Uruguay regresó en 2025 a la senda positiva en términos de inversión extranjera directa (IED), pero el primer trimestre de este año ya mostró los primeros signos de enfriamiento, en un contexto que apunta hacia los cambios en materia tributaria que entraron en vigencia junto con la ley de Presupuesto.
La economía uruguaya necesita de mayores inversiones si quiere superar la meseta de crecimiento en la que se encuentra desde hace más de una década, sobre todo con los altos niveles de déficit que aun mantiene y que genera fuertes presiones sobre la capacidad de gasto del gobierno del Frente Amplio (FA). Sin embargo, las cifras oficiales no dan cuenta de una mejora en este terreno: si bien el 2025 logró cerrar con datos positivos en IED —con un total de 791 millones de dólares que representó un 0,9% del Producto Interno Bruto (PIB)—, el primer trimestre del 2026 apenas alcanzó los 17 millones de dólares, un equivalente al 0,1% del PIB.
Los datos surgen del último Monitor de Inversión Extranjera en Uruguay, elaborado por el instituto de promoción de inversiones y marca país, Uruguay XXI; y, si bien todavía son muy prematuros para sacar conclusiones, sí encienden luces amarillas en un contexto económico que necesita del impulso de la IED para despegar.
La inversión extranjera directa sumó un total de 17 millones de dólares durante el primer trimestre.
Uruguay XXI
Una inversión en retroceso
Si se observa la IED por modalidad, en tanto, el mayor retroceso se dio en el rubro de reinversión, que pasó de 1.127 millones de dólares el año pasado —siendo la principal fuente de ingresos por inversión extranjera en ese ejercicio— a apenas 233 millones de dólares. En cambio, los aportes se mantuvieron prácticamente iguales —170 contra 173 millones de dólares—; mientras que los préstamos marcaron una nueva cifra negativa, con un retroceso de 387 millones de dólares.
Si bien se trata recién de los primeros tres meses del año contra datos de todo el 2025, el resultado total de IED acumulada entre enero y marzo es de apenas 17 millones de dólares, y parece estar bastante por detrás del desempeño del año pasado —moderado, pero muy positivo en comparación con el 2024, cuando hubo una caída en 1.910 millones de dólares—, en un eventual escenario que continúe sin demasiados cambios.
Las alarmas son mayores si se compara el porcentaje de PIB que representan los actuales niveles de inversión respecto de décadas anteriores: entre 2001 y 2011, la IED supuso un 4,5% del PIB, mientras que entre 2012 y 2023, fue del 2,6%. En tanto, el 2025 alcanzó el 0,9% del PIB, mientras que el nivel provisorio del primer trimestre fue tan solo del 0,1%.
¿Influyeron los cambios tributarios en el enfriamiento de la IED?
Al hablar de la inversión, es difícil no observar lo que ocurrió este año a nivel tributario, con modificaciones incorporadas, principalmente, a través de la ley de Presupuesto quinquenal, que entró en vigencia el 1° de enero. En ese sentido, uno de los grandes factores que se pusieron sobre la mesa fue la implementación del Impuesto Mínimo Global (IMG) que constituye un importante cambio para las empresas e inversores extranjeros.
Más allá de los efectos concretos que los cambios tributarios pueden llegar a tener —para los cuales habrá que esperar y hacer profundos análisis con el objetivo de determinar su impacto real—, lo cierto es que el solo debate ya generó un crecimiento de la incertidumbre en el sector privado, sobre todo en un país como Uruguay, conocido mundialmente por sus reglas de juego claras y su estabilidad jurídica.
No solo la implementación del IMG —en su versión de Impuesto Mínimo Complementario Doméstico (IMCD)— generó cuestionamientos, sino también otras discusiones como las modificaciones en el sistema de Administradoras de Fondos de Ahorro Previsional (AFAP) y en el sistema jubilatorio, en general; o, incluso, el anuncio de un esquema de alícuotas en las exoneraciones impositivas a la movilidad eléctrica, afectaron la confianza en la seguridad jurídica del país, lo que pudo haber influido en el menor dinamismo de la IED, sobre todo en lo que respecta a las reinversiones.
Tampoco hay que dejar de recordar las múltiples salidas de empresas extranjeras y multinacionales que ocurrieron durante la primera parte del año, muchas de ellas en las zonas francas, lo que marca, asimismo, una señal sino de alarma, al menos, de precaución. En contrapartida, habrá que ver qué efecto logran las iniciativas impulsadas por el gobierno para atraer más y mejores inversiones, tales como la modificación de incentivos para proyectos de la Comap o el lanzamiento del Distrito Metropolitano de Innovación.