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17 de diciembre 2024 - 08:40

Inversión: presente y futuro

La inversión en relación al PIB bajó luego del máximo de 2022, aunque se sostiene por arriba del 17%. Los desafíos para mantenerla y seguir creciendo.

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El nivel de inversión se mantiene en un 17%.

Foto: Freepik

Las cifras del PIB del tercer trimestre trajeron varias confirmaciones y algunas novedades. Ya se preveía que la economía venía acelerando su ritmo de crecimiento, aunque el aumento interanual (que superó el 4%) fue algo mayor al previsto (gráfica). El nuevo dato -con una leve revisión del dato del 2do. trimestre- lleva a varias consultoras a elevar el pronóstico de crecimiento para todo el 2024 (que se conocerá en marzo, con el dato del último trimestre). Se prevé que el crecimiento anual estará más cerca de 3,5% que de 3,0%.

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Desde la oferta el impulso principal llegó, por un lado, desde la industria (creció 8,2% interanual), por la puesta en marcha de UPM 2 y la reactivación de la refinería La Teja, principalmente. Por otro lado, hubo un aumento interanual importante en el sector comercio (6,2%), que creció tanto a nivel mayorista como minorista, y en varios rubros, desde restaurantes y hoteles, al comercio de productos masivos. La base de comparación era baja, por el golpe que implicó la crisis argentina con la devaluación de su moneda. Eso llevó a que el año pasado miles de uruguayos cruzaran a consumir a Argentina. Este año, el asunto se revirtió y se ve en los números.

Desde la demanda, el impulso principal llega desde el exterior, con un aumento fuerte de las exportaciones de bienes y servicios, que crecieron 11,8% interanual. Por el contrario, las importaciones cayeron 3,1% interanual, lo que también aportó al PIB. En buena medida el frente externo hizo el aporte mayor al PIB, desde el punto de vista de la demanda.

La formación bruta de capital fijo, lo que habitualmente se conoce como Inversión, también creció 1,4% interanual. Es un crecimiento más modesto comparado con el resto de las variables mencionadas, pero muestra un movimiento positivo que resulta significativo. De hecho, luego del empuje que implicó la nueva planta de UPM y sus proyectos conexos (que llevó la relación inversión/PIB a casi 20%) hubo una esperable caída en dicha relación, pero se ha mantenido sobre 17%, aunque con tendencia a la baja. Allí hubo un rol importante de la inversión en vivienda, en todo el país, además de nuevos proyectos empresariales.

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El desafío de mantener la inversión es clave, en la medida que define el potencial de crecimiento futuro. Y no escapa al análisis de quienes siguen estos asuntos, que buena parte de la inversión significativa que se ha concretado en las últimas décadas (las plantas de celulosa son un ejemplo claro, pero no el único) en base a regímenes de promoción, que implican exoneraciones fiscales.

Y este es un punto clave, puesto que el próximo gobierno del Frente Amplio (FA) tiene compromisos simultáneos que no son fáciles de cerrar. Por un lado, el objetivo de mantener la inversión y el crecimiento, pero por otro lado responder a demandas sociales y políticas amplias, muchas de las cuales implican mayor gasto. Y dado que el compromiso del próximo presidente, Yamandú Orsi, ha sido no aumentar impuestos, es un desafío y una incógnita ver cómo lograr todo eso en simultáneo. Porque -además- el déficit fiscal es alto (más de 4%) y hay varios servicios con problemas financieros.

Por declaraciones de diversos voceros del FA, un asunto que podría tener rol relevante es la revisión de los mencionados mecanismos de promoción, que en su gran mayoría se basan en exoneraciones impositivas (“gasto tributario”, se lo denomina técnicamente). Y aquí es donde surge un nuevo dilema, porque ese “gasto tributario” es un cálculo directo de la exoneración… pero obviamente no es efectiva: buena parte (diría, la mayor parte, si los mecanismos están bien diseñados), es teórica y no es efectiva, por la sencilla razón de que, sin exoneración, la inversión no se concretaría. De lo cual surge que, si se reducen las exoneraciones o se limitan, habría una afectación de la inversión. Se puede pensar que hay inversiones que se harían de todas maneras, sin las exoneraciones aplicadas. Esas sí podrían revisarse, pero todo indica que es un efecto marginal, que no implicaría cambios grandes en la recaudación.

Las exoneraciones de impuestos para promover sectores o proyectos son herramientas legítimas de política económica, y todos los países las usan. La cuestión, yendo más a fondo, es si su uso amplio -más allá de captar grandes inversiones, promover la diversificación económica, etc.- no es síntoma de falta de competitividad sistémica en la economía; dicho de otra forma, un reconocimiento de que -si no se exoneran algunas cargas- las inversiones no se concretan y la economía se tranca.

Esto lleva, por tanto, a pensar qué cuestiones son las que hacen mermar la competitividad o no la dejan avanzar. Y se pueden pensar muchas, desde los fundamentos del sistema educativo hasta la forma en que se definen los presupuestos del Estado (gobierno central y departamentales), pasando por diversos asuntos laborales y empresariales. Si la idea es revisar exoneraciones tributarias y los sistemas de promoción, es ineludible atender estas cuestiones vinculadas a la competitividad, porque de hecho todo es parte del mismo problema. De lo contrario, el mayor crecimiento sólo será un deseo.

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