La Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF), el indicador que mide la inversión real de las empresas y el Estado en maquinaria, equipos y construcciones, cayó 3,1% interanual en el primer trimestre, y en términos de su peso sobre el PIB se ubicó en 15,1%, su nivel más bajo en el ciclo pospandemia.
La inversión cae al nivel más bajo desde la pospandemia y expone problemas de rentabilidad y productividad
La formación de capital fijo retrocedió al 15,1% del PIB, una cifra que sitúa a Uruguay por debajo del promedio del Mercosur y enciende alertas sobre la competitividad.
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El freno en la compra de maquinaria industrial y el fin de las grandes obras de infraestructura exponen las dificultades de las empresas para encontrar márgenes de rentabilidad.
La baja inversión convive con datos macroeconómicos positivos, por ejemplo, la economía creció 0,9% interanual en el primer trimestre de 2026, según las Cuentas Nacionales del Banco Central del Uruguay (BCU). Además, el consumo privado subió 2,9%, el empleo roza máximos históricos, el salario real lleva dos años de crecimiento sostenido y la inflación se mantiene en niveles bajos (3,77% interanual) para los estándares regionales.
Sumando la variación de existencias, la Formación Bruta de Capital total cayó 6,4% en el primer trimestre y representa el 13,4% del PIB, por debajo del 14,4% del mismo trimestre de 2025. La FBKF como porcentaje del PIB llegó a rozar el 17% entre 2022 y 2023, impulsada por las megainversiones de UPM 2 y el Ferrocarril Central. Una vez concluidas esas obras, el ratio empezó a desandar el camino: 15,5% en el primer trimestre de 2024, 15,7% en 2025, 15,1% en 2026. Uruguay volvió a navegar el piso estructural que viene sosteniendo desde antes del boom de la celulosa.
Advierten que "un motor del crecimiento funciona a media máquina"
En diálogo con Ámbito, la economista Deborah Eilender sintetizó el problema: "Hay consenso entre los analistas en que Uruguay tiene bajos niveles de crecimiento asociados a bajos niveles de inversión. La inversión no solo está por debajo de valores del primer mundo, sino que también está por debajo de nuestros vecinos en América Latina, que suelen tener guarismos por encima del 20%. Esto implica que un motor del crecimiento está funcionando a media máquina".
"Uruguay tiene un montón de fortalezas para ofrecer a quienes deciden invertir localmente. Tenemos fortalezas institucionales, reglas de juego claras, seguridad jurídica. El país no se refunda cada cinco años, sino que tenemos políticas de Estado que se mantienen a largo plazo y eso es un diferencial positivo con respecto a nuestros vecinos. Ahora, en los diferenciales negativos que tenemos, Uruguay es consistentemente más caro, lo que implica baja rentabilidad para los proyectos que se puedan dar localmente y, al final del día, eso implica que no sea tan atractivo para invertir como otros países que tienen mayores niveles de rentabilidad, aunque también mayores niveles de riesgos asociados".
La economista apunta directamente a los costos de producción como factor estructural: "Uruguay es un país caro para vivir, y eso lo vemos los consumidores en el día a día, pero también es caro para producir. El nivel de la energía, ya sea por combustibles o por electricidad, es de los más altos de la región. Cualquiera de estos dos son costos para prácticamente todas las empresas de todos los sectores.
A su vez, la carga impositiva también está por encima del promedio de la región, aunque por debajo del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Son cosas que van sumando los costos que tienen las empresas en Uruguay, lo que reduce su rentabilidad, lo que al final del día hace que los niveles de inversión no puedan despegar, incluso cuando tenemos buenos niveles de inflación, crecimiento del salario real y empleo también relativamente de buenos niveles".
Rentabilidad baja y productividad estancada
Por su parte, el economista y gerente de Exante, Luciano Magnífico, viene midiendo el problema desde adentro de los balances empresariales y dijo: "A nuestro juicio, las decisiones de inversión del sector privado están muy asociadas a la rentabilidad que tienen estas empresas. En Exante miramos los estados financieros de unas 2.500 empresas grandes y medianas de Uruguay, y lo que observamos es que los niveles de rentabilidad son relativamente bajos".
Para Magnífico, el problema de rentabilidad va de la mano de otro que generalmente recibe menos atención y es el estancamiento de la productividad. "Reconociendo que la baja inversión es un condicionante importante que dificulta alcanzar tasas de crecimiento del PIB más altas de forma sostenida, creemos que un punto clave en la agenda del gobierno debería ser contribuir a la suba de la rentabilidad empresarial. Asociado a esto, también es necesario aumentar la productividad de la economía uruguaya. Según nuestras estimaciones, la productividad prácticamente no acumuló crecimiento en nuestro país en la última década, lo que difiere de la evolución que ha exhibido esta variable a nivel internacional", señaló.
Magnifico rechazó la idea de una reforma única que lo solucione todo: "A nuestro juicio, no existe lo que habitualmente se conoce como 'la madre de todas las reformas', sino que se debería llevar adelante una agenda que contemple varias reformas. Dentro de esa agenda deben estar los temas de continuar mejorando la inserción internacional, de modernización del marco de relaciones laborales, de cambios regulatorios que promuevan la competencia y la eficiencia, que es uno de los puntos sobre los que avanza el proyecto de ley de Competitividad recientemente presentado por el Poder Ejecutivo, de reforma educativa y de combate a la pobreza y la marginalidad. La caída de la inversión es una combinación de múltiples factores y justamente por eso no existe una sola solución. Corregir la situación de inversión y productividad implica trabajar en todos esos aspectos, porque en todos estos planos hoy existen dificultades para las empresas", concluyó.
El agro vislumbra "un mal clima de negocios"
A su turno, el presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), Rafael Ferber, sostuvo que el freno tiene un origen que va más allá de los costos estructurales: "El mayor factor acá son las señales que se dan. No solo desde Torre Ejecutiva, sino así desde integrantes del gobierno. Cuando tenés que encarar inversiones privadas cuantiosas, tenés que arrimar el hombro, pero la discusión que se te plantea desde el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) y el PIT-CNT es la reducción de la jornada laboral, el impuesto al 1% de los más ricos. Eso, evidentemente, forma un mal clima de negocios".
Sobre el costo laboral de los empresarios al momento de contratar empleados, Ferber aseguró: "Tal vez contratar un empleado no sea lo más caro; lo que es realmente caro cuando uno hace proyecciones y toma riesgos es despedirlo. Si tenés que tomar medidas de reducción porque no te salen los números como querías, despedirlo se vuelve realmente complicado. Entonces, ¿Sabés qué pasa? En toda la inversión privada de pequeñas empresas, antes de tomar a alguien lo piensan diez veces".
Sobre la reducción de la jornada laboral, Ferber es contundente: "No es ni que estemos en contra, es que es inviable. Es pretender condiciones de países de primer mundo europeos que no son posibles de trasladar a la realidad: decirle al empresariado que tiene que pagar 25% más de sueldo para que la gente trabaje seis horas, termina haciendo que tenés que buscar gente que no hay. Terminás como en situaciones como pasa en la salud, donde la gente tiene dos empleos de seis horas. Ni siquiera mejoraste las condiciones de la gente: termina haciendo multiempleo".
El dirigente rural también pone el foco en la frontera, donde la inversión privada enfrenta un problema estructural que ningún gobierno logró resolver del todo. "Entrás en un mundo de competencia con Brasil y con Argentina. En el caso de Salto y Paysandú, tenés un ida y vuelta muy grande y una informalidad muy grande, porque hay muchas cosas que se compran del otro lado que bajan el costo de vida de la gente. Uruguay, cuando es más caro que Argentina, se mete en graves problemas. Lo que terminan haciendo los gobiernos es correr la frontera con determinados costos, como puede ser los combustibles, pero la realidad es que es un tema medio insostenible", precisó.
El BCU constata caída en construcción, maquinaria y vehículos
Desde el enfoque sectorial, el informe del BCU permite precisar dónde exactamente cayó la inversión en el primer trimestre. La Formación Bruta de Capital Fijo se redujo principalmente por la menor inversión en otras construcciones, con una caída notable en proyectos de vialidad, obras portuarias y líneas de comunicación, y por la reducción en la adquisición de maquinaria importada para la industria forestal y de vehículos para transporte público. También cayó el sector agropecuario (-3,7% interanual) por la menor producción de arroz, soja y ganado vacuno, parcialmente compensada por la remisión de leche.
Los sectores que traccionaron fueron los servicios. Transporte, información y comunicaciones crecieron 2,2%, con las exportaciones de tecnología de la información como protagonistas. Los servicios financieros subieron 3,1%. El comercio creció 1,4%, impulsado en parte por las importaciones de vehículos y bienes durables, justamente el tipo de consumo que no genera capacidad productiva futura.
En ese cuadro, Eilender cierra el círculo que explica la paradoja: "Uruguay está en ese momento de plantearnos por qué se está dando esta situación. Si bien hay un montón de variables macro asociadas a la cotideaneidad de las personas que tienen buenos guarismos, no necesariamente esto se traduce en un país que es más atractivo para las inversiones". El consumo responde a los salarios y al crédito. La inversión responde a la rentabilidad y a la confianza. En Uruguay, ambas cosas siguen sin encontrar el punto de equilibrio que empuje el ratio de inversión por encima del 20% del PIB de forma sostenida, como ya sucedió entre 2008 y 2014.

