La inflación subió en noviembre a casi 5% anual, según informó el INE. El dato no sorprende: los precios de muchos productos que habían tenido fuertes caídas sobre el cierre del año pasado ahora han entrado en un derrotero más “normal” y la tasa anual, sobre una base históricamente baja de precios, tiende a subir. Es una suerte de “rebote” que no altera en lo sustancial los logros recientes en cuanto a reducir la inflación a mínimos históricos.
De hecho, aún con esta suba de casi 7 décimas, la inflación se mantiene dentro del rango meta del Banco Central, que va de 3 a 6%. La inflación se va acercando a la proyección mediana de los analistas consultados por el Banco Central, que pone este indicador en 5,2% anual al culminar 2023.
Puntualmente, en noviembre hubo un aumento destacado en el precio de las frutas, que avanzaron casi 3% en promedio. En la variación anual, frutas y verduras muestran un aumento de 24%, siendo uno de los componentes del IPC que muestra una mayor suba. La dinámica de precios de este rubro merece una consideración especial en tono de preocupación: el mercado de estos productos está protegido y de una manera discrecional, a través de los Afidis (autorizaciones sanitarias que se utilizan con fines proteccionistas). Este asunto, sumado a las dificultades que implicó la seca para la producción granjera, generó un combo que impulsó los precios a niveles inauditos. Y dado que persisten mecanismos indexatorios, el aumento excepcional en este rubro termina trasladándose en parte al índice general.
Transables, no transables y BCU
Más allá de este asunto particular, el “rebote” de la inflación -si bien estaba previsto- muestra que la batalla del BCU para bajarla aún no culminó. Cuando se discriminan los precios según transables y no transables, el análisis de CPA Ferrere muestra que los primeros subieron 2,3% anual y los segundos 6,4%. Los productos transables son los que tienen mercados abiertos con el exterior (exportación y/o importación), los no transables abarcan servicios locales (educación, salud, servicios profesionales, etc.), que tienen en sus costos, mayormente, componente salarial. Y los salarios han tenido aumentos claramente por encima de la inflación este año, con el consabido aumento del salario real a niveles récord. A partir del año próximo seguramente mantendrán aumentos alineados con el IPC (difícil que suceda algo distinto en año electoral). De esta manera, por este lado se mantendrá cierta presión sobre los precios, lo que puede demorar la consolidación de la inflación dentro del rango meta.
Inflación y política monetaria
Más aun teniendo en cuenta que el objetivo del Banco Central no solo es bajar la inflación directamente registrada, mes a mes, por el IPC, sino que va a persistir en su política monetaria contractiva -”tozudamente” diría el presidente Luis Lacalle Pou- hasta que las expectativas se alineen con su rango meta (3-6% anual). La batalla continúa.
Si bien el BCU hace ya mucho tiempo que no Interviene en el mercado cambiario comprando dólares y tampoco -obviamente- financia directamente al gobierno central, está teniendo un costo por este esfuerzo monetario contractivo al mantener un creciente stock de Letras de Regulación Monetaria (LRM) a tasas altas (9,6% a un año). En lo que va del año el stock de LRM ha crecido un 22% y ya alcanza casi 340.000 millones de pesos (casi 8.500 millones de dólares). El esfuerzo en política monetaria contractiva está teniendo un costo creciente para el BCU. Claro que -al aumentar la tasa internacional- la autoridad monetaria también mejorará sus ingresos por intereses sobre las reservas, asunto que también hay que incorporar al evaluar la posición del BCU.
En cualquier caso, sería bueno que el BCU tenga mejor compañía para bajar la inflación y sus expectativas de manera más consistente y definitiva, con una política comercial de más apertura y una salarial que incorpore productividad y dinámica, más allá de los ajustes nominales. En eso está el MTSS. Sería una pena que el gran esfuerzo monetario realizado -con los consabidos costos en competitividad y actividad económica- quede a mitad de camino.
Dejá tu comentario