17 de octubre 2026 - 17:50

El clima y la energía condicionan las próximas decisiones del BCU sobre las tasas de interés

El organismo advierte que El Niño y las tensiones internacionales podrían prolongar las presiones inflacionarias y afectar las expectativas.

Banco Central del Uruguay

El Banco Central del Uruguay (BCU) advirtió que la evolución de los precios de la energía y los posibles efectos del fenómeno climático de El Niño serán determinantes para sus próximas decisiones de política monetaria, ante el riesgo de que los aumentos de costos se extiendan al resto de la economía y dificulten el retorno de la inflación a la meta del 4,5%.

El diagnóstico surge del Informe de Política Monetaria (IPOM) correspondiente al tercer trimestre de 2026, en el que la autoridad monetaria identificó las tensiones geopolíticas internacionales y los riesgos climáticos como factores relevantes para la evolución de los precios durante los próximos meses.

El organismo prevé que la inflación se mantenga transitoriamente por encima del objetivo hasta comienzos de 2027, aunque dentro del rango de tolerancia, para luego converger gradualmente hacia la meta. Sin embargo, advierte que una prolongación de las perturbaciones externas o un episodio climático más intenso podría modificar ese escenario.

El Niño podría presionar los precios de los alimentos

Uno de los principales factores de incertidumbre para la economía uruguaya es el desarrollo del fenómeno de El Niño, cuyos efectos sobre las precipitaciones podrían trasladarse a los precios de determinados productos agropecuarios. El BCU toma como referencia la experiencia de 2015 y 2016 y señala que, si se materializan anomalías importantes en las lluvias, las principales consecuencias sobre los precios de frutas y verduras podrían observarse durante la primera parte de 2027.

La magnitud del impacto dependerá de la localización, intensidad y persistencia de las precipitaciones, por lo que el organismo todavía no plantea un efecto definitivo sobre la inflación.

En ese contexto, el informe identifica como uno de los riesgos al alza un fenómeno climático más intenso o persistente que el incorporado en sus proyecciones centrales. Esto podría provocar aumentos mayores en los alimentos y prolongar sus efectos sobre el Índice de Precios del Consumo (IPC).

El riesgo climático adquiere especial relevancia porque los alimentos constituyen uno de los canales por los que las condiciones de producción pueden trasladarse a los precios que pagan los consumidores.

La energía y el escenario internacional agregan incertidumbre

El segundo foco de atención del BCU está relacionado con las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, que han elevado los precios internacionales de la energía y de otros bienes comercializables. El IPOM contempla que el petróleo alcance un promedio cercano a los 100 dólares por barril durante el cuarto trimestre de 2026, antes de descender gradualmente hacia niveles próximos a los 75 dólares al final del horizonte de proyección.

No obstante, una prolongación del conflicto internacional podría mantener elevados los costos energéticos y de transporte durante más tiempo del previsto, con consecuencias sobre los precios de los bienes importados y los costos de producción.

La preocupación de la autoridad monetaria no se limita al encarecimiento inicial de determinados productos, sino a la posibilidad de que esos aumentos se vuelvan persistentes y terminen trasladándose a otros precios de la economía. Por eso, el BCU considera necesario seguir de cerca tanto los movimientos internacionales de los costos como su transmisión al mercado interno.

Las tasas de interés y el riesgo de nuevos aumentos

El escenario de mayor incertidumbre inflacionaria ya tuvo consecuencias sobre la política monetaria. El 8 de octubre, el Comité de Política Monetaria (Copom) resolvió por unanimidad elevar la Tasa de Política Monetaria (TPM) en 25 puntos básicos, desde el 5,75% hasta el 6%.

La decisión buscó reducir parcialmente el estímulo monetario y preservar las expectativas de inflación en torno al objetivo del 4,5%, aunque el organismo aclaró que la política continúa en terreno expansivo. En setiembre, la inflación interanual había alcanzado el 4,7%, impulsada principalmente por los bienes importados, las frutas, las verduras y los combustibles. Pese a ese incremento, el BCU señaló que todavía no se observaban presiones inflacionarias generalizadas.

La autoridad monetaria explicó que su objetivo no consiste en impedir que los aumentos temporales de la energía o los alimentos se reflejen en los precios, sino en evitar que sus efectos se prolonguen y se trasladen al resto de los bienes y servicios.

En ese sentido, las próximas decisiones dependerán de la evolución de los shocks energéticos y climáticos, del comportamiento de las expectativas y de la eventual propagación de los aumentos de costos.

El BCU no anticipó nuevos movimientos concretos de la tasa de interés, pero dejó establecido que continuará evaluando estos factores y adoptará las medidas que considere necesarias para mantener la inflación en torno a la meta durante su horizonte de política monetaria.

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