13 de marzo 2025 - 12:37

Entre recesión y "desintoxicación": ¿Estados Unidos está preparado para afrontar los costos de una crisis?

Desde la Casa Blanca señalan que la contracción "valdría la pena" y que la economía se encuentra en una "transición".

Las crisis tienen costos, pero el gobierno de Donald Trump podría verse beneficiado en un escenario de contracción.

Las crisis tienen costos, pero el gobierno de Donald Trump podría verse beneficiado en un escenario de contracción.

Foto: Reuters

La posible caída de Estados Unidos en una recesión, producto de las políticas arancelarias de Donald Trump, preocupa en extremo a los operadores, cuyos temores se ven reflejados en los mercados, aunque las versiones oficiales difieren en el diagnóstico: para el secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, una recesión "valdría la pena" para implementar las políticas económicas del gobierno republicano, mientras que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el mismo Trump han hablado de un período de "desintoxicación" y de una economía en "transición".

Sea cual sea el desenlace, la historia demuestra que las recesiones, si llegan a ese punto, son costosas: el sufrimiento nunca se reparte equitativamente, y el resultado, desde la duración y la profundidad de la recesión hasta la velocidad y la amplitud de la recuperación, es impredecible, señaló Reuters.

El mercado estadounidense y también el mundial siguen de cerca, con una ansiedad que dice mucho del clima de época, los datos de la economía de Estados Unidos: semana a semana, se paralizan a la espera de los diferentes datos de inflación, de empleo, de actividad industrial y comercial; ni hablar cuando se acerca alguna declaración de autoridades de la Reserva Federal (Fed) o una reunión de política monetaria con decisiones sobre las tasas de interés.

Es que la recesión de un país no solo está determinada por la contracción del Producto Bruto Interno (PBI) por dos trimestres consecutivos, sino también por otros aspectos influyentes como el desempleo, los ingresos personales (excluyendo las prestaciones gubernamentales), el gasto de consumo y la producción industrial; según el Comité de Datación del Ciclo Económico de la Oficina Nacional de Investigación Económica, que determina cuándo comienzan y terminan estos períodos recesivos.

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Vuelve a crece la tensión comercial entre Estados Unidos y China.

Vuelve a crece la tensión comercial entre Estados Unidos y China.

A esto se le suma, además, los constantes comentarios de Trump sobre la aplicación de aranceles a las importaciones desde distintos países, que combinan anuncios, postergaciones, amenazas y advertencias en una coyuntura en que la comunidad internacional está al pie de una guerra comercial y la mayoría de las naciones se verán afectadas en menor o mayor medida por lo que decida una de las economías más importantes del mundo.

¿Está Estados Unidos cerca de una recesión?

De momento, nada en datos concretos como el desempleo, el PBI o el gasto del consumidor sugiere actualmente que Estados Unidos esté en recesión o cerca de ella. Pero el debate está en el aire debido a encuestas recientes que muestran un declive en la confianza empresarial y del consumidor, y por el recuerdo del primer mandato de Trump, cuando aranceles mucho menores que los propuestos ahora, precedidos por recortes de impuestos, provocaron un estancamiento del crecimiento económico mundial.

En enero, el riesgo de una recesión en Estados Unidos se consideraba bajo: la baja tasa de desempleo y el aumento de los salarios significaban que los consumidores seguían gastando, la inflación se acercaba al objetivo del 2% de la Fed, y el banco central había recortado los tipos de interés en un punto porcentual desde setiembre, en lo que muchos consideraban como un "aterrizaje suave" exitoso tras la alta inflación de 2021 y 2022.

Es una hazaña poco común: a veces es la política del banco central la que desencadena una recesión, como ocurrió a principios de la década de 1980. Esta vez, la volatilidad del sentimiento, las caídas en la riqueza del mercado de valores y las preocupaciones de una próxima caída en la actividad se debieron a la decisión de Trump de reestructurar el comercio global con aranceles amplios y elevados a los principales socios comerciales.

Las recesiones tienen costos. Las ganancias de las empresas caen, al igual que los precios de las acciones, lo que puede amplificar el impacto a medida que los inversores reducen su propio consumo. Los ingresos disminuyen y los déficits gubernamentales aumentan a medida que más personas califican para las prestaciones destinadas a compensar la debilidad económica, conocidas como estabilizadores automáticos.

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Si llegara a ocurrir en Estados Unidos, la capacidad de respuesta se vería limitada por los grandes déficits que arrastra el país, producto de los esfuerzos económicos y el apoyo gubernamental que fueron necesarios para salir de la anterior crisis provocada por las consecuencias de la pandemia de Covid-19. A esto se sumaría uno de los más grandes costos de cualquier contracción económica: el desempleo.

Los "beneficios" de la crisis para Trump

Últimamente se ha hablado de estanflación, con la creciente preocupación de que el crecimiento económico se desacelere o incluso se reduzca mientras la inflación aumenta debido a los aranceles estadounidenses contra Canadá, México, China y otros socios comerciales.

Pero si una recesión es lo suficientemente pronunciada, la inflación eventualmente se desacelera a medida que la demanda se debilita, y los precios pueden incluso bajar, algo que Trump prometió que sucedería bajo su mandato. De hecho, es inusual que los niveles generales de precios disminuyan fuera de una recesión.

La Fed probablemente también recortaría las tasas para amortiguar el impacto de una recesión, lo que haría que los mercados se ajustaran a las nuevas expectativas de crecimiento y demanda.

La reducción de los costos de los préstamos puede beneficiar especialmente a los posibles compradores de vivienda, ya que las tasas hipotecarias más bajas —algo que la administración Trump también podría acoger con satisfacción— impulsarían los mercados inmobiliarios y contribuirían a la futura recuperación.

De estos factores, entre otros, se sostiene la administración republicana para mantener el rumbo económico actual sin mayores miramientos.

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