El domingo termina con misiles de Irán en el cielo de Israel, ataques que no se sucedían desde abril y los precios del petróleo a nivel internacional ya están dando señales de subas de más del 2% en Pekín, China.
Un nuevo ataque de Irán a Israel pone en jaque las negociaciones de Washington y reaviva la crisis petrolera y también de combustibles.
La escalada entre Irán e Israel dispara el petróleo a 95 dólares en una apertura de mercados bajo máxima tensión.
El domingo termina con misiles de Irán en el cielo de Israel, ataques que no se sucedían desde abril y los precios del petróleo a nivel internacional ya están dando señales de subas de más del 2% en Pekín, China.
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El crudo Brent escaló a 95,76 dólares por barril (+2,67 dólares) y el WTI a 93,11 dólares (+2,57 dólares), en las primeras operaciones.
La señal es clara: los mercados financieros globales abren el lunes con Medio Oriente nuevamente en el centro de la escena y con una escalada que amenaza con deshacer semanas de negociaciones entre Washington y Teherán.
Israel atacó por primera vez desde el último alto el fuego los suburbios del sur de Beirut (el barrio de Dahiyeh, bastión histórico de Hezbolá) citando disparos del grupo chií como justificación y eso cruzó la línea roja que Irán había trazado explícitamente.
Pocas horas después, la Guardia Revolucionaria iraní lanzó 11 misiles contra territorio israelí, apuntando según sus propios comunicados a la base aérea de Ramat David, cerca de Nazaret. El ejército israelí confirmó el ataque y anunció que sus sistemas de defensa interceptaron todos los proyectiles. El servicio de emergencias Maguén David Adom informó que no hubo víctimas, aunque equipos de rescate inspeccionaban puntos en los Altos del Golán ante reportes de posibles impactos. Las alarmas antiaéreas sonaron durante cerca de media hora en el norte del país.
La televisión estatal iraní difundió imágenes de misiles sobrevolando la provincia de Kermanshah y de ciudadanos celebrando en las calles. El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, publicó en X las banderas de Irán y el Líbano juntas. El ministro de Seguridad Nacional israelí, Itamar Ben Gvir, respondió con una sola frase: "Teherán debería arder esta noche".
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pasaba el fin de semana en su club de golf en Bedminster, Nueva Jersey, cuando estalló la crisis. Habló por teléfono con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, durante poco menos de media hora y fue público en su posición: no quiere represalia israelí.
"Israel tuvo su ataque e Irán tuvo el suyo. No necesitamos otro", declaró Trump al medio Axios y luego fue más lejos: "Estamos muy cerca de un acuerdo final con Irán. Va a ser un buen acuerdo. No quiero que fracase por lo que está sucediendo ahora". En una entrevista pregrabada para NBC emitida este domingo para conmemorar los 100 días del conflicto, Trump usó una fórmula que resume su postura dual: "Estamos muy cerca de un acuerdo, o los voy a hacer volar por los aires".
La semana pasada, según Reuters, Trump llegó a insultar a Netanyahu con obscenidades en una llamada telefónica para que detuviera los ataques en el Líbano. Netanyahu frenó los planes de atacar Beirut, al menos hasta hoy.
El jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, encabezó una evaluación de situación con el Foro del Estado Mayor y fue categórico: las Fuerzas de Defensa de Israel "atacarán al enemigo con determinación" cuando reciban la orden. Pero aclaró que por el momento no habían recibido instrucciones de atacar Irán. Una fuente israelí anónima le dijo a Reuters que Israel sí tomaría represalias. El portavoz militar Effie Defrin afirmó que Irán cometió "un gran error" y que se estaban analizando distintos escenarios.
El escenario de fondo es también político: Netanyahu enfrenta elecciones nacionales este año y fue criticado la semana pasada por sus rivales por el nuevo alto el fuego en el Líbano. Ceder a la presión de Trump puede tener un costo electoral interno.
Teherán exige que cualquier acuerdo de paz con Estados Unidos incluya un alto el fuego que también se mantenga en el Líbano, país que Israel invadió en marzo persiguiendo a Hezbolá. Israel sostiene que el frente libanés debe tratarse por separado. Hezbolá, que no participó en las conversaciones de tregua, continúa sus ataques y afirma que no entregará armas hasta que Israel se retire del Líbano.
El jefe negociador iraní, el presidente del Parlamento, Mohammed Baqer Qalibaf, advirtió este domingo que las acciones israelíes convierten en "objetivos legítimos" a las bases y activos de Israel y Estados Unidos en la región. El viceministro de Exteriores iraní, Kazem Gharibabadi, también amenazó con represalias si Washington desvía activos iraníes congelados para reparar daños en países del Golfo causados por Irán, algo que Estados Unidos habría considerado según una fuente citada por Reuters.
Lo que hace que esta escalada sea particularmente relevante para los mercados financieros, y por ende para Uruguay, que importa combustibles y cuyos precios internacionales impactan directamente en la inflación local, es el rol del estrecho de Ormuz.
Desde el inicio de las conversaciones entre Washington y Teherán, Irán tiene bloqueada la mayor parte del tráfico marítimo por ese estrecho, la principal ruta de tránsito del petróleo de Medio Oriente. Estados Unidos mantiene su propio bloqueo a los puertos iraníes. Aunque ambas partes habían dicho estar cerca de un acuerdo preliminar para reabrir el estrecho, los eventos del domingo complican ese horizonte.
Para Uruguay, la escalada de este domingo es la continuación de una guerra que ya está en los surtidores. El conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel con Irán, desde marzo de 2026, ha presionado al alza los precios del petróleo a nivel global, con efectos en los precios internos desde abril.
El primer aumento llegó en abril, cuando el gobierno aplicó un 7% (el tope máximo habilitado por la normativa vigente), a pesar de que el Precio de Paridad de Importación (PPI) publicado ese mes arrojaba incrementos de 14% en las naftas, de casi 54% en el gasoil y de 33% en el supergás, valores que excedieron ampliamente el tope aplicado. La brecha entre el PPI y el precio real al surtidor comenzó a acumularse.
En mayo vino el segundo ajuste, con nafta +7% y gasoil +14% (este último por encima de la banda de flotación prevista). De trasladarse íntegramente el PPI informado por Ursea, el gasoil debería haber aumentado un 22% y la nafta un 6%. El gobierno absorbió parte del impacto pero no pudo evitar trasladar una porción significativa al consumidor.
El tercero llegó este lunes 1° de junio: nafta Súper 95 a 93,36 pesos por litro (+6%), gasoil 50S a 61,76 pesos (+7%), mientras el supergás se mantuvo congelado. Con este tercer aumento, Uruguay mantiene la nafta más cara de América Latina: al 1° de junio el valor fue de 2,328 dólares el litro, según datos de Global Petrol relevados por SEG Ingeniería.
El costo fiscal del esquema de amortiguación tampoco es gratis. Un informe del Centro de Estudios de Políticas Públicas calculó un sobreprecio acumulado de 116 millones de dólares desde mayo del año pasado en nafta y gasoil, aunque la brecha se redujo en el último cuatrimestre. Ancap llegó a perder más de 30 millones de dólares en abril, cuando el gobierno absorbió parte de la suba internacional.
Ahora, con el Brent superando los US$ 95 el barril tras los ataques de este domingo y la posibilidad de una escalada adicional si Israel responde militarmente a Irán, el gobierno nacional enfrenta la perspectiva de un cuarto aumento consecutivo en julio.