Este viernes 1° de mayo, la región es protagonista de un hecho histórico que parece culminar un proceso que se extendió por más de 25 años: la entrada en vigencia del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europa (UE); pero se abren también nuevos desafíos para Uruguay y sus socios sudamericanos, de la mano de la implementación del tratado.
Entró en vigencia el acuerdo Mercosur-UE, y Uruguay empieza a jugar en "la cancha de la implementación"
Tras el logro histórico para el bloque regional, Uruguay y los demás países del Mercosur enfrentan nuevos desafíos para sacar provecho del tratado.
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Entró en vigencia el acuerdo Mercosur-UE, y Uruguay empieza a jugar en "la cancha de la implementación".
Desde su tan esperada firma a nivel ejecutiva, que se dio a fines de enero pasado, y la ratificación parlamentaria en todas las legislaturas del Mercosur —con Uruguay como el primer país en hacerlo—, los beneficios del acuerdo Mercosur-UE, así como sus complejidades y desafíos, han sido mencionados, revisados, cuestionados y mucho más. Y no es para menos: la entrada en vigencia provisoria del tratado supone reducciones arancelarias desde este mismo viernes para algunos productos clave de la región y un nuevo escenario para el comercio exterior sudamericano y, por supuesto, uruguayo.
Ahora bien, más allá de las incógnitas burocráticas que todavía están abiertas a nivel europeo —con rechazos todavía firmes y la judicialización del acuerdo en el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE)—, todavía queda un largo camino por recorrer para empezar a ver los impactos positivos del pacto comercial. Y para ello, será clave el trabajo a nivel interno para aprovechar las nuevas oportunidades.
El acuerdo Mercosur-UE llega en un buen momento
Sobre estos temas se explayó el economista especializado en desarrollo económico y actual jefe de la Unidad de Integración Regional del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Pablo García, durante una presentación organizada por la Universidad Católica del Uruguay (UCU) y moderada por el director del Instituto de Negocios Internacional (INI) de dicha casa de estudios, Ignacio Bartesaghi.
El encuentro, del que participó Ámbito, comenzó señalando el gran momento en el que llega este acuerdo Mercosur-UE: en un mundo cada vez más complejo pero con un récord histórico en 2025 de comercio internacional, la incertidumbre constante hace urgente la generación de capacidades para adaptarse a los episodios disruptivos cada vez más habituales, en un contexto en el que, además, la previsibilidad de convirtió en el "bien escaso".
Con este telón de fondo, el tratado con Europa "no solo genera cuestiones de acceso al mercado, sino normas y regulaciones que dan cierta previsibilidad al comercio con una parte del mundo", señaló García; y "en un mundo tan convulsionado y con tanta incertidumbre, lograr cierta previsibilidad es bueno". Esta previsibilidad, además, mejora el ambiente de negocios en tanto anclan las expectativas, lo que podría sumar "un efecto positivo en términos de atracción de inversiones".
Un impacto positivo más allá de los aranceles
En ese sentido, García insistió en que el aspecto arancelario del acuerdo está lejos de agotar los beneficios para Uruguay y el Mercosur, incluso considerando que, de los tres pilares del tratado, solo comenzó a regir el que refiere al comercio exterior entre ambos bloques. De hecho, el mismo incluye otros 28 capítulos que exceden las disposiciones arancelarias, pero que también suponen buenas noticias para los países sudamericanos.
Entre los ejemplos mencionados por el especialista del BID están, además del acceso a mercados, las cuestiones relacionadas a servicios y economía digital; a las compras públicas —que facilita que empresas uruguayas participen en licitaciones europeas, y viceversa—; a la sostenibilidad; a las pequeñas y medianas empresas (pymes); a la defensa comercial; a las reglas de origen —se permite la autocertificación—; y a la propiedad intelectual —sobre todo en lo que respecta a la protección de denominaciones de origen.
En términos numéricos esto se hace todavía más visible: mientras que el impacto estimado a través de simulaciones es de un 0,3% del Producto Interno Bruto (PIB), al considerar únicamente los cambios en aranceles, acceso a mercados y cuotas; el mismo asciende al 1,9% si también se contempla el efecto positivo potencial de las mejoras en la integración regional, pero, sobre todo, en la productividad. Esta última, con un 1,5%, explica casi la totalidad del incremento proyectado del PIB.
Igualmente, García fue enfático en su advertencia: "Los impactos van en línea de lo que uno quiere, pero no son independientes de lo que uno haga".
Todo se juega en la cancha de la implementación
Es por ello que el modo en que se logre implementar el acuerdo Mercosur-UE será tanto o más importante que su firma. Para el jefe de la Unidad de Integración Regional del BID, las barreras persisten después de la desgravación arancelaria —que, asimismo, es a largo plazo, en un período de 15 años hasta su aplicación total—, la cual "es condición necesaria pero no suficiente".
En esta línea, aparecen dos desafíos: la adecuación normativa necesaria para cumplir con el tratado y sacar el mayor provecho posible del mismo; pero, también, el cumplimiento de otras regulaciones y disposiciones que la Unión Europea exige para comerciar con sus miembros, pero que no están incluidas en el pacto, tales como reglamentos técnicos de etiquetado y trazabilidad o cuestiones como certificaciones voluntarias.
La buena noticia es que Uruguay parte desde una posición ventajosa en esta área: el 85% de las disposiciones internas ya están alineadas y de las 1.011 normas y regulaciones analizadas por el BID, solo debe trabajar en 148. "La agenda de reformas es acotada y estratégica", afirmó García sobre el trabajo que tiene por delante el país. Entre las tareas pendientes, tendrá que incorporar disposiciones nuevas, modernizar regulaciones, implementar obligaciones internacionales que todavía no se llevan a cabo y profundizar en procedimientos institucionales y de coordinación que todavía no existen.
La ventaja es también al interior del Mercosur: la adecuación normativa para con Europa generará una convergencia interna entre los Estados parte del bloque regional que abre todavía más oportunidades para estos países.


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