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21 de abril 2025 - 13:58

Murió el Papa que sinceró el rol político de la Iglesia católica

Su pontificado fue, en muchos aspectos, disruptivo para una institución ultraconservadora, aunque sus reformas fueron moderadas.

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Francisco habló ante el Capitolio en 2015.

Agencia: EFE

El papa Francisco lideró su pontificado cumpliendo una de sus premisas favoritas para los jóvenes: “hagan ruido”. El argentino, que disfrutaba de ser llamado el Papa del fin del mundo, sacudió los cimientos de una institución ultraconservadora como la Iglesia católica con un envión reformista, el cual encontró fuertes resistencias en la Curia romana y que fue apagándose a la par de que se debilitaba su frágil salud.

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Peronista, socialista, comunista… los calificativos sobre Francisco en los primeros años de su pontificado fueron varios y todos escondieron la resistencia a cambios, en verdad moderados, que defendió el Papa, pero que fueron vistos como amenazas por el establishment del Vaticano.

El plan del argentino para la Iglesia católica se resumió en su mandamiento de abrir la Iglesia al pueblo, “sacarla a la calle”, como dijo en la catedral de Río de Janeiro en hace 12 años.

En los hechos, las proclamas del Papa que se escudaban en la defensa del carácter humanista del cristianismo, significaron admitir el rol político de la Iglesia católica en debates de trascendencia mundial e histórica.

Inmigración, pobreza, comunidad LGBTIQ+, economía del mercado y cambio climático fueron algunos debates que el sumo pontífice propuso.

Desde su encíclica Laudato Sí, donde vinculó la destrucción del ambiente con la avaricia económica, hasta sus participaciones en el foro de Davos, llamando a poner fin a “la cultura del descarte”, y pasando por la alerta de que la crisis climática “es un pecado estructural”, el papa Francisco sentó posición como líder no solo espiritual, sino político.

Entre sus líneas de acción predilectas, Francisco posicionó el acompañamiento de los migrantes como principal causa. “Una persona que piensa en construir muros, cualquier muro, y no en construir puentes, no es un cristiano. Eso no está en los evangelios”, lanzó categóricamente durante la primera campaña electoral de Donald Trump.

Viajó a Lampedusa en 2013 –primer viaje de su pontificado- en plena crisis migrante en Europa para proclamar: “¡Nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro, no tiene que ver con nosotros, no nos importa, no nos concierne!”.

Otorgó, además, a la Iglesia un rol activo en mediaciones internacionales, algunas más exitosas que otras, como la cumplida en las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos para normalizar relaciones diplomáticas tras décadas de tensión. La misma culminó con una inédita gira papal hacia los dos países en 2015.

Francisco no solo asumió un papel en la gobernanza mundial, sino que lo hizo hacia el interior de la Iglesia, con sendos cambios en normativas que permitieron transparentar su funcionamiento y que allanaron el camino para un manejo menos discrecional del poder de la institución.

Esas reformas, de menos impacto a nivel global, prepararon el camino para que la elección de su sucesor garantice la permanencia de muchos de los cambios instaurados por el Papa: una Iglesia abierta, periférica y ruidosa en los debates mundiales.

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