El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea abre un cupo de 180.000 toneladas de carne aviar con arancel cero, generando una ventana comercial relevante pero también un escenario desafiante para el país, que busca asegurarse un lugar en el reparto pese a no contar con antecedentes exportadores hacia ese mercado.
La industria avícola busca un lugar en el cupo que abre el acuerdo Mercosur–UE
La cuota de 180.000 toneladas sin arancel para el bloque es una oportunidad para el país, aunque se necesitará la evaluación de criterios más allá de los antecedentes.
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Se abre una gran oportunidad para el sector avícola con el acuerdo Mercosur-UE.
El nuevo cupo es un cambio muy importante ya que en sistema actual las exportaciones del bloque enfrentan aranceles que rondan entre 20% y 22%. En ese marco, la nueva cuota se dividirá en partes iguales entre productos con hueso y sin hueso, ampliando las posibilidades comerciales para la región.
Hasta ahora Brasil y Argentina concentran el flujo exportador hacia Europa, con unas 150.000 toneladas anuales, lo que les otorga una ventaja si la distribución del cupo se define en función de antecedentes. Para el país, este es un punto a revertir debido a que al no tener un papel importante en la avicultura con destino europeo, podría quedar sin participación si no se introducen criterios alternativos.
“Si se distribuye por antecedentes, Uruguay quedaría en cero”, advirtió el director ejecutivo de la Cámara Uruguaya de Procesadores Avícolas (Cupra), Federico Stanham, en declaraciones a Punto de Equilibrio. En este sentido, desde el sector plantean que la negociación contemple variables adicionales, como el potencial de desarrollo o la necesidad de diversificar la oferta exportadora dentro del bloque.
Una estrategia para aprovechar a futuro
La apuesta es lograr un espacio que permita construir una actividad exportadora "más sustentable”, sostuvo Stanham. Sin embargo, las limitaciones actuales son claras. Uruguay aún no cuenta con plantas habilitadas ni con todos los requisitos sanitarios y técnicos exigidos por el mercado, lo que impide aprovechar el cupo en el corto plazo. “Por varios años no vamos a estar exportando a Europa”, señaló. Por eso, la estrategia no apunta a exportar de inmediato, sino a garantizar una participación futura.
En ese sentido, se propone que los volúmenes no utilizados puedan ser redistribuidos temporalmente entre otros países, mientras Uruguay avanza en su proceso de adaptación. El objetivo de fondo es insertarse en un mercado que ofrece mejores precios y valora atributos como la trazabilidad y la sostenibilidad.
Además, el sector insiste en la necesidad de avanzar hacia una estrategia público-privada de largo plazo, similar a la que implementó Brasil décadas atrás, para consolidar el desarrollo de la avicultura exportadora. Así, más allá del acceso al cupo, el verdadero desafío radica en desarrollar una industria que permita el crecimiento para la avicultura nacional.


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