El mercado asigna actualmente una probabilidad cercana al 70% a que las tasas se mantengan sin cambios en setiembre, mientras que el escenario restante contempla un recorte de 25 puntos básicos.
"Los niveles actuales, en particular los pares denominados en dólares, simplemente reflejan la sorprendente postura moderada que vimos en la última reunión de la Reserva Federal, o al menos la interpretación de esa postura moderada", señaló Eugene Epstein, jefe de productos estructurados de Moneycorp North America.
El analista sostuvo que tanto los datos de inflación como los últimos indicadores laborales no muestran, por ahora, señales que justifiquen un endurecimiento de la política monetaria, lo que contribuye al debilitamiento del dólar frente a varias monedas.
El euro avanzó 0,07%, hasta 1,1587 dólares, después de haber alcanzado el lunes los 1,161 dólares, su nivel más alto en dos meses. La libra esterlina, en tanto, subió 0,01%, hasta 1,35420 dólares, apenas por debajo del máximo de tres meses registrado en la jornada anterior.
El yen volvió a acercarse a la zona de los 160 por dólar y cayó 0,3%, hasta 159,51 unidades. Los operadores siguen atentos a una posible nueva intervención de las autoridades japonesas y a la reunión del Banco de Japón del próximo mes, donde se espera que el banco central evalúe una nueva suba de tasas.
Los bonos desafían las expectativas sobre la Fed
Mientras el mercado de divisas interpreta los últimos datos estadounidenses como una señal favorable a una política monetaria más expansiva, el mercado de bonos muestra una dinámica diferente. Los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense volvieron a subir ante las preocupaciones por la inflación, el endeudamiento y el impacto que podría tener la situación en Medio Oriente sobre los precios de la energía.
El rendimiento del bono del Tesoro a 30 años alcanzó su nivel más alto desde 2007, mientras que el rendimiento del bono a 10 años llegó a su mayor nivel desde enero de 2025.
El aumento de las tasas de los bonos se produce pese a las expectativas de una política más moderada de la Fed y refleja, en parte, el temor de los inversores a que un eventual aumento prolongado de los precios del petróleo vuelva a alimentar la inflación.
El conflicto entre Estados Unidos e Irán y la incertidumbre sobre la situación en el estrecho de Ormuz mantienen ese riesgo sobre los mercados. "El proceso inflacionario tiene poco o ningún margen de maniobra en un mundo de constantes perturbaciones de la oferta", advirtió Nohshad Shah, jefe de ventas de renta fija para EMEA de Citadel Securities.
La suba de los bonos golpea a Wall Street
El aumento de los rendimientos también repercutió en las acciones estadounidenses, especialmente en los sectores vinculados al crecimiento y la tecnología.
Wall Street cerró este martes con pérdidas, con el Nasdaq como el índice más castigado, mientras las acciones de semiconductores lideraron las bajas. El S&P 500 cayó 0,67%, hasta los 7.692,10 puntos, mientras que el Dow Jones perdió 0,22%, hasta los 53.343,85 puntos. El Nasdaq Composite también terminó en baja, presionado principalmente por las empresas tecnológicas.
El índice de semiconductores de la Bolsa de Filadelfia se desplomó, en una jornada en la que los inversores redujeron su exposición a compañías que habían acumulado fuertes ganancias vinculadas al auge de la inteligencia artificial.
Entre las acciones que más presionaron al S&P 500 estuvieron Nvidia y Micron Technology, mientras que también retrocedieron Sandisk y Western Digital. Micron, por ejemplo, había acumulado una suba de casi 18% durante las cinco ruedas anteriores antes de la caída de este martes.
"Cada vez que sube la rentabilidad de los bonos, esto suele afectar de forma desproporcionada a las empresas tecnológicas", explicó Burns McKinney, gestor de cartera de NFJ Investment Group.
La lógica es que las mayores tasas de interés elevan el costo de financiamiento y reducen el atractivo relativo de las compañías cuyo valor depende en mayor medida de expectativas de crecimiento futuro. Los inversores, en consecuencia, comenzaron a desplazarse hacia sectores considerados más defensivos, como salud y consumo básico, mientras el sector energético se benefició del aumento del precio del petróleo. El índice VIX, considerado el principal indicador del miedo en Wall Street, alcanzó su nivel más alto desde el 5 de agosto.
Petróleo, Irán y la inflación vuelven a complicar al mercado
El movimiento de los bonos y las acciones está estrechamente vinculado con la evolución del conflicto en Medio Oriente.
Las expectativas de una resolución diplomática entre Estados Unidos e Irán se deterioraron después de que Teherán amenazara con adoptar una postura militar “totalmente ofensiva”, mientras Washington descartó extender el acuerdo de alto el fuego.
El principal foco de preocupación para los mercados continúa siendo el estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el transporte mundial de petróleo cuya interrupción podría generar un nuevo shock sobre los precios de la energía.
Una prolongación del conflicto podría, por lo tanto, producir una combinación incómoda para la Fed: una economía estadounidense que muestra señales de desaceleración, pero al mismo tiempo mayores presiones inflacionarias derivadas del petróleo.
Para los mercados, esa tensión explica la divergencia actual: el dólar pierde fuerza por las expectativas de una Fed más expansiva, mientras los rendimientos de los bonos suben por el temor a una inflación más persistente y Wall Street resiente el aumento del costo del dinero.
Los inversores tendrán ahora dos referencias clave. Este miércoles se conocerán las actas de la reunión de julio de la Fed, que podrían ofrecer nuevas señales sobre el debate interno del banco central, mientras que el mercado también espera los próximos resultados corporativos y, especialmente, el próximo balance de Nvidia, considerado una nueva prueba para el rally de las acciones vinculadas a la inteligencia artificial.