Moody's Ratings mantuvo la calificación crediticia de Uruguay en Baa1 con perspectiva estable, luego de una revisión periódica donde anticipó una reducción del déficit fiscal para el año próximo y valoró la situación institucional del país.
La agencia calificadora destacó la estabilidad y crecimiento, aunque advirtió por el nivel de la deuda pública.
Moody's destacó la estabilidad de Uruguay y mantuvo su nota crediticia, aunque advirtió por algunos riesgos.
Moody's Ratings mantuvo la calificación crediticia de Uruguay en Baa1 con perspectiva estable, luego de una revisión periódica donde anticipó una reducción del déficit fiscal para el año próximo y valoró la situación institucional del país.
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Al mismo tiempo, la agencia calificadora apuntó que existe “un nivel moderado de deuda pública, rigideces estructurales en el gasto público”, así como “una proporción relativamente alta, aunque en descenso” de deuda pública en moneda extranjera.
Al ponderar los factores positivos y negativos, el reporte firmado por la vicepresidenta y analista senior a cargo de la calificación uruguaya, Samar Maziad, así como por la directora general asociada, Ariane Ortiz-Bollin, concluyó que “las calificaciones, incluyendo las de emisor y de bonos sénior no garantizados, se mantienen en Baa1”, mientras apuntó que “la perspectiva estable también se mantiene”.
Al analizar las variables de la economía, Moody’s destacó que el PIB real se expandió un 3,4% interanual en el primer trimestre, “impulsado por una recuperación generalizada de la demanda interna y de sectores productivos clave”, mientras advirtió por una moderación del crecimiento al 2,8% para este año, tres décimas por debajo de 2024.
Además de valorar la reducción de las tasas de interés y el descenso de la inflación y sus expectativas, la calificadora se refirió a la revisión al alza del déficit fiscal del 3 al 4,1% del PIB y anticipó una disminución al 3,3% para 2026, “a medida que el gobierno se adapta al entorno de menor inflación, lo que conllevará una reducción del gasto debido a una menor indexación salarial y una menor masa salarial pública”.
De acuerdo al reporte, “la mejora de la trayectoria fiscal contribuirá a que la carga de la deuda se estabilice en torno al 65% en los próximos 2-3 años”. Finalmente, valoraron que la calificación Baa1 se sustenta en “instituciones sólidas que refuerzan la estabilidad política y social, un sólido crecimiento y un flujo constante de inversión extranjera directa (IED)”.
Entre las cuestiones negativas, evaluaron “un nivel moderado de deuda pública, rigideces estructurales en el gasto público y una proporción relativamente alta, aunque en descenso, de deuda pública en moneda extranjera”.
A su vez, precisaron que el puntaje de Impacto Crediticio ESG (CIS-2) refleja la exposición del país a los riesgos sociales relacionados con el envejecimiento de la población recientemente advertido por el INE, así como a los riesgos climáticos físicos, tal como ocurrió con la sequía histórica de 2022/2023.
De todos modos, consideraron que esas cuestiones están mitigadas por “una gobernanza sólida” y respaldadas por “un sólido estado de derecho y un amplio consenso social en torno a las políticas económicas”.
Desde la calificadora señalaron que la nota crediticia podría mejorar si las reformas estructurales y fiscales adicionales “resultan en una reducción significativa de la deuda y la carga de intereses”.
En esa línea, indicaron que otra posibilidad es “una mejora significativamente más pronunciada del crecimiento de lo previsto, respaldada por una mayor inversión privada durante un período prolongado, que conduzca a una mayor diversificación económica y resiliencia económica ante shocks”.
Por el contrario, podría darse una rebaja “si se erosionan las reformas a los marcos de política fiscal y monetaria, lo que generaría presiones fiscales y un aumento de la carga de la deuda”, advirtió Moody’s, quien sostuvo que la perspectiva de un retorno a tasas de crecimiento persistentemente bajas también presionaría a la baja la calificación.