La pobreza en América Latina bajó al 29% de la población durante el 2022, 1,2% menos que antes del inicio de la pandemia de Covid-19, según el último informe de la Cepal. Si bien los indicadores mejoraron, todavía hay altos niveles de desigualdad en la región, mientras que en Uruguay hubo retrocesos respecto del 2019.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) publicó el informe “Panorama Social de América Latina y el Caribe 2023: la inclusión laboral como eje central para el desarrollo social inclusivo”, en el cual analiza la evolución de la pobreza, la desigualdad y los ingresos durante el 2022, en relación con el 2019, último año previo a pandemia.
Según el documento al cual accedió Ámbito, durante el año pasado el porcentaje de personas en situación de pobreza en la región bajó a 29%, mientras que la pobreza extrema disminuyó a 11,2%. Estos niveles son similares a los del 2019, lo que marca una mejora respecto del deterioro en los indicadores sociales que se experimentó durante y tras el Covid-19.
Sin embargo, y a pesar de estas leves mejoras, para el secretario ejecutivo de la Cepal, José Manuel Salazar-Xirinachs, “no hay razones para celebrar”. “Más de 180 millones de personas en nuestra región no cuentan con ingresos suficientes para cubrir sus necesidades básicas y, entre ellas, 70 millones no tienen ingresos para adquirir una canasta básica de alimentos. En total, casi un tercio de la población de la región vive en situación de pobreza, porcentaje que se eleva a 42,5% en el caso de la población infantil y adolescente, una realidad que no podemos tolerar. La incidencia de la pobreza también es más alta entre las mujeres, la población indígena y las personas que viven en zonas rurales”, señaló la máxima autoridad del organismo.
Otro punto de preocupación para la Cepal es que la creación de empleo entre 2014 y 2023 ha sido la más baja desde la década de 1950, a la par que aumentan las cifras de empleo informal: en América Latina, la mitad de la población se encuentra en la informalidad laboral.
¿Cuál es el panorama de Uruguay?
A diferencia de lo que se observa en términos generales en América Latina, Uruguay tuvo un retroceso en varios indicadores respecto de su desempeño en el 2019. Si bien esto se debe a que partía de una base de bienestar social más alta que en otros países —y que todavía mantiene en términos relativos—, lo cierto es que el país todavía tiene un camino por recorrer para recuperar los niveles prepandemia en algunos aspectos.
En ese sentido, un punto destacado en el informe de la Cepal fue el crecimiento de los ingresos laborales per cápita en los hogares de menores recursos, los cuales mostraron una mejora del 3,5% a la vez que las transferencias no contributivas tales como las ayudas del Estado se redujeron un un 1,6% y otros ingresos, en un 0,4%. En términos generales, el ingreso per cápita del trabajo creció en un 6,8%; y el ingreso per cápita del hogar mejoró un 2,8%.
Por otra parte, la economía uruguaya fue una de las que más creció en el 2022, quedando en tercer lugar en la región con un 5%, por detrás de Panamá y Colombia.
Mientras tanto, la desigualdad se incrementó el año pasado en Uruguay, y el índice de Gini —uno de los más utilizados para medir este aspecto social de la economía— aumentó un 0,8% anual, marcando el incremento más rápido en la región. De todos modos, éste se mantuvo entre los valores más bajos, en el segmento de 0,40 o menos. El quintil más pobre del país fue el que vio más disminuidos sus ingresos.
En paralelo, la pobreza extrema también aumentó respecto del 2019: en el año prepandemia era del 3%, mientras que en el 2022 se ubicó en un 4,4%. Si bien es baja en relación con los indicadores de la región, señala una desmejora en relación con los índices locales propios.
Esto sucede mientras el gobierno central redujo en un 14,7% entre el 2021 y el 2022 el gasto público social.
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