, bossa- y admirador del buen arte, en una presentación sobre economía se animó a ejemplificar la calidad con lo que hacía en aquel momento Julio Bocca en el Sodre.
Finalmente, un hecho que de tan claro puede escaparse: siempre frenteamplista. Desde la fundación del FA, de la que participó, nunca dudó de su lugar en la política. Los conflictos, cimbronazos o verdaderas crisis en su partido podrían haberlo llevado a un alejamiento o un cisma. Pero Astori nunca dudó y para el Frente Amplio eso tuvo un valor enorme. También para la política uruguaya: contar con actores relevantes comprometidos a fondo con sus partidos es clave para la democracia. Uno de ellos fue Danilo Astori.
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