La presidenta del Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet), Madeleine Renom, confirmó que "2026 va a ser un año Niño a nivel global" y dijo que habrá un invierno más cálido de lo normal, precipitaciones superiores al promedio en el norte del país entre setiembre y enero, y efectos que se extenderán hasta mediados de 2027.
La advertencia llega en simultáneo con una señal de alarma de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que este martes indicó que existe un 80% de probabilidad de que se desarrolle un fenómeno de El Niño entre junio y agosto, y un 90% de probabilidad de que se prolongue al menos hasta noviembre. Es la confirmación más categórica emitida hasta el momento por el organismo internacional.
Renom aseguró que durante junio, julio y agosto las temperaturas medias se ubicarán "siempre por encima de lo normal". No se trata de un invierno sin frío, sino de uno con anomalías positivas sostenidas respecto al promedio histórico, lo que implica menor cantidad de heladas, noches menos extremas y una sensación térmica moderada en comparación con años neutros o Niña.
El patrón de lluvias, en cambio, es más asimétrico y su efecto más marcado llegará entre setiembre y enero. Según Renom, las precipitaciones superiores al habitual se concentrarán principalmente al norte del río Negro, una zona que incluye los departamentos productores de arroz, ganadería extensiva y agricultura de secano más sensibles a la variabilidad hídrica. En abril de 2027 podría repetirse ese patrón lluvioso en buena parte del territorio.
El sur y suroeste del país presentan un comportamiento diferente: "Llueve menos en un año Niño en el sur del país que en un año neutro", advirtió la jerarca. Esa asimetría norte-sur es un elemento clave para la planificación agropecuaria de los próximos meses.
¿Cuándo pasa de Niño a "superniño"?
Renom explicó que cuando la temperatura superficial del mar en el Pacífico tropical supera los 0,5 grados sobre lo normal, ya se considera un evento Niño. A partir de los 2 grados se entra en la categoría de "Niño muy fuerte" o "superniño". Los eventos más intensos registrados ocurrieron en 1982-83, 1997-98, 2015-2016 y 2023-2024, este último considerado por la OMM como un episodio intenso.
La OMM advirtió este martes que los modelos climáticos no descartan que el fenómeno de 2026 alcance la categoría de "El Niño fuerte", definida por temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico oriental de al menos 1,5 grados Celsius por encima del promedio. Aún existe incertidumbre, pero la señal es lo suficientemente clara como para que los organismos internacionales emitan alertas preventivas.
El cambio climático como amplificador
El elemento que hace que el pronóstico de este año sea cualitativamente diferente a los ciclos anteriores es la combinación de El Niño con una base de temperatura global ya elevada por el cambio climático. Las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado la temperatura media del planeta en torno a 1,3°C desde la época preindustrial, y esa base más alta actúa como amplificador de los efectos del fenómeno.
"Cuando se produce un fenómeno de El Niño, debido al cambio climático subyacente, estos fenómenos se intensifican y tienen un mayor impacto", advirtió Piers Forster, profesor de Cambio Climático Físico en la Universidad de Leeds. La consecuencia más extrema: la OMM considera que 2027 podría convertirse en el año más caluroso jamás registrado, superando el récord que ostenta 2024.
Para la región, el riesgo más concreto lo grafica el precedente de Río Grande do Sul: entre abril y mayo de 2024, las inundaciones en ese estado brasileño causaron más de 180 muertos y 600.000 desplazados. Científicos del tema atribuyeron la intensidad de las lluvias a la combinación de El Niño y el cambio climático. Francisco Aquino, director del centro climático de la Universidad de Rio Grande do Sul, advirtió que un fenómeno fuerte este año "puede conducir al mismo escenario que vimos entonces".
Las implicancias para Uruguay: el agro en el centro
Para la economía uruguaya, el cuadro climático que se configura tiene consecuencias directas sobre el sector agropecuario, que representa más del 70% de las exportaciones del país. El norte del Uruguay, zona arrocera, ganadera y sojera por excelencia, enfrentará un segundo semestre de 2026 con exceso hídrico probable, lo que puede beneficiar los pastizales y las reservas de agua para riego pero también generar anegamientos, complicar la cosecha de soja de segunda y condicionar el estado de los campos ganaderos.
El sur, en cambio, podría registrar déficit hídrico relativo en ese mismo período, lo que afecta los pastizales de la región más densamente poblada y con mayor actividad tambera y hortifrutícola del país.
El sector energético también debería tomar nota: más lluvias en la cuenca del río Negro implica mayores niveles en los embalses de UTE, Baygorria, Bonete y Palmar, lo que en años Niño anteriores permitió incrementar la generación hidroeléctrica y reducir la dependencia del viento y el sol en los picos de demanda invernal.