El precio internacional de la soja acumuló una caída del 5% durante las últimas dos semanas, presionado por el fuerte aumento del dólar en Brasil tras el triunfo electoral de Luiz Inácio Lula da Silva y por la evolución de los mercados agrícolas, en un escenario que genera incertidumbre para los productores de Uruguay ante el comienzo de una nueva zafra que prevé incrementar la superficie sembrada hasta 1,3 millones de hectáreas.
En la Bolsa de Chicago, la soja correspondiente a la posición julio de 2027 llegó a cotizar a 464 dólares por tonelada, aunque posteriormente recuperó parte del terreno perdido y cerró en 469 dólares. El valor quedó cuatro dólares por debajo de la referencia del viernes y alcanzó su nivel más bajo desde el 25 de agosto.
La tendencia bajista también se trasladó al mercado uruguayo, donde las referencias comerciales retrocedieron desde los 430 dólares por tonelada de la semana pasada hasta propuestas de entre 422 y 424 dólares este lunes. La corrección se produce en vísperas de una campaña que podría sumar unas 50.000 hectáreas de soja respecto a la zafra anterior.
El salto del dólar en Brasil presiona los precios internacionales
Uno de los principales factores detrás de la caída de las cotizaciones fue la reacción del mercado cambiario brasileño al resultado electoral, que provocó un incremento del 8,3% en el precio del dólar en una sola jornada, la mayor suba diaria registrada en 23 años.
La depreciación del real brasileño mejora la competitividad de los productores de Brasil en los mercados internacionales, ya que les permite obtener mayores ingresos en moneda local por sus exportaciones, lo que puede incentivar nuevas ventas y ejercer presión sobre los precios.
A este escenario se suma el avance de la cosecha de soja en Estados Unidos, que alcanzó el 79% de la superficie prevista, junto con el progreso de la siembra brasileña y la firme demanda del mercado estadounidense.
La combinación de estos factores mantiene las cotizaciones internacionales en sus niveles más bajos de los últimos dos meses, en un momento especialmente relevante para los productores uruguayos que comienzan a definir sus estrategias comerciales para la próxima campaña.
La reducción de las cotizaciones internacionales coincide con un escenario de mayores costos para los productores uruguayos, que enfrentan precios de fertilizantes superiores a los registrados un año atrás. A esto se suma la posibilidad de un nuevo incremento del precio de los combustibles en Uruguay, un factor que podría encarecer las tareas agrícolas y reducir los márgenes de rentabilidad durante la próxima campaña.
El comportamiento del petróleo también tuvo incidencia sobre los mercados agrícolas internacionales. La cotización del crudo retrocedió desde los 116 hasta los 110 dólares por barril, lo que restó soporte a los precios de la soja.
La soja lideró las exportaciones, pero acumula una caída del 32% en el año
Pese al retroceso reciente de los precios, la soja volvió a posicionarse como el principal producto exportado por Uruguay durante setiembre, con ventas por 276 millones de dólares, equivalentes al 20% del total de las colocaciones de bienes, según el último informe de Uruguay XXI.
El resultado representó un crecimiento interanual del 38%, acompañado por un incremento del 26% en el volumen comercializado, que alcanzó las 631.898 toneladas.
China se mantuvo como el principal destino del cultivo, al concentrar el 87% de las exportaciones, con compras por 240 millones de dólares y una mejora interanual del 39%. Los envíos hacia el mercado asiático se acercaron a las 555.000 toneladas, mientras que Egipto y Turquía completaron los principales destinos, con adquisiciones por 27 millones y 7 millones de dólares, respectivamente.
Sin embargo, el repunte de setiembre contrasta con el desempeño acumulado del año. Entre enero y setiembre, las exportaciones de soja totalizaron 832 millones de dólares, un 32% menos que en el mismo período de 2025, en una zafra que estuvo condicionada por la severa sequía registrada durante enero y febrero.
En este contexto, la caída de los precios internacionales representa un nuevo desafío para el sector, especialmente ante las expectativas de expansión del área cultivada y el aumento de los costos de producción.